El área de Oncología del PTS ayuda a los pacientes a mitigar los signos externos del cáncer

Loli Asensio, enfermera jubilada y voluntaria en la Unidad de Cuidados de la Piel, asesora a Ana en una sesión de maquillaje. / Alfredo Aguilar

Ayuda a contrarrestar la pérdida del cabello, las cejas y pestañas o el enrojecimiento de la piel tras las sesiones de quimioterapia

Ángeles Peñalver
ÁNGELES PEÑALVERGRANADA

A Maravillas García, de 54 años, y a Ana María Martín, de 44 años, las distancian diez años de diferencia y las ha unido el cáncer de mama. Se conocen del hospital oncológico de día del Clínico. Allí aterrizaron a finales del 2017, cuando la enfermedad se cruzó en sus vidas. Antes recibían la quimioterapia en el centro de la capital y ahora en las nuevas instalaciones del Campus de la Salud, en la luminosa séptima planta. Aquí, miles de granadinos se dan cada año 12.000 sesiones de quimioterapia y 6.500 de radioterapia. Y lo que distingue a unos de otros, entre otras muchas cosas, es cómo afrontan la enfermedad. Maravillas y Ana la han encarado con filosofía positiva y a ello contribuye contar en la planta de oncología con una de las tres unidades de cuidado de la piel que hay en toda Andalucía.

En una diminuta habitación al lado de los sillones donde les aplican los sueros de la quimioterapia, varios espejos dan forma a una especie de camerino... aquí, los pacientes podrán formarse junto a sanitarios especializados sobre cómo contrarrestar estéticamente la pérdida del cabello, de las cejas, de las pestañas, la sequedad y rojez de la piel. Aprenderán cada quince días a maquillarse o trucos de belleza para minimizar los efectos de la toxicidad de la quimioterapia. La firma Roche Posay colabora donando algunos productos y cediendo especialistas.

Tanto Ana como Maravillas valoran positivamente este asesoramiento. La segunda, por ejemplo, lucha estos días contra una quemazón y enrojecimiento en la piel tras una sesión de quimioterapia, que, en general, no le ha provocado demasiados efectos secundarios, salvo algunas nauseas y cansancio. «He cogido 7 u 8 kilos, aunque he seguido caminando mucho por el monte. Y, la verdad, cuando te quitas la peluca, te desmaquillas las cejas y te miras al espejo dices.... '¿quién es esta?'. Pero yo realmente nunca me he venido abajo. He controlado mi cabeza y pienso que ya vendrán tiempos mejores».

Tratamientos

Maravillas, funcionaria, narra que siempre se ha sentido muy bien tratada en el Clínico. «A mí Muface me paga la mitad de la peluca y los sujetadores, el SAS no lo financia», explica. A su lado, Ana -madre de una niña de 10 años- cuenta que lleva el proceso muy bien y que lo peor fueron los dos meses transcurridos entre el diagnóstico y la cirugía de mama. «Me cuido poco, la verdad, mi piel es muy dura, aunque sí empleo algunas cremas. La alimentación es importante y ahora sí la controlo mucho, antes comía mal. En este sentido, sí me gustaría pedir que cuiden los productos alimentarios de cortesía que proveen tanto la Asociación Española contra el Cáncer como el hospital para que sean sanos». Francisco Bolívar, enfermero de oncología desde hace 30 años, lo resume así: «Son unos pacientes heroicos, tú aprendes más de ellos que ellos de ti. Son un ejemplo».

En este nuevo hospital de día del PTS los enfermos han ganado calidad asistencial, luz y espacio, y están contentos. La oncóloga Isabel Castillo, jefa de esta unidad integrada por 12 oncólogos, celebra el espacio que ha ganado el hospital de día, donde en cada jornada de 30 a 40 pacientes reciben quimioterapia intravenosa, oral y subcutánea. «Para quienes necesitan tratamientos más largos, tenemos habitaciones individuales», explica esta profesional, cuyo departamento colaborará con dermatología en breve para el mejor abordaje del aspecto estético de la enfermedad.

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