El calor sigue estrangulando a Europa: convierte ríos en pedregales, saca a relucir campanarios en los pantanos, infesta mares de medusas... Y lo que es peor, acaba con la vida de personas que por su trabajo, edad o enfermedad son especialmente sensibles a las altas temperaturas. Aunque la forma de calcular las víctimas difiere mucho de país a país, el más afectado parece de momento Holanda, donde las autoridades sanitarias calculan que sólo en la primera semana de julio podrían haberse producido 200 muertes relacionadas directa o indirectamente con el calor. La situación no alcanza aún la gravedad del verano de 2003, que batió récords en todo el continente -sólo en Francia perecieron unas 15.000 personas en agosto-. Claro que este año todavía no hemos llegado al ecuador de la estación.