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Domingo, 4 de junio de 2006
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OPINIÓN
TRIBUNA
Emigrantes delincuentes
LA historia de la humanidad se ha encontrado intrínsecamente relacionada con los grandes movimientos migratorios. Unas veces, cuando el que escribe la historia es el autor, se les ha llamado conquistas, en el caso de ser receptor de la presión migratoria, se les ha llamado invasiones. Toda Europa, ha sido escenario de sucesivas invasiones, que no son sino distintos enfoques de grandes movimientos migratorios.

Arnold J. Toynbee, en su 'Estudio de la Historia. Génesis de las Civilizaciones', nos dice que «la civilización Helénica es quizá la flor más fina de la especie que haya llegado a florecer jamás, y fue producida, en respuesta a una incitación de la Civilización Minoica, por bárbaros europeos». Por ello podemos concluir que han sido los grandes movimientos migratorios los que han hecho evolucionar la civilización humana. Es decir, la riqueza que se produce en el mestizaje, la complementariedad de enfoques que el ser humano genera frente a su medio y la solución a los problemas de su supervivencia. Israel y sus doce tribus sucumbieron a la némesis de la creatividad idolatrándose como el pueblo elegido. Atenas sucumbió a la misma némesis idolatrándose como la «educación de la Hélade». Los estados-ciudad del norte de Italia con sus triunfos renacentistas hasta el 'risorgimento' cayeron en manos transalpinas. España con su poderío comercial, intelectual y artístico cayó con los Austrias en la idolatría de creerse elegidos de Dios y responsables de la defensa de la ortodoxia. El Reino Unido dejó de ser la potencia industrial, comercial y financiera del XIX una vez que definieron su superioridad humana en base al poderío de su imperio y los EE UU acabarán por seguir la misma senda que las anteriores hegemonías entre otras razones por sentirse excluidos de la obligación del cumplimiento de las normas internacionales por su superioridad anglosajona. Lo curioso del caso es que cada civilización, al igual que la Helénica se forma en el mestizaje de la presión migratoria, igual para Atenas, que para el renacimiento italiano con los bárbaros, para España con los árabes y los pueblos latinos, para Reino Unido con los nativos de las colonias, para EE UU con las invasiones de emigrantes europeos. Sin embargo no deja de ser menos curioso que si el cenit lo constituye el mestizaje de la emigración, todos los colapsos de las civilizaciones tienen su origen en el militarismo.

Una vez que se levantan las voces de alarma en defensa de las civilizaciones del momento, atacadas por las corrientes emigrantes que hoy infiltran las fronteras a alguien sería conveniente recordar que el ser humano y la civilización no es un proyecto acabado sino en curso y que conservar la civilización del momento en un estadio congelado ha sido obra pretendida y fracasada a lo largo de la historia y que no hay fuerza capaz de frenar tal tendencia. El ser humano es esencialmente trashumante, especialmente cuando las condiciones de vida se hacen difíciles. Somos expertos en emigraciones. No es aceptable el comportamiento de norteamericanos que emigraron destruyendo, reduciendo y asesinando a los nativos de aquellas tierras para que ahora y al cabo de sólo doscientos años digan defender las fronteras de su civilización frente a los nativos históricos, pacíficos y respetuosos, pretendiendo sostenerse en el argumento que ellos no respetaron.

Demos gracias a Dios a que los emigrantes que recibimos especialmente de Europa del Este y de Latinoamérica no son seguidores de Atila, aunque las políticas estructuradoras de déficit cero y superávit presupuestario les hayan dejado el camino expedito a la comisión de cualquier delito.

Otro aspecto que me hace gracia tiene que ver con la ciencia económica. Tradicionalmente se ha definido la política monetaria como el mecanismo de control y actuación en base a las variables monetarias para mantener en equilibrio determinados parámetros que influyen en los mercados de capitales y garantizan seguridad y estabilidad a las grandes compañías de inversores y comerciantes, así como especialmente a los inversores de bolsa o como definió el Informe Radclyffe: «El estado de liquidez de toda la economía». Se controla igualmente el déficit público, la tasa de inflación, la deuda externa, el tipo de interés. Pero lo que más llama la atención es que para formar parte de los elegidos no se controla la variable 'empleo', que se deja libre para que constituya la amortiguación de los desequilibrios mediante la emigración. Lo que ocurre es que las privilegiadas cabezas ordenadoras de la economía en el 'sancta santorum' de esta ciencia pensaron que tal variable se regularía dentro de las fronteras, olvidando lo que pasa con una economía de bienestar y con el fenómeno de la mundialización, que permite el paso internacional de la información, el dinero, el turismo y mercancías y restringe la del ser humano, específicamente cuando busca los medios de su legítima subsistencia. Es claro que también pone en evidencia el fracaso humano de quienes dirigen el mundo ante la insostenible situación de millones de seres humanos condenados a la miseria y a las enfermedades sin haber sido culpables para ello, en tanto que la abundancia circula por el primer mundo malgastando y dilapidando los recursos del planeta.

Si además tenemos en cuenta que la situación de permanente crecimiento de la economía española en parte es debida a los emigrantes, ¿cómo cabría llamar a la intencionada relación emigración-delincuencia?: ¿mala fe, ignorancia, demagogia, estupidez, cinismo, maldad intrínseca, inhumana falsedad?



Vocento


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