ideal.es
Domingo, 4 de junio de 2006
 Webmail    Alertas   Envío de titulares    Página de inicio
PORTADA EL PERIÓDICO ECONOMÍA DEPORTES OCIO CLASIFICADOS SERVICIOS CENTRO COMERCIAL PORTALES


OPINIÓN
PUERTA REAL
Espejos de feria
Imprimir noticiaImprimirEnviar noticiaEnviar

Publicidad

LA ola de la muerte de Rocío Jurado ha borrado de las playas de la actualidad el debate sobre el estado de la nación, esa rutina aburrida con la que los diputados justifican parte de su sueldo y función a base de aplausos, pataleos, gritos y broncas. El Congreso se divierte, los periodistas encargados de cubrir esa información se sobreexcitan, los tertulianos radiofónicos analizan frases y gestos de los portavoces parlamentarios y el pueblo llano se engancha a 'Aquí no hay quien viva' o a los últimos sorbetes rosas sobre el entierro de la cantante de Chipiona, sorteando olímpicamente las declaraciones de sus próceres.

No es de extrañar que el pueblo pase de sus políticos, que en su programa llevan escrito, en la letra pequeña, que las promesas se hacen para no cumplirlas, como reconoció Tierno Galván. Y esto, al principio, puede resultar gracioso, pero a la larga lleva al divorcio entre representantes y representados y así no hay manera de avanzar.

Ahora nos encontramos con dos ejemplos de esta pillería política: el asunto de la retransmisión del Mundial de Fútbol y la bofetada del TSJA a Chaves por no contestar una carta.

En lo del Mundial, todo estaba ya cantado desde que La Sexta, recién nacida, compró los derechos; no tenía posibilidad de cubrir todo el territorio y lo único que buscaba era un hueco en la parrilla, como ahora se ha demostrado, mientras el PSOE se olvida de aquellas protestas tan sonadas sobre el fútbol y el interés general.

Por lo que respecta al presidente de la Junta, resulta que el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía le ha condenado por vulnerar un derecho fundamental al no contestar en el plazo legal a un escrito que le había dirigido la plataforma ciudadana 'Hasta aquí hemos llegado', en el que pedían a Chaves que rectificara unas declaraciones de la consejera de Gobernación y de la delegada de la Junta en Granada sobre el botellón y el choque del derecho a la diversión con el derecho al descanso. El presidente puede ahora interponer recurso, pero a mí me parece que antes debería contestar, y no sólo porque así lo pide el tribunal y porque así lo fija la Constitución, sino por algo más elemental, por un deber de cortesía, del que tan falticos andamos.

Uno comprende el estrés que haya producido en todo el gobierno andaluz la gestación y parto del Estatuto, incluida la realidad nacional, pero eso no quita para que alguien hubiese quedado liberado a fin de atender el correo; que no se trataba más que de eso: escribir una carta, pasarla a la firma y echarla al buzón, que tampoco es tan difícil.

Con este ninguneo al pueblo soberano, en lo del Mundial, en lo de la respuesta a los vecinos de Granada y en tantas cosas más que a diario nos sorprenden, no les debe extrañar a nuestros mandatarios que su figura vaya deteriorándose a pasos agigantados y que la gente prefiera ver un entierro antes que un debate. Y eso no es bueno para la salud democrática. Pero la solución no está en nuestro tejado, en el de los vecinos del común, sino en el suyo, en el tejado de los que ocupan las poltronas y los escaños. Por el camino que vamos, podemos meternos en el Callejón del Gato, aquel en el que en el viejo Madrid valleinclanesco estaban los espejos que deforman la realidad. Esos espejos son buenos ahora que llega el Corpus para montar una caseta de feria, pero no para que nos obliguen a ver las cosas como no son.



Vocento


[an error occurred while processing this directive]