ESTE año no harán falta mangueras de goma para retirar el polvo de los tablaos. En esta Feria, el albero pegajoso y borrachín saltará de las tablas impulsado por el 'taca-taca-tá' de los tacones. Los caseteros vuelven y no lo hacen con la frente marchita. Van a 'quemar' el ferial y no les importa que les acusen, bromeando, de pirómanos. «Tenemos mucho mono de feria. El año pasado fuimos los únicos que pagamos el pato», explica uno de los feriantes, que ya cuenta los días para que se instalen en Almanjáyar esas tiendas donde lo pasan como los indios.
Fue un plantón. Una huida. Un exilio o una «huelga», como lo llaman ellos. Los caseteros colgaron el año pasado las sartenes y los trajes de volantes y huyeron «porque la feria no estaba en condiciones». Ahora, regresan contentos. No son rencorosos y han logrado las mejorías que pedían al Ayuntamiento. Sólo piensan en el presente y en disfrutar con los amigos.
Algunos fueron a París y otros a cortijos que alquilaron para comer y bailar. Ahora tienen lo que querían. No se marchan de Almanjáyar; las ganas de Feria les estallan en las manos. Cuenta Eduardo Torres, el presidente de los caseteros, que el Ayuntamiento «ha solventado parte de los problemas, salvo el traslado del ferial, pero ahora eso no nos importa, no tenemos inconveniente, que se decida cuando se tenga que decidir; nos gusta donde estamos».
Sus logros
Torres está así de contento porque además de que la puerta del ferial se encenderá en pocos días, el Ayuntamiento ha mejorado la iluminación, los darros y las acometidas de agua, el albero de algunas calles y ha separado las casetas 'disco' de las tradicionales. «Que estuvieran juntas era una monstruosidad», se lamenta el presidente de 'Los que faltaban'.
Todos a los que les gusta que el vino les enfríe la garganta cuando las casetas se convierten en invernaderos están deseando que llegue la semana en la que conviertan sus casas en ciudades dormitorio y la vida les trascurra en un par de módulos de Almanjáyar. «Va a ser una de las mejores, seguro. Llevamos un año guardando la ilusión, queremos compartir ya estos días de diversión», confiesa emocionado Eduardo.
Los caseteros ya están estirando sus lonas y sacando los farolillos de unas cajas de cartón. Algunos están algo molestos porque les han cambiado de sitio. El año de ausencia les hizo perder el privilegio de conservar su puesto de toda la vida. Por lo demás, todo son buenas vibraciones y espléndidos augurios.
Miguel Ángel Fernández, presidente de 'Llena que nos vamos', una de las casetas trasladadas, tiene alguna queja. «Se nos prometieron muchas cosas y no se han cumplido tantas. Seguimos siendo los últimos de Andalucía, pero bueno será que a nuestro alcalde no le gusta mucho la Feria», bromea y refunfuña este casetero.
Degustaciones
En esta edición hay una sabrosísima moda que hará olvidar a los caseteros que el año pasado no bailaron ni una sola sevillana con sus compadres. «Se están perdiendo los concursos porque son complejos de organizar. Ahora triunfan las degustaciones», anuncia Eduardo Torres, que ya se relame.
Desde las cocinas portátiles de las casetas saldrán volando platillos de caviar de monte, ancas de marrano, arroz con bogavante, salmorejo, sangre 'encebollá' y callos con garbanzos, entre otras delicias culinarias.
«La Feria es un bendito veneno que Dios da a unos pocos», expone Francisco José Sánchez, presidente de 'Los que faltaban', repitiendo las palabras del fundador de 'Viva la Pepa'. Torres, con este aire poético y sincero que tienen los caseteros, explica que para él es como «montar una casa para recibir a los amigos, para invitar, para exaltar la fraternidad». Aún así se nota que faltan palabras cuando inquilinos de un trocito de Almanjáyar tratan de explicar a qué sabe el sudor en sus casetas.
Pero los caseteros que son tan reflexivos como vividores del presente, tiemblan ante una amenaza que les asalta. «Me temo que no tendremos relevo generacional, a nuestros hijos no les gusta la Feria y sería una pena verla desaparecer», Francisco José se lamenta porque, seguramente, los mejores días de su vida los ha pasado sentado en una silla de anea junto a colegas del alma.
Los caseteros se atan ahora los pies para no comenzar a bailar antes de tiempo. Deben guardar energía para no desperdiciar ni un segundo de esta Feria. Vuelven para entregar bajo las lonas toda su gracia. Bienvenidos sean.