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Domingo, 4 de junio de 2006
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COSTA
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La zafra definitiva
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EN estos últimos días de la zafra (recolecta de la caña de azúcar), los abuelos de la Costa suelen acercarse hasta la población salobreñera de La Caleta para respirar por última vez los aromas que desprende la fábrica azucarera -unos olores tan dulces e intensos que más que envolver, colocan- y escuchar el chucuchú de la maquinaria de vapor. Entre los muros de esa fábrica, que es parte de sus vidas, vuelven a ser niños. Y es que desde que la Azucarera del Guadalfeo, la única fábrica de azúcar de caña de toda Europa, anunció que cerrará definitivamente en junio, cuando concluya la zafra de 2006 sus instalaciones se han convertido en un hervidero de visitantes, periodistas y vecinos nostálgicos que quieren guardarse para siempre los últimos aromas del azúcar de la Costa Tropical.

La última fábrica de azúcar de caña de Europa cierra sus puertas después de 145 zafras y con ella no sólo muere un cultivo milenario y único, también una seña de identidad y una parte fundamental de la historia de esta tierra. La Costa Tropical se queda sin su azúcar, y muchos no se hacen a la idea de unas vegas huérfanas de caña... ¿Quien imagina Jaén sin olivos o La Mancha sin molinos?

Pero el cierre de la Azucarera responde a la realidad, triste para muchos, de una comarca que antes vivía del azúcar y ahora depende del ladrillo. La agonía ha sido lenta y la amenaza de la desaparición del cultivo era cada vez más latente. La muerte estaba anunciada,... pero esta vez es la definitiva. Unos planes de urbanismo que han dejado las vegas sin caña que cultivar y la puntilla de la reforma de la OCM del azúcar, que reduce los cupos y hace que el cultivo no sea rentable, han abocado a este cultivo milenario a su desaparición.

«Siempre teníamos la incertidumbre, no sabíamos cuando llegaría el fin definitivo pero sabíamos que estaba cerca, dependía de los agricultores... Ahora con mínimos históricos de producción y una bajada del 40% de los precios del azúcar, hemos dicho hasta aquí», explica Joaquín Martín Montero, el propietario de la última Azucarera de Europa.

Los últimos días de la última zafra de la historia se viven con nostalgia y tristeza en una fábrica donde hasta el último rincón tiene historia y hasta la última pieza es digna de integrar la colección de un museo. Como la histórica chimenea industrial, que aún conserva la muestra del cañonazo que le lanzó durante la Guerra Civil el crucero Baleares. Murieron obreros aplastados por los ladrillos, pero ni el horror de la Guerra consiguió parar la fábrica salobreñera.

Alegría en la despedida

Ahora en la despedida, los propietarios de la Azucarera, la familia Martín , prefiere cambiar la tristeza por la alegría de pensar en todos los años que han podido resistir y mantener vivo un cultivo que agonizaba.

La Azucarera fue a principios del siglo XIX la industria más fructífera de la provincia de Granada y a su calor nacieron en Motril fábricas como La Celulosa y pueblos enteros, como La Caleta. La familia Martín se hizo cargo de la fábrica en 1976, junto a las González Carrascosa, agricultores de Motril, Claudio Álvarez y los Garnica de Granada. Entonces tenía 150 trabajadores. En la época en la que también molía remolacha llegaron a trabajar en la Azucarera 200 personas. Hoy quedan 80.

En 1998, se alcanzó la cifra récord de molturación de caña: 115.000 toneladas. Este fue el principio del fin del cultivo. Este último año se molturarán 35.000 toneladas de caña y se producirán 3.000 toneladas de azúcar que solo alcanzarán para abastecer el mercado regional. La responsabilidad de ser la última, el peso de saber que cuando ellos cerraran las puertas se moriría la caña ha pesado y mucho en la Azucarera , según explica su gerente. Un peso que soportan desde el año 94, cuando cerró la penúltima fábrica, Hispania de Málaga. «Ellos tenían más vocación de irse y nosotros nos quedamos resistiendo, de valientes. La caída ha sido lenta pero continua», valora el responsable de la fábrica. La histórica industria ha dado muchos beneficios y momentos de auge a esta familia, que también ha atravesado momentos difíciles como los de la inflación galopante de los primeros años de la Democracia o los años de durísima competencia y lucha por la caña en la comarca. «Es inevitable la tristeza, pero también satisfacción de haber llegado hasta aquí sin tener problemas económicos», añade Joaquín Martín.

«La cuarta que cierro»

Durante los meses que dura la zafra, la fábrica trabaja molturando la caña de Motril, Salobreña y Málaga durante 24 horas al día, si parar. «Como todos los negocios que coge nuestro jefe», bromea el jefe de la Fábrica desde 2002, Antonio Rodríguez. «Ésta es la cuarta fábrica que cierro, soy ya insensible», asegura el director de la fábrica cuando se le pregunta si le da pena la inminente despedida. Sin embargo la pasión con la que habla de su trabajo delata cuánto lo va a echar de menos. Y es que los trabajadores de la fábrica, como los propios vecinos de Salobreña, tienen una relación más que especial con la Azucarera. Por ejemplo, Alexandra, que en estos días se encarga de atender amablemente a los que se interesan por el cierre, recuerda cómo de pequeña venía con el colegio de excursión a conocer las instalaciones donde hoy trabaja.

En la Azucarera del Guadalfeo hay generaciones enteras que han desarrollado los mismos puestos. Familias de azucareros. Como Pepe, el químico de la fábrica, hijo del anterior químico o Pepe Borrel, hijo de otro trabajador, que recuerda la antigua unión entre los empleados: «Se ayudaban a hacer casas unos a otros, nacieron barrios enteros al calor de la industria azucarera». «Mi hermano estaba haciendo ramona, mi padre lo pilló un día y lo mandó a la fábrica», recuerda entre divertido y nostálgico.

La azucarera del Guadalfeo ha sido siempre puntera en investigación y sistemas de calidad. Los trabajadores presumen de que su empresa siempre la la más grande y la más innovadora del mundo del azúcar. «En 1929 se compró un molino que costó 500.000 pesetas. El propietario de entonces, Agrela, creía que había arruinado a la fábrica», explica el jefe de la fábrica. Pero estaba muy equivocado. El resto de la máquina industrial, que aún funciona como un reloj, es de las décadas de los 40 y 60. Hoy es Pepe Salado, el primer mecánico, el que se encarga de conservar estas máquinas, «que funcionan perfectamente».

A partir de este mes de junio, el azúcar de caña de Salobreña ya solo se podrá encontrar en las cajas de Membrillos El Quijote, la miel Nuestra Señora del Carmen o los polvorones de Estepa.



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