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Domingo, 4 de junio de 2006
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MUNDO
 Actualizado: 2.47 a.m.
 
 
EDICIÓN IMPRESA
 
No importa dónde se produzca, siempre parece la imagen de unos tiburones acudiendo voraces a la carroña. La supervivencia en Latinoamérica es un milagro, el progreso una ensoñación de patera. En las elecciones peruanas tiene uno la sensación de que todos tiran de los extremos, mientras los de dentro discuten. A Chávez le han faltado epítetos contra García, al que ha tachado de ladrón, cómplice del imperialismo... Incluso asegurado que si gana rompe sus relaciones con Perú. Todo ello en el mayor espíritu de respeto a las reglas del juego democrático. Desasnar a cierta clase política debería ser una terapia previa a cualquier asomo de proyecto común de los pueblos iberoamericanos. La libertad es predemocrática, de Asterix y Obelix y los problemas se resuelven a puñetazos, con una poción mágica que les pone. Podría decirse que guardan escrupulosamente las reglas electorales, aunque sobre el escenario más parece que lo que realmente rige son las reglas del marques de Queensbury, padre del boxeo.
 
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