Janeth trabajaba en Colombia como decoradora de interiores. Tenía una bonita casa, coche y un empleo que le gustaba. Ahora es empleada de hogar y vive en un piso de alquiler en Granada, pero no se arrepiente de nada de lo que ha hecho en estos tres últimos años. Janeth es una de las siete mil personas que pudo regularizar su situación hace un año en el gran proceso de normalización impulsado por el Gobierno y ahora ha podido renovar su permiso de residencia sin problemas. Esta mujer colombiana representa el lado amable de aquel proceso. Gracias a aquellos 'papeles' dejó en el olvido su dura llegada a España, cuando descubrió que el contrato del que le había hablado un familiar nunca llegó a existir. Pero sobre todo, son ya casi un recuerdo los días de angustia que la situación política les había provocado y de inseguridad por los efectos de la guerrilla. «Antes tenía que llevar y traer al niño del colegio y estar siempre pendiente», explica la mujer, que ahora vive de forma más humilde pero también más tranquila.
«Me he dado cuenta de que las cosas materiales no sirven de nada», dice Janeth, que sólo tiene buenas palabras de la familia con la que trabaja cuidando a su niña. Su marido también ha tenido suerte y se acogió al proceso hace un año.
Caso a caso
Desde las ONG's coinciden en resaltar la normalidad con la que se está llevando a cabo la renovación de aquellos permisos. Pilar Rondón, letrada de Granada Acoge, explica que se está usando un sistema muy sencillo. «Les envían un borrador y si está todo igual, les renuevan los permisos», explica. Para los que han sufrido algún cambio de actividad, también están siendo flexibles, y estudian caso a caso.
Por todo ello, de momento no se están encontrando problemas en la renovación, pero sigue habiendo problemas que es necesario arreglar. Por ejemplo, la situación de todos los inmigrantes que no pudieron acogerse a aquel proceso. Muchos de ellos no habían solicitado tarjeta sanitaria ni se habían empadronado por miedo a ser expulsados del país.
Este el caso de Avelina, de origen boliviano. Ella presentó los papeles para la regularización a finales del proceso del año pasado, pero su solicitud no prosperó. Después de aquello Avelina se quedó en esa 'tierra de nadie' en la que están otros muchos inmigrantes que no lograron 'los papeles' que les harían un poco más fácil la vida. A este grupo ni los expulsan ni les 'arreglan' la documentación.
Avelina ha seguido adelante, se quedó embarazada y se casó en febrero. Pero su marido tampoco tiene la documentación en regla, «lleva más de un año trabajando en la obra sin contrato». El hijo de ambos, sin embargo, sí tiene la nacionalidad española, por haber nacido en Granada. Pero a ellos dos sólo les queda la opción de volver a su país para retornar con una oferta de trabajo. «El viaje cuesta novecientos euros y yo ya estoy ahorrando», afirma Avelina, sin mucho convencimiento. «Soy peluquera pero tengo que conseguir trabajo a escondidas», explica, aunque la opción de volver a Bolivia tampoco parece demasiado realista. De momento, ella y su marido, como otros miles de inmigrantes, se ganan la vida como pueden.
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