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Miércoles, 17 de mayo de 2006
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OPINIÓN
TRIBUNAABIERTA
Los derechos humanos y los derechos de los simios
HACE unos días, el grupo parlamentario socialista presentó en el Congreso una proposición no de ley para la adhesión de España a un programa internacional llamado Proyecto Gran Simio, cuyo objetivo es proteger a los grandes simios (gorilas, chimpancés, bonobos y orangutanes) frente a la esclavitud, la muerte y la extinción, otorgándoles la misma protección moral y legal que la que gozan actualmente los seres humanos. En palabras del diputado Francisco Garrido que presentó la proposición, si ésta se aprueba el Gobierno se comprometerá a proteger el hábitat de estos animales, a eliminar su maltrato y a prohibir su utilización en investigación, reconociendo un principio de autonomía derivado de la similitud genética y etiológica con la especie humana. Este proyecto pretende crear una «comunidad de iguales» que incluya a los seres humanos y a estos animales, en base a que se transmiten el conocimiento, tienen vida social y fabrican instrumentos, lo cual les hace parientes muy próximos a los humanos. Aunque en la proposición no de ley no se cita la expresión «derechos humanos», sus defensores han hablado reiteradamente de dotar a estos animales «de tres derechos de las personas».

El Proyecto Gran Simio está presidido e impulsado por el bioético australiano Peter Singer, principal representante del utilitarismo, una corriente bioética que tiende, entre otras cosas, a desdibujar el umbral que separa a las personas de los animales. Para los seguidores de esta corriente utilitarista se podría justificar la investigación con embriones humanos, la eutanasia y la eugenesia, además de la implantación de un rígido control demográfico, basándose en su utilidad práctica. Son clásicas las siguientes frases de Singer que ponen de manifiesto su pensamiento: «es más valioso un cerdo adulto que un bebé humano» o «en un incendio, salvaría antes a un ratón que a un hombre con un daño cerebral irreversible». Las tesis de Singer se hicieron famosas porque sostienen que hay una diferencia radical entre hombre y persona. Para este autor, no todo hombre es persona y, por lo tanto, sólo las personas (y no todos los seres humanos) son sujeto de derechos y merecen protección y respeto. Según Singer, para que ocurra la condición de persona se requieren algunas cualidades como la racionalidad, la memoria, la capacidad de expresar intereses, etc. De acuerdo con esta tesis, los recién nacidos deficientes, los enfermos fuertemente discapacitados (enfermos de Alzheimer por ejemplo) o los que se encuentran en coma no son personas y, por lo tanto, pueden ser suprimidos o marginados sin que ello suponga un desprecio a una dignidad que no tienen. En una de sus obras traducidas al español, Singer no llama a sacralizar la vida de los animales, ni siquiera la de los grandes simios, sino a desacralizar la vida humana. Con otras palabras, no se trata de proteger a los grandes simios como animales especialmente amenazados, sino de reconocer su igualdad con los seres humanos, como parte de esa nueva «comunidad de iguales» que pretender instaurar. No estamos en contra de la defensa de estas especies animales frente a su desaparición, de prohibir su tortura, muerte o maltrato, etc., pero creemos que al equipararlos a los seres humanos se está traspasando un abismo deshumanizante.

Uno de los datos que manejan en apoyo de su tesis es la analogía entre el genoma humano y el de estos animales. En efecto, los estudios en genómica comparada han demostrado que el genoma humano es semejante en un 99.4% al de los grandes simios. Pero de todos es sabido que esa pequeña diferencia cuantitativa es enormemente importante por sus consecuencias.

Curiosamente, a los pocos días de la presentación de la proposición no de ley anterior, el Congreso ha aprobado la nueva Ley de Reproducción Asistida sin admitir las modificaciones propuestas por el PP y aprobadas en el Senado gracias a la ausencia de numerosos senadores del PSOE mientras se televisaba el partido de fútbol entre el Barcelona y el Milán. Uno de los puntos de la nueva ley permitirá la utilización de embriones humanos para fines de investigación, cuando se obtengan más de los que vayan a ser implantados.

Ante estos hechos nos podríamos preguntar: ¿cómo se puede prohibir la investigación con animales en base a que tienen un 99.4% de similitud genética con la especie humana y se puede permitir la investigación con embriones humanos que tienen un 100% de genoma humano? El Presidente del Proyecto Gran Simio en España dijo textualmente: «le duela a quien le duela, los seres humanos somos grandes simios». Por lo visto, los embriones humanos no llegan a la categoría de grandes simios.



Vocento


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