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Domingo, 7 de mayo de 2006
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LOCAL
GRANADA
«Me torturaron 17 días, me pusieron negro y no podía contener el quejío»
«Un teniente de la Policía pidió más munición para seguir disparando en una manifestación» «La memoria histórica debe recuperarse, pero sin revanchismo» «Mucha gente entra a los partidos para encontrar un medio de vida»
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La memoria suele inaugurarse con un recuerdo caprichoso, impulsado por el mero azar: el tacto suave de las manos de una niñera, el olor entrañable de un guiso antiguo o el llanto de un familiar ante un hecho luctuoso. El primer recuerdo vital de Francisco Portillo Villena (Moraleda de Zafayona, 1930), tuvo la misteriosa virtud de lo premonitorio. «Una huelga de campesinos en 1935 es lo primero que recuerdo», confiesa este entrañable político 'de los de antes', incansable luchador por la democracia y memoria viva de la transición en Granada. Hijo de un socialista y una comunista, el que fuera secretario provincial del PCE en la clandestinidad piensa que valió la pena el sacrificio, rememora con dolor su paso por la cárcel y cree que Zapatero está dando pasos en la buena dirección.

-Usted está en la historia como el secretario general que levantó el PCE en Granada en plena dictadura. ¿Cómo vivían esa clandestinidad?

-El partido estaba en un momento muy difícil pues justo antes hubo muchas detenciones. En Maracena, Peligros o Albolote hubo tal represión que la gente tuvo constancia del verdadero peligro que corría si se acercaba a nosotros. Yo volví de Francia, conocí a algunos que habían salido de la cárcel y empezamos a reconstruir el partido poco a poco, sobre todo desde que volví definitivamente a España pocos años después.

-¿Qué recuerda de la legalización del PCE?

-No se me olvidará nunca la entrega de los carnés del Partido Comunista en la facultad de Ciencias y no cabía un alfiler. Nosotros habíamos organizado una pequeña sede en la calle Mesones, cerca de la plaza de la Trinidad, bajo el nombre de Gabinete de Estudios Socioeconómicos, pero que en verdad era la sede del PCE. Nadie podía imaginarse que aquello encubría la sede de un partido comunista. Cuando nos comunicaron la decisión oficial desde Madrid pusimos un letrero en la fachada y la propia Policía indagó si aquello era legal o no. Fíjate si fue una sorpresa que mucha gente leyó la noticia en IDEAL y se fueron para la calle Mesones a ver si era verdad que había una placa del PCE.

-Dicen que la huelga de julio del 70 en la que murieron tres obreros abrió el melón franquista, ¿comparte esa idea?

-No sé lo que abrió, pero aquello fue muy fuerte. Morir en una huelga, aunque no estuviera legalizada, es muy duro. La Policía actuó sin piedad ninguna.

-¿Cómo no se vinieron abajo entonces?

-Al contrario, era un camino sin vuelta atrás. La huelga fue en julio y en agosto nosotros sacamos una revista a la que llamamos 'Nuestra lucha', que tuvo mucho impacto. La propia dirección del partido se sorprendió de nuestra capacidad de maniobra. En la revista denunciamos que un teniente de la Policía, el teniente Núñez, después de gastar su munición le pidió la suya a otros agentes para seguir disparando.

-¿Cuáles eran los sectores más comprometidos?

-La participación de los estudiantes fue fundamental en aquella época. En Medicina se organizaron charlas sobre el mundo obrero y la reforma agraria, y fueron muy seguidas, hasta el punto que servían para que los obreros se reunieran. Recuerdo a Ramón Tamames hablar de que la tierra es para el que la trabaja, y de contestar la gente que la fábrica también, y todo eso rodeados de policías. La revista esa de 'Nuestra lucha' salió gracias a que un obrero y un estudiante se llevaron la multicopista jugándose el pellejo.

-Siempre se ha hablado de que usted y otros políticos 'hicieron' la transición en Granada, ¿a quién recuerda?

-Fue mucha gente. La primera reunión de la Junta Democrática se celebró en la iglesia de San Isidro y participó gente de la HOAC, Torres Vela y Díaz Sol, del PSOE, Jiménez Blanco, Antonio Iglesias. Hubo gente de todos los bandos y las reuniones siempre se celebraban en las iglesias.

-El modelo soviético fracasó, ¿qué sentido tiene el comunismo ahora como opción más allá de la utopía?

-La Unión Soviética se hundió por los problemas internos del partido, por las actitudes sectarias y los personalismos, pero está claro que los intereses de los trabajadores siempre deben defenderlos partidos de izquierda, ya sean socialistas o comunistas.

-¿Por qué hay siempre tanta convulsión interna en la izquierda, tanta desunión en una ideología que postula ese valor como el primero de todos?

-Esa desunión es el verdadero problema de la izquierda, pero antes después o después tendrá que desaparecer. La baza de la derecha es precisamente ésa y muchos votantes potenciales de la izquierda se quedan en casa por no apreciar un discurso homogéneo. La solución es conjugar todas las sensibilidades, pero en un mismo frente. Los antisocialistas del PCE son menos comunistas, y viceversa. Somos una familia.

-Destacados militantes del PCE acabaron militando en el PSOE, desde el mismísimo Santiago Carrillo hasta el propio subdelegado del Gobierno, Antonio Cruz, ¿qué tiene el PSOE que es tan tentador?

-El PSOE tiene de tentador que mucha gente entra a los partidos llevada no sólo por aportar ideas y trabajo, sino mirando al futuro personal como medio de vida.

-¿Le tentó alguna vez?

-Nunca.

-¿Por qué desapareció de la escena política?

-La dirección del partido de Granada se opuso a la entrada en Izquierda Unida y eso significó el fin de muchos militantes. Fue entonces cuando abandoné el partido y más o menos me retiré de la política activa.

-Hace poco apedrearon una sede socialista en la calle Recogidas, ¿teme el florecimiento de un ultraderechismo en Granada como al principio del posfranquismo?

-En aquellos tiempos conocíamos de la existencia de grupos ultras, pero no consiguieron nada afortunadamente. Tampoco lo harán ahora.

-¿Cómo se recupera la memoria histórica sin que parezca un ajuste de cuentas a destiempo?

-Si no queremos caer en los mismos errores tenemos que saber qué pasó, pero sin revanchismo. Todos sabemos que en las guerras se cometen barbaridades, en todos los bandos, pero cuanta más claridad haya mejor.

-Esa memoria histórica no es sólo desenterrar muertos, ¿hay muchos vivos de entonces olvidados?

-La recuperación de la memoria no debe centrarse sólo en la guerra, también ha de alcanzar a la Transición, en la que muchas figuras quedaron olvidadas.

-¿Qué recuerda de su paso por la cárcel?

-Nuestra satisfacción era que aunque casi todo el comité provincial estaba detenido, el partido seguía funcionando fuera. La revista siguió saliendo, se incorporaron más camaradas y ése era nuestro consuelo.

-¿Lo torturaron?

-Sí (el gesto, risueño hasta entonces, se ensombrece de golpe). Me detuvieron un 24 de diciembre y estuve 37 días. Me torturaron durante 17 días sin parar y luego me dejaron otros 20 para que se me curaran los hematomas. Tenía el cuerpo negro y no era capaz de contener el quejío. Se ponían uno a cada lado a darme palos, me daban patadas en el suelo los detenidos más jóvenes se descomponían y se hacían sus necesidades encima.

-¿Qué es la libertad?

-Que la gente se exprese libremente. Si no hay libertad la persona deja de serlo.

-¿Qué le sugiere la palabra 'camarada'?

-Lo mejor en todos esos años de lucha.



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