El chico -un alumno de segundo de ESO de un centro escolar de la capital- vomitaba constantemente. Sus padres le llevan al médico. Diagnóstico: una gastroenteritis. Cuando la enfermedad parece amainar, vuelve al instituto. Al poco tiempo, el muchacho empeora de nuevo. Su familia ya sospecha que su mal no es físico. El chico tenía miedo y no quería ir a clase. Un compañero le acosaba desde hacía tres meses: unos días le pedía dinero, al siguiente, le quitaba un juego para la 'play' o una carpeta... No era el único afectado: al menos había otro. El acosador -que actuaba junto a otro menor de 14 años; es decir, que ni siquiera tenía edad para ser procesado- trataba a las víctimas de manera «intimidatoria» y «humillante». Además les exigía silencio, el caldo de cultivo ideal para el 'bullying'. Si contaban a alguien lo que estaba pasando, se iban a arrepentir. La ansiedad se estaba apoderando de los jóvenes. Ir al instituto se convirtió en un suplicio.
Finalmente, el caso estalló y las familias de los perjudicados denunciaron los hechos ante la Fiscalía de Menores -por su parte, el centro en cuestión ya había adoptado medidas para intentar atajar el problema-.
Primera condena
El Ministerio Público entendió que el acusado había cometido un delito contra la integridad moral (violencia habitual, psicológica o física, en el ámbito de las relaciones familiares y similares) y solicitó que fuese 'condenado' a someterse a terapia para modificar su conducta y a dedicar 150 horas de su vida a realizar una labor social -colaborar con una ONG, por ejemplo-. El imputado, en un gesto que evidentemente le honra, admitió los cargos y aceptó el castigo sin necesidad de que se celebrase el juicio -lo que le supuso una rebaja de cincuenta horas en el servicio en beneficio de la comunidad-.
Según fuentes judiciales, es la primera vez que un tribunal de Menores de Granada sanciona un caso de 'bullying'. En otras ocasiones, han visto asuntos similares pero que habían sido catalogados como amenazas, coacciones o lesiones... En esta ocasión, era claramente acoso escolar.
Denuncias
En 2005 -según la información que maneja la Fiscalía-, las fiscales encargadas de luchar contra la delincuencia juvenil e infantil abrieron 800 expedientes de todo tipo. Cerca de un 10% de esos casos estaban relacionados con acoso escolar, un porcentaje que duplica al que existía cuando el drama de 'bullying' estaba oculto, cuando nadie había oído hablar de un niño vasco llamado Jokin, un chico de 14 años que se quitó la vida -en septiembre de 2004- después de ser asediado por un grupo de compañeros de clase.
Siete menores fueron condenados por unos hechos que causaron un encendido y amplio debate social.
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