Rusia, Ucrania y Bielorrusia, los tres países más afectados por el escape nuclear de Chernobil, formaban parte del mismo Estado hace 20 años, cuando se produjo el accidente. Las tragedias suelen unir a los pueblos, pero también los pueden separar. El vigésimo aniversario de la mayor catástrofe de la historia de la industria nuclear civil se celebró ayer de forma muy distinta en esas tres antiguas repúblicas soviéticas. En Ucrania lloraron a las víctimas bajo el signo de la esperanza. En Rusia las autoridades pasaron casi de puntillas ante el aniversario mientras la oposición protestaba por el olvido que sufren los afectados y los planes de construir más centrales. En Bielorrusia, Alexánder Lukashenko se empleaba a fondo contra quienes se resisten a aceptar sus planes de repoblación de las zonas contaminadas por la radiación.
Coincidiendo con la hora en la que hizo explosión el reactor numero 4 de la planta (01 horas y 24 minutos), en Slavútich, localidad situada a medio centenar de kilómetros del lugar de la catástrofe, tenía lugar un emotivo acto religioso. Veinte campanadas y una sirena recordaron el momento exacto en el que la cubierta del reactor saltó por los aires. Fallecieron 200.000 personas.