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Jueves, 27 de abril de 2006
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OPINIÓN
TRIBUNA
A vueltas con la educación
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CASO real. Escucho el comentario en la sala de espera del odontólogo: «Soy profesora de Secundaria. Hace una semana que estoy de baja médica por enfermedad, y mi parte médico especifica bien que el periodo en que iba a ausentarme de mi trabajo era mínimo de 15 días... Algo que, especialmente por mis compañeros y por mi alumnado, me alegró, ya que eso solía significar, automáticamente, la dotación de un sustituto durante los días mencionados».

Pero parece que no, que tampoco, que la administración no está por la labor de actuar con eficacia y se hace eco una vez más de la nimia importancia que a la labor docente se le viene concediendo desde hace muchos años.

¿Por qué en el caso de otros profesionales se atiende fielmente a los casos de sustituciones y necesidades del sector y del público involucrado? ¿Cuánto tardan en sustituir a un médico, por ejemplo?... En el acto están cubiertas las necesidades de los pacientes, aunque sea para cumplimentar recetas o aliviar un simple dolor de cabeza. Sin embargo, en lo que respecta a la enseñanza pública, nunca hay prisas, la valoración del aprendizaje de nuestros alumnos está bajo mínimos, gracias a los políticos que 'inventan' reformas inadecuadas, incongruentes e inservibles, y quizá sin haber entrado jamás en un aula. Desde aquí propongo un cambio de actitud: quizá la ironía surta efecto: doy las gracias a la administración por su empeño real en la mejora de calidad de enseñanza, por sus intenciones de apoyo incondicional a los docentes y a su labor, por contribuir a evitar las humillaciones, vejaciones, falta de motivación, depresiones y otros despropósitos.

Últimamente vemos numerosos programas televisivos y artículos periodísticos abordando el tema de los problemas de los centros educativos: violencia injustificada, degradación cívica y humana hacia el profesorado y entre el alumnado... La raíz: haber fomentado la idea de que la educación y el aprendizaje tienen mucho valor en las campañas electorales, pero muy poco después... ¿Cuántos ministros quieren la enseñanza pública para sus hijos? Me temo que no van por ahí sus preocupaciones. La LOE apunta a una educación de libertad, en la que, entre otras cosas, los adolescentes pueden hacer huelga si no les parece bien la labor de sus profesores del instituto.

Si todo el mundo tiene claro que lo que interesa para nuestros hijos es una formación integral que les posibilite tener un futuro laboral y social, y no la marginalidad a la que están abocados ahora mismo miles de nuestros adolescentes, ¿por qué esta situación?

No nos dejemos engañar y, cuando tengamos que quejarnos, que sea por causas tan importantes como los factores relevantes de la educación de nuestros hijos y no por zanganadas que sólo logran confundirlos aún más y les hacen perder paulatinamente todo el elemental sentido común (preferiría decir valores, aunque no sé si resulta algo anticuado el término), que a ningún padre o madre, le gustaría que perdiesen.



Vocento


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