Nacido en Madrid en 1973, Quique González se ha hecho merecedor al premio a la constancia. Con vocación de corredor de medio fondo, ha hecho bueno aquello de que 'el que la sigue la consigue'. Se enfrentó a la industria echándose la monte de la autogestión guerrillera, puso al mal tiempo buena cara y apostó por sí mismo; se sacó sus discos y a base de tocar y tocar en cualquier condición y plaza parece que ha torcido su destino, el viento le viene ya de espalda y el público parece empezar a reconocer y gratificar su esfuerzo. Hoy toca en 'Abril para vivir' (Plaza de las Pasiegas) y el lunes en el festival benéfico de Intermón Oxfam, en Maracena.
-Acaba de sacar un disco en directo. ¿Fin de la segunda parte, la autosuficiente?
-Uhmmm, en todo caso fin de la primera, que sirve, digamos, para renovar, como parada y fonda.
-¿Por qué ha 'acustizado' si llevaba una temporada bastante cañera en directo?
-Siempre he combinado acústico y eléctrico; éste es una mezcla también. Me gustan las dos versiones
-Hace doblete en Granada. ¿Va a diferenciar las actuaciones?
-Sí, la primera será en solitario, más intimista, y la siguiente con mi banda.
-El segundo concierto es benéfico. ¿Qué opinión le merecen este tipo de actividades?
-Es necesario arrimar el hombro en ocasiones, si la causa es justa.
-Parece que ha terminado con su etapa 'outsider'. ¿Cómo ha sido la experiencia autogestionaria?
-No estoy seguro de haber sido un 'outsider' del todo, simplemente busco mi camino y eso es lo que me lleva de un sitio a otro, y ha sido una experiencia increíble estos dos años, pero la cierro aquí porque quiero gastar mi energía en lo que sé hacer: escribir canciones.
-A su alrededor aparecen siempre los mismos nombres: Vega, Urquijo, Lapido, Anglada Grandísimos secretos a voces, pero secretos a fin de cuentas. ¿Algo funciona mal en la música de española?
-Lo raro es pensar que lo malo es para todo el mundo y lo bueno para una minoría.
-Por cierto, que su amigo Drexler ha dejado de ser 'de culto' para ser de iglesia entera. ¿A veces pasa?
-No creo que Jorge ni nadie quieran ser tratados como artistas de culto, y lo que se ha ganado es indudablemente debido a su trabajo y a su talento.
-La primera vez que tocó en Granada se bajó del escenario al final del concierto y preguntó a gente del público su opinión. ¿Mantiene todavía este entusiasmo?
-Sí, me gusta compartir con la gente que viene a verme, sobre todo con la gente que viaja para ir a un concierto de una ciudad a otra.
-Con tantos amigos que tiene entre los compañeros de oficio, ¿quién le gustaría que estuviese en un hipotético 'Venciendo a la contra, un homenaje a Quique González'?
-Por decirte a los que admiro te nombraré a algunos, pero no creo que merezca un homenaje: Diego Vasallo, Lapido, Calamaro, Pereza, Xoel, Iván Ferreiro, Burning
-Sus canciones siempre tienen protagonistas que juegan lejos de las grandes ligas. ¿Los caballos ganadores no inspiran?
-Siempre hay más donde rascar en las historias de perdedores, es cierto.
-Cada día hay más referencias suyas a países y culturas hispanoamericanas. ¿Tendiendo puentes? ¿Cuándo el desembarco total?
-He ido a Argentina, Chile y Venezuela el año pasado, también a Cuba, y me gustaría poco a poco hacerme un público allí. Ojalá pueda volver una vez al año para construir.
-Sin embargo, luego suena a norteamericano. ¿Cómo vive esa contradicción entre norte y sur?
-He escuchado más música norteamericana, me ha tirado más Dylan que Silvio Rodríguez, la verdad es esa.