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Lunes, 24 de abril de 2006
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 Actualizado: 9.29 a.m.
 
Grafiti, sí, vandalismo, no. Las fachadas de la ciudad se han convertido es un enorme panel de expresiones plásticas urbanas, que lejos de encuadrarse en la manifestación plástica del hip hop como cultura urbana, se enmarcan en el capítulo del incivismo más radical. Decenas de personas, encuadradas en grupos antisistema y 'pandilleros', han acabado ya con el espacio libre en fachadas, tiendas, persianas de comercios, bancos públicos, farolas y fuentes de la ciudad, y han encontrado un nuevo reto, lugares donde estampar la firma que les reafirma ante sus 'iguales', y además les supone un nuevo reto, los muros históricos de iglesias, monumentos, casas catalogadas, ventanales renacentistas, barrocas o de la denominada arquitectura industrial. Una casa del siglo XV, por ejemplo, no está a salvo de los efectos del 'spray', tras siglos aguantando las inclemencias del tiempo y la historia, ahora se encuentran convertidas en el lienzo de jóvenes descerebrados, cuyo único objetivo es reafirmar su identidad donde más daño pueda hacer.
 
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