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Sábado, 18 de marzo de 2006
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OPINIÓN
EDITORIAL
Escalada de tensión
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LAS semejanzas que el 'dossier' iraní comienza a tomar ya respecto de lo acontecido ahora hace tres años en Irak son bastante preocupantes, aunque nos encontremos todavía en los primeros capítulos de una historia que no se decidirá en el inmediato plazo. La escenificación del presidente George W. Bush declarando ante el Congreso de su país al régimen de Teherán como el enemigo número uno para la seguridad de los Estados Unidos no hace, en este sentido, sino confirmar la apertura de una nueva fase del 'conflicto' entre Washington y Teherán.

La reafirmación de la guerra preventiva como estrategia defensiva no ha supuesto, en ningún caso, una sorpresa para nadie. El contencioso con Irán lleva camino de cumplir su tercer aniversario. Ninguna de las soluciones -algunas realmente imaginativas, como el enriquecimiento de uranio en suelo ruso- que se han puesto sobre la mesa ha satisfecho a las autoridades de Teherán. Ahora vivimos la tercera fase de un proceso que es bien conocido por todas las partes, y también por la opinión pública del mundo entero. En el estadio actual, el Consejo de Seguridad va a jugar de interesado moderador entre unas partes que ahora mismo están midiendo las capacidades del contrario. Por ello, y pese a que volver a oír hablar al presidente de los Estados Unidos de intervención preventiva estremezca a muchos, ese momento -el de la solución militar- debe quemar aún muchos cartuchos diplomáticos antes de tener visos reales de producirse.

Irán y los Estados Unidos tienen a día de hoy muchos puntos en común, el más importante Irak, y ambas partes saben que un mal paso puede arrastrar a todos a una situación simplemente catastrófica. Teherán es consciente de que militarmente es más que vulnerable ante Washington, que a su vez sabe que atacar a la antigua Persia sería el equivalente a entrar a solucionar un problema en un polvorín con una antorcha en la mano; y mientras, el resto de los actores observa atentamente -pero también con sus propias cartas en la mano- cómo ese pulso se desarrolla sobre millones de barriles de petróleo, absolutamente indispensables para que sus economías sigan funcionando. El caso iraquí está aún muy reciente sobre la mesa y sus problemas todavía arrojan mucho humo sobre el horizonte de Oriente Próximo. Es, por ello, el momento de pedir a todas las partes -EEUU, Irán y el propio Consejo de Seguridad- que no olviden los errores que entonces se cometieron y actúen en consecuencia.



Vocento


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