El nuevo muro de san Miguel Alto se ha convertido en un escenario de controversias entre las dos administraciones -Ayuntamiento y Junta- mientras los vecinos del entorno no están dispuestos a soportar durante mucho tiempo más tanto sinsentido político. La asociación de Mujeres por Granada y vecinos del Bajo Albaicín, san Miguel Alto y Haza Grande, celebraron ayer una romería reivindicativa junto a este muro. No se trataba de lucir los trajes más folclóricos, sino criticar la «chapuza» de muralla y de los nuevos accesos construidos en el carril de san Miguel Alto. «Si no la tiran ellos (la muralla), lo haremos nosotros», clamó ayer el presidente del colectivo vecinal de Haza Grande, Francisco Escobedo, compartiendo las intenciones de otros vecinos de san Miguel Bajo.
La rehabilitación de la muralla del siglo XIV quedó aprobada en 2001 cuando la UE otorgó más de cinco millones de euros a Granada para mejorar todo el entorno del Darro y san Miguel Alto. «Aquí se han gastado un millón de euros y nos han dejado esta zona peor de lo que estaba». Habla Dori López, una vecina de la zona, muy crítica con la actuación de la muralla: «es horrible y además cierra el paso entre el carril de san Miguel y la parte alta de Haza de Grande, una vía de entrada de toda la vida».
Además, la plantación de arbolado, mejora de los carriles, retirada de chatarras y limpieza de la zona que contemplaba el ambicioso proyecto inicial, se ha quedado en la construcción del denostado muro de granito y la creación de dos accesos de granito hormigonado, uno con 213 escalones y el otro con 80. «Los días de mucho frío se crean placas de hielo y a ver quién puede bajar o subir por ahí», denuncia Dori López. María, otra vecina de san Miguel, exige la retirada de la chatarra de la zona, la instalación de farolas y la conexión de los darros a todas las viviendas, así como la destrucción del muro. «Hay cuevas ocupadas con los darros instalados y nosotros que vivimos legalmente no los tenemos».
El edil de Urbanismo, Luis Gerardo García Royo, se mostró ayer partidario del derribo de una parte de esta muralla, mientras que la delegación provincial de Cultura de la Junta se niega a esta solución. El titular de este departamento, José Antonio Pérez Tapia, habló en su día de abrir una zona del muro para facilitar el paso de ciudadanos.
Un vecino del entorno es minusválido y no puede transitar por el estrecho margen de las dos paredes de la muralla e incluso el acceso de las ambulancias es muy dificultoso.
Chorizo y morcilla
Los infatigables vecinos que han puesto el grito en el cielo por la «chapucera» reforma del entorno de san Miguel ofrecieron ayer chorizo, morcilla y cerveza a quienes se sumaban a esta peculiar romería contra los dislates cometidos por las administraciones local y autonómica con este muro. Dos pancartas colgaban de la fachada del muro para denunciar el mal hacer de esa construcción: uno pidiendo al Ayuntamiento su derribo y otro dirigido al delegado de Cultura para que lo apoye.
Fernando Escobedo y Lola Boloy -de la asociación de vecinos del Bajo Albaicín- animaron a las dos administraciones a ponerse de acuerdo para solucionar «el problema de forma rápida». Y al mismo tiempo, preocuparse por frenar el deterioro que sufre la vieja muralla, cada vez mayor por culpa del vandalismo y de los efectos meteorológicos.