Clásico infantil
‘Los pingüinos del Sr. Poper' se basa en un texto clásico infantil de la literatura norteamericana escrito por Richard y Florence Atwater, editado por primera vez en 1938. Ediciones Siruela se ha encargado de su publicación en nuestro mercado, con las ilustraciones originales de la época. Antes de escribir este libro, Richard Atwater (1892-1948) daba clases de griego en la Universidad de Chicago. Además tenía una columna de éxito en el Chicago Evening Post bajo el pseudónimo de Riq. Para escribir el cuento se inspiraron en un filme que documentaba la primera expedición al Antártico del almirante Byrd y en un comentario de sus dos hijos: la mayoría de los libros que les mandaban leer en el colegio trataban sobre figuras históricas. Richard cayó seriamente enfermo antes de que pudiera terminar la historia y su esposa Florence (1896-1979) asumió la tarea de completarla.
'Los pingüinos del Sr. Poper'
País y año: Estados Unidos (2011).
Director: Mark Waters.
Intérpretes: Jim Carrey, Carla Gugino, Angela Lansbury.
Duración: 94 minutos.
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No podía faltar una comedia protagonizada por Jim Carrey por estas fechas donde las películas palomiteras mandan en la predecible cartelera. El único puntazo original que ofrece la nueva propuesta liderada por el conocido showman, otrora indiscutible rey del histrionismo en pantalla grande, es que el rostro de ‘La Máscara’ comparte su papel de foco de atracción de la función con un puñado de acompañantes de lo más peculiar: un grupo de pingüinos saltarines.
Basada en el texto del clásico infantil de Richard y Florence Atwater, editado por primera vez en 1938, ‘Los pingüinos del Sr. Poper’ describe la peripecias de un empresario al que la pasta le sale por las orejas, cuyo vivir cada día se ve descolocado cuando recibe una herencia tan delirante como inesperada. Nada más y nada menos que seis pingüinos juguetones con ganas de gamberrear sin ton ni son. Cuidar a tan inusuales mascotas no es una tarea nada fácil, como cabe imaginar.
El señor Poper se ve inmerso en una aventura doméstica de lo más rocambolesca. Los nuevos inquilinos de su vivienda le sumergen en una espiral de problemas, tanto en su trabajo como en el hogar, dulce hogar. No obstante, como si fuera el Mr. Scrooge de ‘Cuento de Navidad’, recibe una buena lección al hacerse responsable del clan de pingüinos: aprende a valorar el amor, la familia y el concepto de amistad.
Como el texto de partida, ‘Los pingüinos del Sr. Poper’ es un filme con moraleja que comienza en una pequeña ciudad americana llamada Stillwater donde nunca pasa nada. El tal Poper, además de amasar fortuna con sus negocios, mata su tiempo libre documentándose sobre el Ártico y la Antártida. Es capaz, por ejemplo, de nombrar a todos sus exploradores y qué fueron a hacer a los polos. Un día conversa, gracias a un programa de radio, con el almirante Drake sobre una de sus expediciones, y éste le dice que pronto recibirá una sorpresa. ¡Vaya sorpresa! Su casa convertida a la fuerza en un paraíso invernal.
Un bicho poco animado
‘Los pingüinos del Sr. Poper” ha sido dirigida por Mark Waters, un buen artesano del género que cuenta en su haber con títulos como ‘Chicas malas’ o ‘Ponte en mi lugar’. Uno de los principales problemas a los que se enfrentó el realizador es la creación de los pingüinos, donde la varita mágica de la infrografía se ha encargado de dar vida digital a las traviesas mascotas. Vaya de entrada que el pingüino, como animal de compañía, no es el más animado del planeta y las posibilidades limitadas de su vis cómica es una de la mayores cargas de una cinta de verano que solicita de entrada la complicidad del espectador para entrar en un tipo de producto que abunda demasiado.
Guste o no a sus fans, que aún los tiene, el inquieto Carrey ya no es lo que era de cara a la taquilla. Su nombre no tiene el tirón de antaño, a pesar de que sigue cumpliendo bien con su trabajo, un tanto encasillado. Un signo inequívoco de que el público se cansa de las cosas, sin que haya una fórmula perfecta para mantener el tipo. Es difícil presumir de una trayectoria cinematográfica inquebrantable, sin parones o el llamado ¡efecto montaña rusa¡.
A pesar de las piedras en el camino, ¡Los pingüinos del Sr. Poper¡ es la opción que muchos buscan, especialmente en estos días, para pasar un buen rato sentado en la butaca disfrutando del frescor del aire acondicionado, aquí enfatizado por las imágenes que se suceden en la sala oscura. Entre pingüinos anda el juego.