«Nunca me ha denunciado y mire si quiero a mi mujer que la tengo tatuada en la espalda»

El abogado defensor conversa con una de las hijas del acusado. /Ramón L. Pérez
El abogado defensor conversa con una de las hijas del acusado. / Ramón L. Pérez

El juez ordena la puesta en libertad de un hombre que lleva seis meses preso acusado de amenazar de muerte a su esposa sin que esta le haya denunciado

YENALIA HUERTAS

Manuel M. A. necesita apoyarse en una muleta para andar, la misma con la que ayer entró en la sala de vistas del Juzgado de lo Penal número 2 de la capital, donde fue juzgado por presuntas amenazas de muerte a su mujer. Su otro apoyo, sus hijas, también acudieron al juicio para respaldarle, defenderle y negar que haya maltratado, vejado o insultado nunca a su progenitora. Hasta la supuesta víctima negó serlo. Y tras escuchar a unos y otros, mientras dicta la sentencia, el juez acordó dejar en libertad a Manuel, que lleva desde enero en prisión preventiva.

«Nunca me ha denunciado. Teníamos peleas de matrimonios, como en todos los matrimonios. Mire si quiero tanto a mi mujer que la tengo tatuada en la espalda», manifestó con vehemencia el acusado ante el magistrado Antón Henares. Su puesta en libertad fue pedida por la fiscalía «dado el tiempo transcurrido» entre rejas, si bien mantuvo los cargos contra el hombre, que se enfrenta a dos años de cárcel por un delito de amenazas, pues aunque su entorno niegue los hechos, existen «testigos de referencia».

Esos testigos son, por un lado, los agentes de la Policía que detuvieron a Manuel en enero y que ayer ratificaron que le escucharon decir –solo uno de ellos– que tenía dos «muñequitos sobre los hombros» y uno le decía «que matase a su mujer y el otro que no». Otro testigo es su médico de cabecera, que ante su estado depresivo y la posibilidad de autolisis –suicidio– o de hacerle daño a su mujer, lo mandó a urgencias. La última sería la responsable de una asociación que presta apoyo psicológico a mujeres maltratadas y que fue quien denunció las supuestas amenazas tras conocer por «terceras personas» la presunta situación de maltrato de la mujer de Manuel. «Las paredes oyen», subrayó esta testigo. La defensa solicitó, por su parte, la libre absolución.

La decisión del magistrado de dejar libre a Manuel hizo que este girase su cabeza para mirar al público con el gesto de quien aguanta las ganas de llorar. En los bancos del fondo de la sala estaban sus hijas, que mezclaron el llanto con profundos suspiros de alivio.

Manuel y su mujer llevaban 40 años casados y, según ella, él «nunca» la amenazó, pero en el momento de los supuestos hechos estaba sumido en una depresión. El acusado, por salud, había dejado sus adicciones y a veces pasaba «días enteros» sin salir de su cuarto. «Se ha magnificado todo mucho», expresó la mujer, que al entrar en la sala, antes de ponerse frente al micrófono, se abalanzó sobre su marido para darle dos sonoros besos. A continuación garantizó que «nunca» había tenido miedo de él y que aunque habían vivido momentos «tensos» nunca la llamó «zorra» ni le dijo que la iba a matar. Al terminar de declarar, volvió a acercarse a Manuel para acariciarle tímidamente el cuello.

Sus hijas

Las hijas del acusado, en sus intervenciones, negaron igualmente las amenazas y aseguraron tener una buena relación con su progenitor. Una de ellas explicó que su madre no estaba ya enamorada de su padre y que por eso lo había dejado –existe un proceso de divorcio– pero «no por malos tratos». Ella y las otras hijas del acusado, que ha estado representado por el abogado Francisco Miguel Reyes, habían pedido desde enero hasta dos veces su puesta en libertad sin éxito. Ahora habrá que esperar la sentencia. El juzgado, a petición de la fiscalía, envió a prisión a este hombre tras apreciarse en un informe que había un riesgo alto de que pasara al acto. Ayer, sin embargo, una psicóloga forense que ha explorado a Manuel en los últimos meses dijo que no había observado que existiera peligrosidad.

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