«La nueva carpintería de la Huerta de San Vicente es práctica, pero no parece la casa de Federico»

Paco Montáñez regresó ayer 28 años después a la Huerta, donde trabajó en 1990 en la restauración de las maderas históricas./Jorge Pastor
Paco Montáñez regresó ayer 28 años después a la Huerta, donde trabajó en 1990 en la restauración de las maderas históricas. / Jorge Pastor

Paco Montáñez, el carpintero que intervino en la rehabilitación de la Huerta en 1990, dice que se respetaron el 75% de las maderas históricas

Jorge Pastor
JORGE PASTORGranada

Cuando Paco Montáñez recibió en 1990 la encomienda de rehabilitar las maderas históricas de la Huerta de San Vicente, la residencia de verano de la familia García Lorca y donde Federico escribió obras como 'Yerma' o 'Bodas de sangre', era perfectamente consciente de la responsabilidad que estaba asumiendo. De que iba a trabajar nada más y nada menos que en casa de Federico. «Paco, hay poco dinero, pero tenemos que hacer la mejor restauración; lo principal es que toda la madera sea vieja», le comentó Enrique Lanz, encargado del arreglo integral de una finca emblemática para los granadinos que cinco años antes había pasado a propiedad municipal y que cinco años después se convertiría en 'casa museo'. Y ése fue el empeño del bueno de Paco. Primero empleó todo el pino rojo que tenía en su almacén -siempre solía tener un par de metros cúbicos-, después lo buscó en derribos y por último compró varias partidas en una carpintería de Mollina (Málaga).

Paco explica que las partes bajas de las ventanas hubo que cambiarlas porque se encontraban en muy mal estado como consecuencia de la humedad. Lo mismo se hizo con los cuarterones inferiores de la entrada principal, «aunque dejando la parte alta, que estaba en perfectas condiciones». En el piso de arriba las puertas no abrían y tenían rajas. También hubo que restituir los mamperlanes de las escaleras, muy desgastados por el uso, y «cuatro o cinco vigas». «Se aprovechó el setenta y cinco por ciento de la madera que ya existía y el veinticinco por ciento se puso nueva», resume Paco Montáñez, desmontando de esta forma la teoría, defendida por responsables municipales y de la Junta, de que en 1990 allí se cambió todo. No, no fue así. «Restaurar significa reponer lo que está roto y dejar las piezas como si fueran nuevas», afirma Paco Montáñez, que durante los siete meses que estuvo trabajando en la Huerta tuvo que acudir con frecuencia a la técnica del injerto con pequeñas cuñas y cola para rellenar grietas en la madera. Montáñez, que así se le ha conocido siempre a Paco en Granada, empezó como ebanistero con tan sólo nueve años -ahora, jubilado, suma ochenta y conserva su memoria intacta-. En su haber, ya como carpintero, múltiples intervenciones en edificios como la Casa de las Monjas, la Casa de las Moscas, el Colegio de las Niñas Nobles y varios palacetes de familias pudientes de la capital en calles como San Matías. También restauró la Huerta del Tamarit, otro de los lugares lorquianos de referencia en Granada.

Veintiocho años después

Paco, que el miércoles regresó a la Huerta veintiocho años después de que trabajara en ella bajo la dirección de Enrique Lanz, es crítico con el resultado de la sustitución de la carpintería exterior de la Huerta que se ha llevado a cabo en los últimos meses con un presupuesto de 24.646 euros. «Es práctica, acorde con los tiempos modernos, pero esto no parece la casa de Federico». «De hecho -añade-, después de observar y de comparar con la casa aledaña de los guardeses, no sabría decir si esto es realmente madera o algún tipo de plástico». «Sólo se han respetado los hierros y el marco de la hornacina» -que antaño albergaba una réplica de San Vicente-, manifiesta Paco Montáñez. «También han tenido la habilidad de reproducir algunas molduras».

En cualquier caso, Paco Montáñez sí reconoce, como defiende la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Granada, que esta actuación es acorde con las garantías de seguridad que requiere un inmueble con enseres de gran valor en su interior. «Se podría haber hecho exactamente igual, aunque costara más, pero con auténticas maderas nobles como las que se extraen de los pinares de Segovia», lamenta Montáñez.

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