Una noche frente a las escaleras 'sin ley'

Un centenar de personas congregado en las escaleras a las cuatro y media de la madrugada de Halloween. / Javier Morales

Los vecinos de la calle Santa Bárbara, junto al edificio de Hacienda, llevan años sin conciliar el sueño a causa del griterío, la música y las peleas

JAVIER MORALESGRANADA

En los veinte escalones que conectan Santa Bárbara y Constitución no hay normativa que valga cuando resbala la madrugada. Las botellas de alcohol van de mano en mano, los cánticos pulverizan los límites de ruido, son habituales las peleas y el 'trapicheo' de droga es vox pópuli. De poco sirven los cristales reforzados para evitar el jaleo de cada noche -el jolgorio no se limita al fin de semana- ni las limpiezas matinales para eliminar los restos del botellón, las pintadas y las riadas de orines. La situación no es nueva pero por momentos parece ir a peor, y hay vecinos que sólo encuentran solución en la venta de sus viviendas.

Es medianoche, Halloween en su punto álgido, y las calles de Granada son una pasarela de momias, esqueletos, vampiros... Los disfraces son el único punto distintivo en las 'escalerillas de Hacienda', que se prepara para una noche festiva como cualquier otra. En viernes o sábado suele haber más lío, pero los vecinos aseguran que las noches entre semana pueden ser también excusa para la juerga.

No cargan la culpa a una discoteca cercana -que según los residentes consultados cumple con toda normativa- ni a los jóvenes que van y vienen de la misma: el problema llega cuando entran en escena adictos al alcohol o las drogas que han hecho de las escaleras su punto de encuentro. Porque con ellos llegan también las peleas, los desperfectos, el intercambio de sustancias...

Hasta las dos de la mañana no hay ambiente. En el piso de la madre de Marisa -algunos de los nombres son ficticios, temen represalias- se escucha a la perfección, con las ventanas cerradas, la treintena de congregados en las escaleras y la placeta que se extiende desde el escalón superior hasta el bulevar del Triunfo. En cualquier caso son jóvenes, algunos de ellos disfrazados, que charlan y comparten litronas: «Esta noche parece que habrá poca cosa», dice Marisa. En esta vivienda de medio siglo, que está varias plantas por encima de las escaleras, colocaron doble acristalamiento en la última reforma. Pero Marisa plantea volver a hacer obra para instalar más cristal.

'Se vende'

Otro vecino de este edificio, José Manuel, está por desprenderse del piso. Son varios los carteles de 'se vende' que cuelgan de los balcones. Lidia, por ejemplo, vive el problema desde una doble vertiente: por un lado, como vecina; por otro, como propietaria de un local próximo a las escaleras. Y en breve lo sufrirá también como madre. Está embarazada y el único dormitorio que queda libre es el que da a esta 'zona cero' de la fiesta callejera, una de tantas en la capital. Así que también se plantea poner en venta la vivienda. «De al lado del local tenemos que quitar vómitos, excrementos... Si fuera un día a la semana, pero es que es que puede ser en todos. Nuestra lucha es porque el Ayuntamiento controle esto», comenta.

Cola a las puertas de la discoteca.
Cola a las puertas de la discoteca. / Javier Morales

Cuando el reloj ya supera las tres de la madrugada, las calles San Juan de Dios, Santa Bárbara o Severo Ochoa son las arterias por las que fluye la multitud que va a la discoteca. En la puerta, una cola en la que se escucha de vez en cuando 'shhh'. Los propios jóvenes 'ponen orden'; también pide silencio algún trabajador del establecimiento. Hasta aquí lo normal, lo que se encontraría a la entrada de cualquier otra discoteca granadina. Lo 'ilegal' es lo que sucede en las escaleras y su entorno, donde el ruido es insoportable para quienes intentan dormir a unos metros y no es difícil presenciar el consumo de alcohol o la compraventa de estupefacientes. Y ya a las cuatro, la concentración alcanza su punto álgido con más de un centenar de personas sentadas, más de una treintena en la cola y otras desperdigados por las callejuelas, que pasan a ser un inodoro público.

Pero el runrún que se escucha en el piso de Fran no es del todo desagradable; al menos para sus inquilinos. Ya se han acostumbrado. Todo lo que quede por debajo del nivel sonoro de las peleas, de los cánticos, las guitarras o los timbales es para ellos «una noche en la que se puede dormir». Lleva en la vivienda casi una década. Cuando llegó a ella «tenía una idea de que podía ser algo molesto», pero la situación rebasó sus expectativas. «Se te llegan a ocurrir ideas descabelladas, por las que si te denuncian eres el perdedor....», desliza Fran para mostrar el punto hasta el que llega la desesperación.

Hasta llegar a su puerta hay que pasar por el portal, con cerradura resistente a los intentos de apertura más sencillos, y luego elegir entre un ascensor que sólo funciona con llave o unas escaleras cortadas por una puerta metálica: «Es como una fortaleza». A la entrada ha encontrado escenas de sexo, gente esnifando cocaína... Plantea iniciar medidas jurídicas contra el Ayuntamiento en breve. Como solución a corto plazo propone vallar las escaleras, como se cercan por ejemplo los parques.

Llega la Policía

La Policía Local es consciente del problema. En la noche de Halloween fue uno de los focos de llamadas vecinales: 176 en toda la ciudad. Casi a las 4.30, Fran coge su móvil y alerta a la centralita policial, pero el interlocutor advierte de la cantidad de avisos que están recibiendo y le pide paciencia. A los veinte minutos hay un furgón y un coche de policía en avenida de la Constitución, y por momentos parece que la concentración se disuelve. Pero unos diez minutos después de que las luces azules dejen de intimidar a los presentes, la fiesta sigue.

Limpieza matinal junto a las escaleras.
Limpieza matinal junto a las escaleras. / Javier Morales

Desde el cuerpo de seguridad municipal explican que es una zona que controlan con especial atención, sin necesidad de que los residentes den la voz de alarma. «Allí ha habido incluso detenciones», añaden desde la Policía Local. Los propios vecinos han visto a los allí reunidos encararse con los agentes. De hecho, relatan todo tipo de peleas. Con cortantes en la mano, hombres que agreden a mujeres -vídeo en la web de IDEAL-, a puñetazo limpio...

«Antes no era así»

«Antes, yo he tenido bares por aquí, y no se ponía así», comenta Benito. Pero lo cierto es que ningún vecino se atreve a marcar sobre el calendario el punto de partida de esta «tortura», el momento en que la ley empezó a abandonar las escaleras de madrugada. Algunos lo remontan a lustros atrás, otros hablan de que el cierre del botellódromo lo ha empeorado, hay quien señala que cada vez va a peor...

Y cuando amanece, la jarana no cesa: aseguran que hay algún 'fiestero' que aprovecha los escalones para dormir. Los vídeos remitidos por los residentes de los bloques colindantes a la plaza y las escaleras muestran escenas idénticas a las nocturnas, pero con las primeras luces del alba. Y las segundas: a veces coinciden con los operarios de limpieza que se esmeran, manguera y escoba en mano, por minimizar la 'resaca'. Lo consiguen, en buena medida, pero permanecen las pintadas en paredes y persiana. Comienza la cuenta atrás hasta la próxima madrugada en las escaleras 'sin ley'.

Es uno de los puntos más vigilados por la Policía Local durante los fines de semana

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