Dos meses sepultados bajo la nieve

Israel Fernández retira nieve de la puerta de su establecimiento, donde alquila trineos para las familias en la Hoya de la Mora./JORGE PASTOR
Israel Fernández retira nieve de la puerta de su establecimiento, donde alquila trineos para las familias en la Hoya de la Mora. / JORGE PASTOR

Los negocios de la Hoya de la Mora acumulan más de 100.000 euros en pérdidas debido al aislamiento Los establecimientos, enterrados en algunos casos hasta el tejado, están cerrados desde el 26 de febrero y lamentan haber perdido la mitad de la temporada

Jorge Pastor
JORGE PASTORGranada

José Sánchez, que lleva más de cuarenta años regentando un quiosco en la Hoya de la Mora, tiene su nombre grabado a 'hielo' en su mente. Se llamaba Emma. Y fue la primera borrasca que 'visitó' Sierra Nevada el 26 de febrero. Hoy hace justo dos meses. Emma obligó a que se cortara la carretera que conduce a la Hoya de la Mora (2.500 metros sobre el nivel del mar), un paraje que visitan cada año unas 200.000 personas. También al cierre de los nueve negocios de la zona. Después vinieron otros cuatro temporales. Uno detrás de otro. Y la A-395 quedó literalmente borrada del mapa. Y los negocios no sólo siguieron cerrados, sino sepultados. Cubiertos por toneladas y toneladas de nieve y acumulando, al mismo tiempo, miles y miles de euros de pérdidas. «Desde que empecé con mi caravana aquí, en 1982, había vivido alguna situación parecida, con dos meses fuera de juego, pero nunca en unas fechas tan avanzadas de la temporada», asegura José, que ayer pudo por fin abrir la persiana y servir esos cafés con leche muy caliente que resucitan a un muerto cuando el termómetro apenas sobrepasa los cero grados y la lluvia cae casi helada. «Hemos perdido dos de los cuatro meses de la temporada», lamentaba José Sánchez, quien asegura que un domingo normal se pueden congregar más de 4.000 personas en la Hoya de la Mora, un área de esparcimiento donde acude la gente para lanzarse en trineo, hacer senderismo y rezarle un Ave María a la Virgen Blanca.

Una vez reabierta la A-395 el pasado 14 de abril, ahora tan sólo hace falta que el tiempo acompañe y que, antes del deshielo -que se puede acelerar tras las últimas lluvias de barro-, los granadinos vayan a la Hoya de la Mora y estos empresarios, que han sufrido un quebranto superior a los cien mil euros, puedan compensar una de las campañas más aciagas de los últimos años. Y es que la realidad en la Hoya de la Mora poco o nada tiene que ver con la otra realidad, la de la estación invernal de Sierra Nevada, una industria turística que genera unos ingresos de 410 millones de euros. En la Hoya de la Mora básicamente no hay nada. Y en la estación invernal básicamente no falta de nada. Dos mundos totalmente distintos, uno gratuito y otro de pago, separados por un par de kilómetros de distancia.

José Sánchez, que a sus 67 años ya sólo sube de vez en cuando a su establecimiento en la Hoya de la Mora, recuerda sus comienzos. Aquellos tiempos en que vendía hamburguesas en su furgoneta y hacía cajas de apenas trescientas pesetas. «Ahora los fines de semana por aquí hay miles de visitantes», explica José mientras retira, palada a palada, la nieve que oculta la hilera de mesas y sillas donde deberían estar sentados sus clientes. Muchas de las casetas, donde se alquilan deslizadores y se pueden adquirir souvenirs, siguen enterradas hasta el mismísimo tejado. Más de cuatro metros de altura... y también de desesperación.

Miguel Esquitino trabaja en el puesto de José Sánchez desde 1994. Veinticuatro años haciendo todos los días los cuarenta y cinco kilómetros de subida y los cuarenta y cinco kilómetros de bajada que separan su casa, en la capital, de la Hoya de la Mora. «Nos sentimos abandonados por la administración», comenta Esquitino, quien sí reseña la buena voluntad y los medios que ha puesto el Ayuntamiento de Monachil, «que al menos ha habilitado un carril que nos permite entrar hasta aquí». Este trabajador, que siente el negocio de José como algo suyo, asegura que tantas semanas de inactividad no sólo significan una importante merma de ingresos, «sino que hay que seguir haciendo frente a todos los gastos que se generan».

El vídeo que se viralizó

Unos metros más allá se encuentra el albergue universitario, aquel que se hizo famoso a principios de marzo gracias a un vídeo grabado por uno de sus responsables, Francisco Berenguer, y que se hizo viral en las redes sociales. Se veía a varios hombres cavando un agujero de tres metros de profundidad para encontrar varios vehículos que habían quedado sepultados. Allí, en ese alojamiento que ahora recobra poco a poco la normalidad, quedaron aislados un grupo de cincuenta estudiantes de Valencia mientras esperaban que las quitanieves abrieran un sendero para ser rescatados.

Este miércoles había cierta animación en el Albergue. Fuera, en el porche, departían varios conductores de coches en pruebas. Las principales marcas realizan ensayos en la A-395 en los meses de primavera y verano. Dentro, en el bar, Ángela, la responsable de recepción, hablaba con Israel Fernández, otro de los empresarios damnificados por las grandes dificultades de acceso a la Hoya de la Mora en los dos últimos meses. Israel, que está al frente de Slalom, un negocio heredado de su padre que se dedica al arrendamiento de trineos y tablas de 'snow' en la Hoya de la Mora, no disimula su enfado por no poder abrir y por la falta de atención hacia sus reclamaciones. «Hace diez años, cuando yo empecé aquí, nevaba y de inmediato aquí estaban las máquinas para evitar que nos quedáramos incomunicados. Antes se limpiaba con mayor asiduidad; cuando había una quinta de nieve ya estaban actuando», refiere Israel, quien reivindica la Hoya de la Mora como «un espacio público libre y donde las familias puedan vivir Sierra Nevada sin necesidad de tener que pagar». El perfil de la clientela de Israel es heterogéneo, pero el mayor porcentaje son padres con sus hijos que quieren deslizarse en ese kilómetro de la Hoya de la Mora ideal para tirarse con los trineos.

Ángela, atenta en todo momentos a las necesidades de los huéspedes, asegura que «el impacto de estas semanas ha sido muy grande; se llegaron a anular hasta el ochenta por ciento de las reservas». Ángela reivindica las excelencia de la Hoya de la Mora como un sitio idóneo para disfrutar del tiempo libre en un entorno natural tan impresionante como Sierra Nevada. También reclama la dotación de más servicios: las casetas, por ejemplo, no disponen de agua potable ni lavabos para el público-.

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