Un maltratador aprovecha su salida de la cárcel para violar a su expareja, una menor

El presunto autor de los hechos ha ingresado en prisión tras ser detenido por la Policía Nacional cuando volvió a intentar contactar con la víctima

CARLOS MORÁN y JOSÉ RAMÓN VILLALBAGRANADA

El Juzgado de Violencia de Género número 1 de Jaén instruye un caso de maltrato machista espeluznante con una menor granadina y un maltratador de la capital, apodado El Cuervo, implicados en la causa.

La adolescente se encontraba ingresada en un centro de internamiento de otra provincia andaluza cumpliendo una medida judicial cuando este individuo comenzó a acosarla a través de las redes sociales. Su expareja, que ya estaba denunciado por violencia de género por ella misma, la rondaba por el centro dejándole mensajes en las paredes. Le decía que la cárcel lo había cambiado. Aunque olvidó finalizar la oración y subrayar que ciertamente lo hizo, pero para mal. No fueron encuentros casuales. El Cuervo, que es como a él le gusta llamarse, buscaba a todas horas a la adolescente. El marcaje era implacable. Tanto los educadores que se encargaban de que la menor cumpliera la medida impuesta por la justicia como las fuerzas de seguridad estaban alarmadas por el empeño que ponía el presunto maltratador en acosar a la víctima. Tenía que ir acompañada a todas partes por la Policía. El riesgo de que el individuo atentara contra la chica era muy elevado.

Al sospechoso ni siquiera le preocupaba dejar huellas. Al contrario. En los lugares en los que se movía ella aparecieron pintadas que llevaban la firma de El Cuervo. Él quería que supiera que siempre estaba cerca de ella. El asedio era constante. También a través del 'Whatsapp'. La joven recibía a menudo mensajes salpicados de amenazas e insultos. El supuesto maltratador no se cansaba nunca. Unas veces enseñaba los colmillos y otras se presentaba como un hombre arrepentido y rehabilitado. Decía a su expareja que había cambiado, que ya no era el mismo, que quería estar con ella, que todo iba a ir bien...

Pero los hechos desmintieron los buenos propósitos. Ella aprovechó una de sus salidas del centro -en régimen semiabierto- para desplazarse a Granada y encontrarse con él, pese a la orden de alejamiento que existía entre ambos y que prohibía a este individuo aproximarse a la menor a una distancia inferior a los trescientos metros. Montaron en un coche y se dirigieron a un descampado de la capital granadina donde la menor vivió uno de los peores capítulos de su vida. Su expareja, quien tanto había cambiado en la cárcel, la violó y además eyaculó para «dejarla embarazada», para vengar las denuncias por maltrato que pesaban sobre este individuo.

Riesgo extremo

La menor quedó rota, una vez más, por esta última agresión de su maltratador. Regresó al centro de protección y presentó una denuncia por la agresión sexual sufrida horas antes. Su caso fue clasificado de riesgo extremo, lo cual requiere el mayor nivel de protección policial, es decir, la presencia de un coche policial de forma permanente allá donde ella resida. Así se hizo en el centro de protección donde estaba ingresada. En la puerta siempre había un vehículo policial.

La menor finalizó la pasada semana su estancia en el centro de protección y se trasladó a Granada, a su domicilio habitual. Desde entonces, la Policía Nacional mantiene una férrea protección para evitar que vuelva a sufrir una agresión. De forma paralela, se montó un dispositivo policial, según han informado fuentes judiciales, para tratar de localizar al maltratador de esta menor acusado también de agredirla sexualmente.

Este individuo se encontraba muy bien escondido desde que sucedieron los hechos, en casa de una amiga, y de ahí la dificultad para arrestarlo. Pero el detenido salió de su madriguera y fue cuando los agentes fueron a por él, tras un intenso fin de semana de vigilancia sobre la menor. Tarde o temprano intentaría volver a rondarla, ahora en Granada. Y así fue. Los agentes lo detuvieron el pasado fin de semana y el lunes lo pusieron a disposición del juzgado de guardia, que ese día era Instrucción número 9. El juez ordenó su ingreso en prisión, acusado de una agresión sexual, maltrato y quebrantamiento de una orden de alejamiento.

Una vez en la cárcel el agresor, la menor ha pasado de tener riesgo extremo a la escala más baja de protección. Así será mientras este individuo permanezca en la prisión.

La violencia de género, tal y como demuestran las estadísticas año tras año, también ataca a las menores de edad. Este caso es un claro ejemplo de ello.

Fotos

Vídeos