Luis Rosales: «A mí lo de Lorca me salió mal»

Luis Rosales: «A mí lo de Lorca me salió mal»
Momentos de Granada

El premio Cervantes de las Letras jamás pudo sospechar que su casa sería asaltada durante su ausencia

TITO ORTIZ

Mi compadre Luis Cerón ha sido y sigue siendo, a lo largo de los decenios de nuestra amistad, el cómplice imprescindible para llevar a cabo actos de enjundia en favor de esta ciudad perteneciente a nuestras entretelas. La noche que bajábamos del auditorio Manuel de Falla, donde él había protagonizado un recital en el que por primera vez se musicaron poemas de nuestro paisano Rafael Guillén, tuvimos la idea de homenajear a otro poeta ilustre de Granada, Luis Rosales Camacho, amigo y protector de Federico García Lorca. Eran los años de la movida madrileña y a nosotros nos dio por la poesía de los nuestros.

La acción era doble. De un lado, en mi calidad de vicepresidente de la peña flamenca La Platería propuse entregar a Rosales el máximo galardón de los plateros, entre otras cosas porque habiendo recibido el premio Cervantes de las Letras, en su ciudad no había recibido ninguno. La otra pata del banco era entrevistar al poeta de la calle Angulo en el programa que dirigía y presentaba Luis en Radio Cadena Española, y que con el título de ‘Perfiles andaluces’ cada semana contaba con la presencia de un andaluz ilustre en cualquier campo.

En ese programa entrevistamos por ejemplo al rector de la Universidad, Pepe Vida Soria, quien nos confesó, entre otras cosas, que era su perro el que lo sacaba a pasear a él por las mañanas. O la duquesa de Medina Sidonia, Luisa Isabel Álvarez de Toledo, ‘la duquesa roja’, que ya nos vaticinó entonces la discordia de su legado a su muerte, con mucha antelación.

María, la esposa de Luis Rosales, había sufrido un accidente doméstico y tenía un brazo en cabestrillo, lo que obligó a Cerón a desplazarse a Madrid para recogerlos a los dos. Yo me acerqué al aeropuerto granadino con mi Seat Ronda Diésel azul metalizado para llevarlos hasta el hotel Alhambra Palace, donde habíamos reservado la suite. Dejamos que la esposa del poeta descansara un rato y mientras él nos pidió pasear por Granada.

Recorrimos las principales calles de la ciudad y él no perdía detalle, recordaba lugares y nombres. En un momento, a mí que conducía me dijo: Tito, llévame a mi casa. Yo miré a mi compadre Luis Cerón, cuyos ojos se le salían de las órbitas, y me asintió, así que puse rumbo a la calle de Las Tablas. Íbamos a vivir el momento histórico del regreso de Luis Rosales a su casa de la calle Angulo, donde refugió a García Lorca en la seguridad de que nada le iba a ocurrir en su casa. No contó en aquel momento con la homofobia de Queipo de Llano, el odio a los poetas e intelectuales de la época del comandante Valdés y la inquina personal de Ruiz Alonso contra Federico. Los tres aprovecharon la ausencia de Luis Rosales aquel día, desplazado al frente de Loja, para perpetrar el crimen más repugnante del franquismo. Llegamos a la puerta de su casa, entonces convertida en colegio mayor, entramos al patio, Rosales se quedó muy fijo mirando la escalera que daba acceso al piso superior, me puso la mano en el hombro y me dijo: Vámonos, aquí ya está todo visto.

Homenaje en La Platería

Nos fuimos entonces a los estudios de Radio Cadena Española, en la calle Severo Ochoa, y comenzamos a grabar el programa ‘Perfiles andaluces’ con un Luis Rosales entregado y emocionado de estar de nuevo en su tierra. En un momento de la entrevista, Luis Cerón abordó la pregunta obligada: «Maestro, ¿qué pasó con Federico en tu propia casa?» Rosales, respiró profundamente, hizo una pausa y contestó: «A mí lo de Federico me salió mal. Yo le di cobijo en mi propia casa pensando que jamás, nadie se iba a atrever a sacarlo de allí, pero la historia se encargó de demostrarme que estaba equivocado. Después de llevarse a Federico de mi casa, hubo incluso quién apostaba por depurarnos a mi hermano Pepiniqui y a mí, y eso que eran de los nuestros».

Terminada la entrevista, volvimos al hotel a por María y subimos hasta el carmen de la Platería, donde por primera vez desde los hechos dramáticos del 36 una entidad rendía homenaje público al poeta Luis Rosales reconociéndole toda su obra, no exenta de incursiones muy afortunadas con letras para el flamenco, firmando en el libro donde también fueron homenajeados y reconocidos con los máximos galardones de los plateros, entre otros Andrés Segovia, Henry Kissinger, Samaranch, Rafael Alberti, Javier Solana, Havelange, Yehudi Menuhin, Pilar López, Paco de Lucía, Agustín Castellón ‘Sabicas’, Paco Rabal, Isabel Clara Ángeles-Ortíz, Carmen Sevilla, Pilar Bardem, o Miguel Ángel Gómez Martínez.

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