«Me levantaba con temblores y se me caían las cosas de las manos»

L.E.M. tiene 40 años y empezó su lucha con 38./IDEAL
L.E.M. tiene 40 años y empezó su lucha con 38. / IDEAL

Una granadina de sólo 40 años con fibromialgia logra que se le reconozca la incapacidad absoluta

YENALIA HUERTASGRANADA

Se levanta cada día a las 7.00 horas para llevar a los niños al colegio y a las 9.30 ya tiene que sentarse y descansar porque se ha quedado sin energía. Reside en La Zubia y convive con su marido, con sus dos hijos y con el dolor. Tiene fibromialgia y fatiga crónica, y es de las granadinas más jóvenes -si no la más joven- que han conseguido que los tribunales les reconozcan una incapacidad permanente absoluta. Su abogado, Miguel Garrido, no conoce un caso de menor edad en la provincia.

L.E.M. inició su batalla judicial cuando tenía 38 años. Ahora tiene 40 recién cumplidos y percibirá, una vez sea firma la sentencia dictada por el Juzgado de lo Social 7 de Granada, una pensión con el 100% de su base reguladora. Era empleada de una conocida cadena de supermercados cuando se le diagnosticó la enfermedad hace cinco años.

Empezó a darse cuenta de que su salud se tambaleaba de una forma anormal al año de tener los primeros dolores fuertes. «En un principio, me levantaba de la cama muy mal, con temblores, se me caían las cosas de las manos, pero yo pensaba que podía ser anemia o azúcar», explica L.E.M., de aspecto frágil y respuestas categóricas.

Tenía además un cansancio excesivo. Aunque durmiera once o doce horas se levantaba molida. «Dejé pasar el tiempo porque la verdad es que para ir a los médicos soy muy mala, pero, al año, cuando ya me encontraba sumamente mal, no me podía levantar de la cama y tenía faltas de memoria, decidí ir al médico». A partir de ese momento, se vio obligada a incorporar las visitas hospitalarias a su rutina vital. Lo primero que le hicieron fueron análisis básicos (anemia, azúcar, tiroides...) y todo salía bien. Lo siguiente fueron otras pruebas analíticas más específicas que descartaron hepatitis y otras enfermedades como el Sida. «En todo este proceso -recuerda-, fui muchas veces a urgencias, porque me desvanecía; se me doblaban las rodillas». Alteraciones visuales, fallos de memoria, mareos, náuseas, pesadez en las extremidades, parestesias -hormigueos o adormecimientos-, trastornos del sueño, migrañas... Sus informes médicos dan vértigo.

Uno de los médicos de urgencias decidió mandarle a Enfermedades Sistémicas, donde le hicieron más pruebas y la derivaron al neurólogo, que fue quien pronunció por primera vez la palabra que ya siempre le acompañará: fibromialgia. La pronunció, no obstante, en ese momento, como sólo una posibilidad. El siguiente destino en su peregrinaje de consulta en consulta fue el reumatólogo, que confirmó las sospechas.

«Esto no se va, es crónico y la energía que tengo es aproximadamente de un 30%. Tengo fibromialgia, pero también fatiga crónica; son muy parecidas pero diferentes», aclara L.E.M. en un tono didáctico. Normalmente, no habla con nadie de su patología, porque, como reconoce, no siempre se siente comprendida. Su mayor apoyo es su marido, que ha vivido y vive cada día los síntomas de su enfermedad. «Las personas que no viven contigo no lo entienden», afirma.

Jugar con su hijo

Antes de tener que dejar su empleo por sentirse verdaderamente imposibilitada, L.E.M. trabajó durante muchos años. En los últimos, sólo su jefe conocía su dolencia. Cumplía como cualquiera, sin hacer públicas sus limitaciones, pero llegó un momento en el que, cuando concluía su jornada laboral y llegaba a casa, algo tan bonito y apetecible como jugar con un hijo era un mundo. «Llegaba a mi casa y me tenía que tumbar. Mi hijo me decía de jugar y yo es que no podía jugar a nada con él. Y así he estado muchísimo tiempo», señala con cierta tristeza.

La resolución judicial de su caso fue emitida el pasado 26 de abril y establece que «el síndrome de fatiga crónico del que ha sido diagnosticada, le ocasiona astenia -falta de fuerza y decaimiento-, cansancio muy acusado, artromialgias generalizadas y cefaleas». Por eso estima su demanda.

Ella cree que con esta sentencia se ha hecho justicia, porque ella no ha elegido no trabajar. L.E.M. llevaba 19 años cotizando y siempre había sido muy activa. Le encantaba el aerobic, ir un ratito al gimnasio a practicarlo. Hoy es algo impensable.

A quienes están enfermos de lo mismo que ella, les manda este mensaje: «Si van a un experto y luchan, yo pienso que lo pueden conseguir. Principalmente por dignidad, porque se reconozcan estas enfermedades». L.E.M. toma a diario medicación para paliar esos intensos dolores con los que se ha acostumbrado a vivir gracias también a la ayuda de una psicóloga. «Si no hubiera sido imposible», confiesa.

«El dolor es de mañana a mañana; dura las 24 horas»

El abogado Miguel Garrido, que ha llevado el caso de esta granadina, afirma que ha repasado jurisprudencia de otras comunidades autónomas para buscar supuestos similares al de su cliente pero no ha encontrado ninguno igual, de una chica de su edad que haya logrado que le reconozcan la incapacidad absoluta por el mismo motivo. L.E.M. acudió a él cuando tuvo que renunciar su trabajo de cajera. «Sufre un dolor de mañana a mañana, continuo, de 24 horas, aunque hay momentos más álgidos», indica el letrado, al tiempo que recuerda que la sentencia está pendiente de un recurso del INSS ante el TSJA.

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