Un ladrón en el vecindario

El procesado se coló en la casa de al lado./IDEAL
El procesado se coló en la casa de al lado. / IDEAL

Saltó desde su terraza al balcón de su vecina para robarle, pero sonó la alarma y, aunque se fue con las manos vacías, le han caído un año y cuatro meses de prisión

Y. HUERTASGranada

Además de ser un delito, robar a un semejante es un acto reprobable. Más aún si la víctima es justamente tu vecino de al lado. La propia Audiencia de Granada, que acaba de confirmar la condena de un año y cuatro meses de prisión impuesta a un vecino de la capital por colarse en el piso colindante, le reprocha haber quebrado «la confianza entre personas que viven tan próximas».

El caso que acaba de revisar el tribunal granadino se remonta al 6 de junio del año pasado, cuando el acusado, morador de la vivienda de al lado de la víctima, decidió robarle. Tal y como consideró probado el juez de lo Penal 2 de Granada en una sentencia que dictó justo al día siguiente, el hombre, «saltando desde su terraza al balcón de su vecina», accedió al interior de la casa por la puerta que une la terraza al salón.

Ya dentro del inmueble la cosa se complicó. Estando en el salón, «se activó la alarma antirrobo instalada por la mujer» y el intruso puso pies en polvorosa. Para huir, eso sí, utilizó otra salida: «se marchó rápidamente del domicilio por la puerta principal de esta vivienda». Su plan de apropiarse de lo ajeno se frustró y se fue sin botín alguno; ni se hizo con objetos de valor ni con dinero.

La Audiencia ve bien la pena porque «quebró la confianza» de personas que viven tan próximas

El juez consideró al procesado autor de «un delito de robo con fuerza en las cosas en casa habitada en grado de tentativa» y, aunque no llegara a sustraer nada, se llevó como castigo un año y cuatro meses de prisión.

El desafortunado ladrón interpuso entonces un recurso de apelación ante la Audiencia Provincial, que no ha hecho sino ratificar las conclusiones del juzgado. Así, según recoge en su resolución, fechada el 28 de septiembre, en el interior de la vivienda de su vecina no sólo había alarmas, sino también cámaras de seguridad. Estas, «pese a la deficiente calidad identificativa de las imágenes», captaron a un individuo muy parecido a él. Es más, el tribunal resalta que las características físicas del intruso (complexión general y forma de la cabeza) «pueden ser atribuidas sin dificultad al acusado, en tanto que se corresponden con las suyas». Así lo apreciaron, de hecho, tanto la denunciante como los agentes de Policía que lo vieron en comisaría cuando compareció voluntariamente.

Círculo

Por otro lado, la sentencia considera,«si cabe más relevante», la forma de acceso y salida de la vivienda, que «estrecha -advierte- tan considerablemente el círculo de posibles responsables, que tan solo el acusado puede haber perpetrado el intento de robo por el que ha sido condenado». En este sentido, ensalza que la puerta no había sido forzada, por lo que el ladrón sólo pudo entrar por el balcón, «y dicho balcón sólo puede alcanzarse desde la contigua terraza del acusado». Y es que las otras alternativas, como que el caco se hubiera descolgado con cuerdas desde otro balcón, son, a su juicio, «rechazables».

El ladrón, que niega serlo, rebatía en su recurso parecerse a la silueta que captaron las cámaras de la casa de su vecina. En las imágenes se observaba a un varón de unos 40 años y él, por lo visto, tiene 57. Junto a ello, enfatizaba que los fotogramas no mostraban al individuo entrando por la ventana ni saliendo por la puerta, sino que sólo se le veía merodeando por la casa cuando es captado por el sensor. Alegaba, por tanto, que era posible que el autor hubiera entrado por la puerta principal, la cual, dada la antigüedad de la cerradura, podía haber sido abierta sin ser forzada.

De igual modo, su defensa no consideraba lógico que su cliente saliese por la puerta con el riesgo de encontrarse con la denunciante o convecinos. Tampoco que arriesgase su integridad física «en una peligrosa maniobra de acceso desde el balcón».

Dos grandes indicios

Sin embargo, para el tribunal, el juez no se equivocó al condenar al sospechoso, pues puso en relación los dos grandes indicios que tenía sobre la mesa: que vecino y ladrón tenían características físicas similares y que ninguna puerta o ventana hubiera sido forzada.

«La entrada por la puerta desde el exterior, estando el cerrojo echado, hubiera necesariamente comportado la fractura del mismo, que en cambio no se apreció. La salida por la puerta resultaba sencilla pues bastaba quitar el cerrojo», detalla la Audiencia, para la que es razonable concluir que el autor accedió por el balcón o terraza, «y en tal caso -deduce-, sólo el acusado, vecino de un piso contiguo cuyo acceso desde su terraza no presentaba una especial dificultad o generaba un manifiesto peligro, tal y como se ha descrito por la perjudicada, era la única persona que, con unas características físicas similares a la del individuo de los fotogramas, podía protagonizar tal acceso».

Aunque el hombre se quejaba también de la extensión de la pena impuesta, el fallo respalda que el juez tuviera en cuenta a la hora de fijarla «el quebranto entre la confianza entre vecinos», así como que el encausado se aprovechara de su conciencia de que su vecina de al lado no estaba en casa. No hay que olvidar que un hecho así afecta, qué duda cabe, «a la convivencia pacífica en un bloque de pisos».

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