Jugársela por una camiseta de tres euros

Jugársela por una camiseta de tres euros

El coste de una vista oral puede ascender, de media, a unos tres mil euros, mil veces más que el valor del 'botín' | La 'moda' juvenil de sisar ropa 'ultra barata' en las macrotiendas de gangas obliga a celebrar juicios por hurtos nimios

Carlos Morán
CARLOS MORÁNGranada

La chica fue detenida por un delito contra el patrimonio y el orden socioeconómico. En la siempre apabullante 'jerga' de la justicia penal, esa era la denominación oficial de la infracción que había cometido la sospechosa, una adolescente de poco más de quince años.

Movida por el ánimo de «enriquecerse injustamente», se había apropiado de un par de camisetas valoradas en ocho euros y medio. La víctima fue una macrotienda de ropa 'ultra barata' de reciente implantación en Granada y que causa furor entre los jóvenes. Los precios de la mercancía que ofrecen esos establecimientos, habituales en los grandes centros comerciales, son tan reducidos que, en principio, deberían disuadir a los cacos: ¿Quién va a jugársela por una prenda que cuesta tres euros? Pues se la juegan. Y normalmente son chavales sin problemas económicos, niños y niñas pertenecientes a familias de clase media que tienen sus necesidades bien cubiertas.

¿Por qué lo hacen entonces? Nadie tiene una respuesta concluyente, pero los expertos se decantan por el móvil 'emocional'. «Les pone el riesgo, la sensación de hacer algo que no está permitido. Lo que está claro es que, en general, no les mueve una cuestión económica», explica el magistrado Emilio Calatayud, titular del Juzgado de Menores 1 de Granada.

El jurista recuerda que esta 'moda' de los hurtos de bagatelas no es nueva, pero sí admite que, a medida que han ido llegando a la provincia nuevas marcas comerciales de este tipo, los casos se han multiplicado.

Él ya ha dictado alguna condena por un asunto de esta clase. Por ejemplo, juzgó a la chica cuya historia sirvió para introducir esta información. La muchacha tendrá que llevar a cabo una tarea socioeducativa consistente en «estudiar» -porque su rendimiento escolar es mediocre- por haber cometido un delito leve de hurto en grado de tentativa. Es que ni siquiera se llevó las dos camisetas valoradas en ocho euros y medio. Los vigilantes de seguridad la interceptaron antes de que pudiera darse a la fuga con el magro botín. Lo normal es que este tipo de 'pecados veniales' se resuelvan a través de la mediación, esto es, que el menor infractor compense a la víctima sin necesidad de que el tema se judicialice. Es, por decirlo de alguna forma, una salida menos 'dramática'.

Pero, claro, cuando el caco es reincidente, la mediación -que, por otra parte, es voluntaria-se aparca y el sospechoso acaba sentado en el banquillo de los acusados con todo lo que eso significa. Se da entonces la paradoja de que hay que 'invertir' unos tres mil euros, que, según desvelaron los responsables de la Asociación Madrileña de Mediación a elderecho.com, es lo que cuesta, de media, 'financiar' un juicio, para castigar el hurto de algo que vale mil veces menos.

Los gastos

Con esos tres mil euros se paga al juez, al fiscal, al letrado de la Administración de Justicia y al resto del personal que compone la oficina judicial, porque todos ellos tienen un papel en la representación y su tiempo vale dinero. A lo que habría que sumar, a los efectivos de la Policía y la Guardia Civil, cuerpo este último que custodia las sedes judiciales.

Pero es que la cosa no queda ahí. También es necesario convocar a los testigos -en los hurtos, los vigilantes de las tiendas, por ejemplo-, que, como es natural, no podrán trabajar el día del juicio (o al menos, no la jornada completa). Y luego estarían los gastos materiales, luz, calefacción, aire acondicionado o calefacción, ordenadores, papeleo...

Total, que, desde un punto de vista puramente crematístico, celebrar vistas por hurtos de tres euros -un dato que también es real- es un pésimo 'negocio' para el erario público.

Pero, según los juristas expertos en menores, esa no es la cuestión: lo que se pretende es cortar una 'carrera criminal' que puede ir a más. Y eso no tiene precio.

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