Estudiantes que viajaron en el 'crucero del horror' tomarán medidas legales

Los padres del instituto de Benalúa y algunos alumnos se reunieron ayer para decidir las acciones legales. / Vanessa Sánchez

Los padres de los alumnos del instituto de Benalúa de Guadix formularán una reclamación conjunta a la OMIC de la comarca y los de Motril han recurrido a un abogado

VANESSA SÁNCHEZ y LAURA UBAGOGranada

Desde que comenzó el curso, Marta Fernández, alumna del instituto Benalúa de Guadix, ahorró para el viaje de su vida. Junto a sus compañeros vendió mantecados, papeletas para una rifa y organizó, con ayuda de los padres, un evento en Navidad. Todo para reunir los 715 euros que a cada alumno le ha costado el pasaje en el buque 'Rhapsody', de la compañía italiana GNV, que les ha llevado desde Málaga a Nápoles, Roma, Florencia, Mallorca y vuelta a Málaga tras seis días de viaje.

Partieron el 2 de abril y el trayecto se hizo «pero no en las condiciones contratadas», según han denunciado a este medio una profesora que les acompañaba y los padres de los jóvenes de Benalúa de Guadix. Por eso, tras reunirse en asamblea en la tarde de ayer, decidieron presentar una reclamación conjunta en la Oficina Municipal de Información al Consumidor (OMIC) de Guadix.

Algunos de los pasajeros definen lo que vivieron como el 'crucero del horror'. El instituto Julio Rodríguez de Motril –cuyos alumnos pagaron por cada pasaje 790 euros– es otro de los más de 30 centros andaluces que contrataron el viaje de estudios en este crucero. En total, 1.500 jóvenes que como Marta se encontraron –dicen– en camarotes para cuatro personas en los que no había espacio para las maletas y las escaleras de las literas, por lo que tuvieron que guardar el equipaje en los aseos: «No se limpiaban las estancias, incluso cuando los estudiantes habían abandonado el barco a las 6 de la mañana para alguna visita, nadie limpió los baños ni vació las papeleras». La limpieza diaria era una de las condiciones que figuran en el contrato firmado por el centro de Benalúa y la agencia intermediaria de Granada capital.

En ese contrato también se ofrecía el uso de las instalaciones del barco, que incluía «gimnasio, piscina, discoteca, karaoke y biblioteca». Pero según explican dos estudiantes de Benalúa, Carmen y Marta, «las piscinas no estaban siempre llenas, el agua estaba fría , incluso la del jacuzzi ,y el gimnasio jamás lo encontraron». Marta lo resume: «Sentimos que nos han timado».

Las jóvenes cuentan que el buque Rhapsody era un ferry porque, cuestiones de espacio y servicio aparte, así lo indicaba un cartel de seguridad tapado por una pegatina de la agencia que fletó el barco. Pero lo peor ha sido la alimentación. «El menú era siempre el mismo, pasta o filete, no había más opciones», declaran las chicas. Además, muchos estudiantes e incluso una de las profesoras del centro de Benalúa acusan al servicio de cocina de reciclar los alimentos: «Si sobraban filetes en el bufete, al día siguiente se ofrecían empanados y muy duros». Los viajeros que habían informado de forma previa de intolerancia a algunos alimentos o alergias no encontraron opciones para sus necesidades. «Sientes impotencia porque tu hija está lejos y no puedes hacer nada», confiesa Fabián García, padre de una alumna que padece intolerancia a la lactosa y otras alergias.

En lo que respecta a la seguridad, los estudiantes denuncian que las puertas se podían abrir de un empujón. «Algunos compañeros perdieron la tarjeta y otros, para ayudarles, las abrían con un puñetazo», explican Marta y Carmen.

Por su parte, Francisco Bacas, jefe de estudios del instituto de Motril Julio Rodríguez, agrega que «había que suplicar por papel higiénico y hasta intentaron que limpiasen los niños poniendo una bolsa de basura grande en las puertas de los camarotes». «Aquello no era un crucero, era un ferry y hasta temimos por la seguridad porque no tenía los estabilizadores que tiene un crucero», resumen este profesor motrileño.

En el buque Raphsody viajaban estudiantes de toda Andalucía, que han iniciado una campaña para denunciar la situación a través de las redes sociales con la etiqueta #estafaraphsody. En cuanto a los afectados de Granada, según la profesora del centro de la comarca de Guadix, Ana Juárez, un representante de la agencia Viajes Media Silver les ayudó a conseguir «una hoja de reclamación de la empresa que fletó el buque aunque el documento no parecía fiable».

Por su parte, la agencia granadina también piensa «tomar medidas contra la empresa con sede en Sevilla Force Turistica Group por incumplimiento de contrato y por el daño que se ha causado», según explicó a IDEAL su portavoz. El responsable de la agencia sevillana no ha respondido a este medio pese a haber contactado por teléfono con su personal.

Ante esta situación, los padres han decidido emprender acciones legales. Las familias del centro de Motril ya han puesto el caso en manos de unos abogados. Las de Benalúa de Guadix reclamarán en la OMIC que les corresponde. Según David Avellaneda, portavoz de Facua en Granada, «la agencia de viajes intermediaria es la corresponsable solidaria por lo que en estos casos deben pedir la hoja de reclamaciones a esta agencia. Si no les responden en diez días o no han quedado conformes deben acudir a su OMIC para iniciar el procedimiento administrativo».

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