Encadenadas a la historia

Momentos de Granada

Eulalia, en un mundo de hombres, lidera un movimiento dispuesto a remover las aguas mansas de la cultura

TITO ORTIZGRANADA

En mayo de hace diez años, la baronesa Thyssen, Tita Cervera para los amigos, no dudó en encadenarse a los árboles del Prado para proteger a esos seres vivos tan complejos y que tanta sombra nos dan en estos veranos tórridos. La entonces presidenta de la comunidad de la capital del reino, Esperanza Aguirre, los había sentenciado a muerte de tala para reformar el paseo. Pero lejos de ser original, la baronesa lo único que hizo fue emular a una granadina que, en el tardío franquismo y la Transición, despertó con sus actitudes conciencia de un incipiente ecologismo y una pretendida igualdad de la mujer.

La pintora y mujer de la cultura, mi admirada Eulalia Dolores de la Higuera, fue una militante granatensis adelantada a su tiempo, agitadora de conciencias en diversas facetas en las que la mayoría de los ciudadanos y, en aquellos tiempos, sobre todo las ciudadanas, no tenían por razones lógicas del régimen vivido práctica en la libertad de opinión acerca de las decisiones de nuestros gobernantes.

Cuando el mayo francés de 1968 convulsiona a la sociedad e irradia los deseos transformadores de un cambio, aquí en Granada ese sonido llega con sordina. En el mes de los santos, Eulalia, en un mundo de hombres, lidera un movimiento dispuesto a remover las aguas mansas de la cultura en la ciudad de la Alhambra. Cayetano Aníbal González, Claudio Sánchez Muros, Eduardo Molina Fajardo, Trinidad Mercader, Elena Martín Vivaldi, José García Ladrón de Guevara, Manuel Cano Tamayo, José Luis del Castillo, Manuel Maldonado Rodríguez, Rafael Guillén García, Miguel Rodríguez-Acosta y José Fernández Castro, entre otros, ponen los pilares para un resurgimiento de todas las artes en nuestra ciudad, firmando un manifiesto como punto de partida para una actualización y modernización de las actividades artísticas.

Prohibidas las mujeres

Son años en los que se mantienen órdenes y reglamentos obsoletos, anclados en las antípodas de lo razonable y sin visos de igualdad. En el Centro Artístico, Literario y Científico, sigue prohibida la entrada a las mujeres, una circunstancia ante la que Eulalia se revela con tal virulencia que no solo acaba con la prohibición sino que con el tiempo terminó siendo la primera mujer presidenta de una entidad centenaria por la que habían pasado los mayores exponentes de las artes y la cultura granadina... menos las mujeres.

Uno de los más célebres miembros del Centro Artístico fue el propio Federico García Lorca, a quien Eulalia dedicó una de sus obras literarias más interesantes: 'Mujeres en la vida de García Lorca', un estudio sorprendente para la época en el que la escritora avanza en el análisis de la obra lorquiana y la influencia femenina en la creatividad del autor de Fuente Vaqueros. De la Higuera no sólo es una reputada pintora. Su actividad literaria que abarca la poesía y la narrativa, entre otras facetas, la distinguen como una mujer del Renacimiento que, en una dictadura agonizante, enlaza perfectamente con una transición política, en la que no duda en militar, llegando incluso a ser concejala de Cultura en la plaza del Carmen, en el primer ayuntamiento democrático, perteneciendo a la bancada de la UCD del presidente Adolfo Suárez.

Cuando el alcalde de entonces decidió remodelar la antigua avenida de Calvo Sotelo, hoy de la Constitución, la transformación pasaba por arrancar los árboles centenarios, a los que Eulalia de la Higuera no dudó en encadenarse para impedir que fueran arrancados, en un gesto que dio la vuelta al mundo.

La bandera andaluza

La misma actitud enérgica sostuvo con el presidente de la Diputación, un tanto remiso a la autonomía, y ante el que Eulalia se presentó con una bandera andaluza en sus manos, haciéndole entrega de la misma para que ya no pudiera seguir diciendo que la enseña de los andaluces no ondeaba en el balcón provincial porque no le había llegado.

Eulalia fue una mujer granadina de armas tomar, con la palabra por herramienta, que en los principios de su activismo llegó a ser repudiada por sus allegados naturales ya que su procedencia social era de la más alta burguesía granadina, a quienes escandalizaba que una de las suyas fuera artista, popular, política y estuviera todos los días en los medios de comunicación con argumentos contrarios a su condición social. Por eso también fue puesta al principio en cuarentena por muchos de los que abrigaban sus causas pero que recelaban de su alta alcurnia, sin fiarse de verla arremangarse en causas nobles.

El tiempo le ha dado la razón, y como no podía ser de otra forma en esta ciudad, también le ha dado... el olvido. Aunque no todos estamos amnésicos. Un beso, Eulalia.

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