La dura cuenta atrás de Santa Adela

Un operario abre una zanja para las conducciones eléctricas de Endesa. / ALFREDO AGUILAR

Los técnicos de Endesa han tomado el relevo a los de Telefónica y Emasagra y realizan el cableado subterráneo previo a la demolición, prevista para septiembre | Los vecinos del barrio del Zaidín aguantan con paciencia la espera entre yonkis y okupas

Javier F. Barrera
JAVIER F. BARRERA

Los vecinos de Santa Adela son duros. Duros de pelar. No han dejado nunca de pelear por el barrio y han logrado que pese a la crisis y al abandono institucional la nueva fase de bloques de pisos tenga fecha para el próximo mes de septiembre. No es lo único que necesita en este barrio del Zaidín de compromiso y coraje. De aguante. La cuenta atrás desde que se anunció la demolición de los tres bloques, el desalojo de las 52 familias, y las necesarias intervenciones de Telefónica y Endesa para asegurar los suministros, están haciendo que la cuenta atrás para las demoliciones y las obras de nueva planta sean especialmente duras. Ángeles Martínez, una de las vecinas más reivindicativas, presente durante años en las reuniones de la junta de distrito del Zaidín pancarta en mano, se sienta apaciblemente con su silla de plástico en la puerta de su casa, en la calle San Lorenzo de este barrio. Lleva medio siglo en el mismo bajo y asegura que padece «las ratas y el mal olor del verano». «Mi casa está bien porque me he gastado el dinero, pero las tuberías de las calles están hechas polvo. Hay personas mayores en plantas altas sin ascensor. Ahora nos han comunicado que las demoliciones empezarán el día 15 de septiembre. Y estamos esperanzados. Por fin empezamos a ver algo en claro tras tantos años de peleas y soledad».

Lo cierto es que hay una suerte de bullicio en esta zona comprendida entre las calles Poeta Gracián, Asturias, San Lorenzo y Santa Adela. Se ve a los técnicos de Endesa que, encaramados en sus grúas, cortan cables eléctricos de las antenas y deambulan paso a paso por los tejados de los tres bloques condenados a pena de demolición. También hay trabajo, además de en las alturas, bajo tierra. Una empresa contratada por Endesa tiene las máquinas a ritmo abriendo las zanjas en las que se colocan los tubos de plástico alimentados del cableado eléctrico.

1) Botellas de cerveza en una de las ventanas. / 2) El barrio está completamente sucio y abandonado. / 3) En estado de deteriorio. / Alfredo Aguilar

«Es que ya no van los cables al aire -explica un vecino que pasa por el lugar con las bolsas de la compra del día-; ahora va todo bajo suelo, como mandan las nuevas leyes. Todo es así mucho mejor y más seguro. Por eso hay tanto follón durante estos días».

Fue el mes pasado cuando el concejal de Economía y Hacienda, el socialista Baldomero Oliver, informaba que «ya se ha producido un acuerdo con Endesa y Telefónica para acondicionar sus suministros de cara al derribo y eso allana el camino». Añadió aquél día el edil que, «por otra parte, si no hay contratiempos y ya parece poco probable, el día 5 de julio se va a firmar el contrato con Dragados para demoler y construir», apostilló el edil. Y así ha sido, según confirman los propios vecinos de Santa Adela.

1) Los vecinos denuncian inseguridad. / 2) Un técnico de Endesa. / 3) La mayor parte de las entradas y ventanas, tapiadas. / Alfredo Aguilar

«Nos ha llamado Carmen Ariza -la portavoz de la plataforma de afectados-, para informarnos que las demoliciones van a empezar el día 15 de septiembre, que todo está en orden, los preparativos siguen su curso a buen ritmo y que el próximo día 11 de septiembre nos han convocado a una reunión a todos los vecinos para explicarnos el proceso con todos los detalles», comenta con una gran sonrisa en su rostro.

-Incendios
Los vecinos denuncian que los Bomberos han tenido que acudir dos veces a Santa Adela -una de ellas por la noche- para sofocar fuegos en uno de los edificios deshabitados.
-Okupas
El bloque del centro de los tres deshabitados tiene una puerta sin tapiar por el que entran los okupas y generan inseguridad en el vecindario.
-Drogadictos
Aseguran que hay yonkis que se pinchan, que trapichean y que se pasan el resto del día bebiendo litros de cerveza.

Pero hasta entonces, falta algo más de un mes y esta cuenta atrás está siendo especialmente larga y dura. Los vecinos de los bloques aledaños a los que serán echados por tierra conviven con la suciedad, los malos olores del abandono y la falta de vigilancia policial. «Parece ser que se piensan que como los tres bloques han sido desalojados, ahí no vive nadie».

«Estamos muy contentos. Por fin empezamos a ver algo, que se mueve y que hay obreros trabajando»

«El día 11 de septiembre nos han convocado a una reunión para explicarnos todo con detalle»

«Ya han dejado lista la instalación telefónica y ahora están con el tendido eléctrico, bajo el suelo»

Pero no es así. No todas las puertas de acceso y las ventanas de los bajos están enladrilladas, tapiadas para impedir el acceso. Hay al menos una puerta que se abre sin problemas. «Dentro hay inmigrantes rumanos que viven hacinados. El olor es insoportable. Intenté entrar para ver si había un sitio para mí, explica una vecina que tiene un piso alquilado del que le van a echar próximamente, pero las condiciones son inhumanas».

No sólo es el olor, la suciedad y la inseguridad lo que denuncian y hace que esta cuenta atrás para ver cumplido el sueño tenga tintes infernales. «También hay episodios de violencia y hay mucha gente maleante que trapichea con droga. Convivimos con okupas y yonkis -y hace ademán de pincharse un brazo-, y además, ya ha habido dos incendios en un mes y han tenido que venir los Bomberos».

Ángeles conversa con un vecino. / Alfredo Aguilar

Un proyecto de un edificio de 128 pisos y ocho plantas

Las obras -según las administraciones implicadas- tenían que estar terminadas el 31 de diciembre de 2017, en seis meses, pero no han empezado. El plazo de ejecución de los derribos y de la construcción del nuevo bloque es 14 meses, así que, caso de que se comience en septiembre, no estaría hasta noviembre de 2018. La demolición afectará a los tres bloques de pisos vacíos -donde se desalojó a 58 familias-, sobre cuyo solar se levantará un edificio con 128 pisos y ocho plantas en las que se reubicará a los vecinos de siete antiguos bloques en total, cuatro de ellos aún habitados.

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