Antes y después de la carpintería 'histórica' de la Huerta de San Vicente

La diferencia de acabados se aprecia a simple vista en las fotos del antes y del después de la intervención en la Huerta./JORGE PASTOR
La diferencia de acabados se aprecia a simple vista en las fotos del antes y del después de la intervención en la Huerta. / JORGE PASTOR

Las nuevas puertas y ventanas, repuestas por las originales de los años de Federico, conservan el color pero muestran diferencias en acabados

Jorge Pastor
JORGE PASTORGranada

El proyecto de reforma de la carpintería de puertas y ventanas de la Huerta de San Vicente, la residencia de verano de Federico García Lorca entre 1926 y 1936, avanza 'sin prisa pero sin pausa'. Sin prisa porque, a tenor del estado de los trabajos y de que aún está pendiente el retorno de todos los enseres, muebles y obras de arte, resulta ya imposible que la casa museo, un santuario para los lorquianos, esté abierta al público en las fechas anticipadas, en torno al 20 de enero. Y sin pausa porque desde el principio, desde que se determinó la empresa adjudicataria, el proceso ha seguido su curso sin interrupciones. No hace falta más que darse una vuelta por la Huerta y detenerse en los elementos sustituidos.

Y aquí, en este punto, es donde conviene fijarse con atención. Que es exactamente lo que ha hecho este periódico. Comparar lo que había antes con lo que hay ahora. Los turistas que nunca han estado en la Huerta de San Vicente no observarán, a simple vista, grandes diferencias entre las fotografías de sus guías y el aspecto exterior. La madera sigue manteniendo el color verde oscuro característico que unifica la fachada. Pero la percepción será bien distinta para los asiduos, para los que visitan la Huerta con frecuencia y la conocen con bastante detalle. Aquí es donde 'la cosa' chirría, valga la expresión, y se aprecian desigualdades más que evidentes entre el antes y el después.

Dos apriorismos importantes antes de continuar. El primero es que se ha quitado la carpintería original, la que tenía la Huerta cuando Federico vivía allí y escribía obras como 'Romancero Gitano', 'Yerma' o 'Bodas de Sangre', y se ha colocado una nueva. Es decir, se ha prescindido de las maderas históricas para poner unas nuevas. Y la segunda es que una intervención en un Bien de Interés Cultural, de enorme valor por tratarse de Federico -el autor en lengua castellana más leído de todos los tiempos-, tiene que tener todas las bendiciones por parte de la Comisión de Patrimonio de la Junta.

Y el después.
Y el después. / JORGE PASTOR

Fíjense en las dos imágenes que ilustran este artículo, una del antes y otra del después. Se trata de la ventana de la habitación que alberga el piano de Federico, el gramófono y algunas obras de arte. No hace falta estar dotado de ninguna sensibilidad especial ni ser un experto en la materia para comprobar que los detalles han desaparecido de las piezas de nueva factura. Se ve claramente que el fresado -el rebaje en los perfiles del material- ha desaparecido en las traviesas que separan el hueco de los cristales y está simplificado en los cuarterones del cuerpo de las ventanas. Tampoco tiene nada que ver la unión de estos travesaños con los largueros de las hojas, donde interiormente están las bisagras para abrir y cerrar las ventanas; antes entraban en flecha sobre los largueros y ahora unen en plano. La apariencia es de mayor densidad y se simplifican los acabados con superficies pulidas y funcionales.

Alarmas encendidas

Las alarmas se encendieron el pasado verano. El sofocante calor en el interior de la finca, consecuencia de un inadecuado aislamiento térmico, provocó el desmayo de al menos cinco personas. Alguna cayó a plomo. Los hechos trascendieron a la prensa y el Ayuntamiento tuvo que decretar el cierre de la Huerta cuando más apretaba la canícula. Los focos ya estaban puestos sobre la Huerta y sobre el posible deterioro que estaba sufriendo el legado de enorme valor histórico, artístico y cultural que atesora.

La Huerta es un horno en verano y un frigorífico en invierno, para mayor infortunio de turistas, trabajadores y en realidad de todos los granadinos, preocupados por uno de sus elementos patrimoniales de mayor valor. En el techo del comedor han aparecido grietas. En la sala del piano surgen humedades. Arriba, en el dormitorio habilitado como espacio expositivo, hay losetas rajadas. Y los quicios de puertas y ventanas están despegados, el problema que requería una actuación más urgente -la que se está haciendo ahora- ya que los desequilibrios térmicos estaban afectando al propio piano, cuya cubierta se está cimbreando por la contracción y dilatación de la madera.

El proyecto de la nueva carpintería no lleva asociada la instalación de climatización

Más allá de arreglos esporádicos y las obras acometidas hace cuatro años para construir un muro de contención para evitar las humedades, la Huerta de San Vicente sigue siendo eso, un cortijo construido a finales del siglo XIX que, tras pasar a titularidad municipal en 1985 y abrirse al público como casa-museo en 1995, se mantiene tal y como fue concebido. Sin atender que ahí dentro se halla algo tan valiosísimo como el legado de Federico García Lorca. Una finca que se localiza, además, en medio de un parque y al lado de una autovía por la que pasan un promedio de 135.000 vehículos diarios expeliendo humo. Todo ello repercute sobre la 'salud' de la Huerta de San Vicente y de todo lo que alberga en su interior.

El pasado 12 de septiembre se dio orden a los operarios municipales para que retiraran todo lo que había dentro de la Huerta. La primera previsión era que la Huerta estaría cerrada durante un mes y, sin embargo, vamos ya para casi cinco. La concejala de Cultura, María de Leyva, señaló a este periódico que la inversión estaba prevista desde hacía algún tiempo, pero se había retrasado por contratiempos administrativos. Los enseres no se guardan en almacenes del Ayuntamiento, sino en contenedores especiales adaptados para piezas museísticas, un servicio contratado a una empresa. El presupuesto de la intervención es de 20.000 euros. Se resuelve el tema del aislamiento, pero no se contempla aún la instalación de la climatización.

Lugar de peregrinaje para lorquianos y turistas

Fuente Vaqueros, Valderrubio, Víznar... y Granada, donde está la Huerta de San Vicente, el domicilio estival de García Lorca entre 1926 y 1936. Allí escribió 'Romancero Gitano' (1928), 'Bodas de Sangre' (1932) y 'Yerma' (1934). La Casa Museo Huerta de San Vicente, comprada por el Ayuntamiento de la capital en el año 1985, está siendo explotada turísticamente desde 1997. En el año 2016 se registraron un total de 14.981 accesos, de los que 9.339 correspondían a nacionales -algo más del sesenta y dos por ciento en términos relativos- y 5.642 extranjeros. -el treinta y ocho por ciento restante-. Todo ello reportó unas ganancias de 51.297 euros entre entradas y mercadería, a lo que hay que sumar otros 12.000 euros que pone el Ayuntamiento para que cuadren las cuentas.

Fotos

Vídeos