Ideal

Zapatillas con cadenas

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Imágenes de la dura pero exótica prueba celebrada el pasado año. / RC

  • La carrera más extrema del invierno europeo se corre hoy en Sierra Nevada a casi tres mil metros de altura. Vientos de 130 kilómetros por hora, nieve por todos lados, trece grados bajo cero… y todo ello de noche

Bajo la luna y sobre la nieve. Suena bien. Románticamente bien. Pero lo que esta noche espera ahí arriba, en las gélidas cumbres granadinas, es la guerra. Una guerra bajo la luna y sobre la nieve, sí, pero con rachas de viento de 130 kilómetros por hora y el termómetro por debajo de los trece grados bajo cero. Penoso, agotador. Épico. Por eso esta carrera de hielo y oscuridad va a reunir a 600 atletas de 20 ciudades españolas que agotaron la inscripción en un tiempo récord. Estamos ante la que seguramente es la cita más extrema del invierno europeo, no solo por el desnivel (la salida se toma a 2.100 metros de altitud y se sube a una loma situada a casi tres mil, a los pies del Veleta, hasta completar un exigente trazado de 12,7 kilómetros), sino por las condiciones meteorológicas en que se desarrolla la prueba, que para hoy no pueden ser peores. Es una nueva edición (y ya van cuatro) de la Ternua Snow Running Sierra Nevada, la carrera nocturna sobre nieve más dura que se conoce. Hace cuatro años solo 58 deportistas acudieron a la cita. Hoy hay tortas por hacerse con un dorsal.

Con GPS y luces frontales

La fecha siempre se hace coincidir con el sábado más próximo a la luna llena de enero. Cuando el tiempo lo permite, la salida al atardecer (18.30 horas) aporta a la nieve unos tonos anaranjados y rosáceos, únicos e inolvidables. Hoy no se dará el caso.

Pablo Ruiz de Almirón, organizador de la prueba y un enamorado del montañismo, lleva unos días de locos. Su principal quebradero de cabeza es que nadie se pierda, que todos los participantes puedan seguir el recorrido sin problemas. Todas las pistas por donde discurre la carrera están señalizadas con balizas reflectantes y los últimos tres kilómetros permanecerán iluminados gracias a los 34 puntos de luz que jalonan el tramo de la Pista del Río, entre Borreguiles y Pradollano. Sesenta voluntarios de la organización cuidarán de que nadie se extravíe. Cada participante, además de la equipación térmica de primer nivel, cuenta con luz frontal y teléfono móvil, y muchos ya se han acostumbrado a llevar un GPS. Todo por la seguridad.

Los atletas, entre los que hay ganadores de carreras de ultrafondo de renombre como los 101 kilómetros de Ronda, van calzados con zapatillas con cadenas. Así literalmente. Son un pequeño ingenio que envuelve las suelas como si fueran la rueda de un coche, parecido a los crampones, para que se agarren bien al hielo y la nieve. “Si la nieve está blanda, el esfuerzo es tremendo, correr se hace agobiante. Mejor que esté dura”, explica Pablo. ¿Y qué tipo de adrenalina desprende este desafío a la noche y el frío para atraer a tantos ‘locos’? Fernando Gandu, del club Bicha, que el año pasado hizo pódium y repite hoy la experiencia, lo explica con sus propias palabras: “Es una carrera diferente, correr por las pistas de Sierra Nevada , de noche y con un nivel de corredores excepcional hace que se convierta en una bonita aventura”. Y sobre si las condiciones extremas motivan o, por el contrario, dan miedo, apunta: “Eso solo lo deciden las piernas el día de la carrera pero si te adaptas bien al frío puedes utilizarlo a tu favor ". Los atletas, hombres y mujeres, completarán el recorrido en aproximadamente hora y media… 90 minutos terribles bajo la luna y sobre la nieve. Es la guerra.