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«Las armas son un poco tabú y que sean olímpicas parece raro»

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Sonia Franquet. / Óscar Chamorro

  • Sonia Franquet, tiradora

  • La tarraconense presume de haber sido la primera deportista clasificada para Río de Janeiro como el mejor momento de una carrera impulsada por su padre.

  • «Las modalidades podían ser iguales tanto para hombres como para mujeres. No hay mucha diferencia», asegura tras ganarse plaza en sus terceros Juegos Olímpicos.

«Cuando era joven tenían que estar encima mía con 'Sonia, venga, Sonia, venga' ¡Menos mal que ya no!». Sonia Franquet (3 de julio de 1980) aprendió de la insistencia de su familia a encauzar su persistencia y capacidad de concentración. Agente de Policía y licenciada en Arquitectura, ya no aplaza para mañana sus tareas como tiradora profesional y se ha clasificado a la primera oportunidad para los Juegos Olímpicos. «El mejor recuerdo de mi carrera ha sido conseguir esa plaza en el Mundial de Granada. La primera [clasificación] tenía la novedad pero estábamos en Francia y no estaba mi padre. Aquí había tanta gente que no me paraba de felicitar que yo me preguntaba: '¿De dónde salen?'», sostiene risueña Franquet en la galería madrileña donde entrena.

El sabor del trabajo bien hecho se aderezó con unos pasos previos complicados porque los problemas técnicos con sus armas se multiplicaron hasta preguntarse si funcionarían en el torneo. Finalmente, ella ganó la plaza olímpica y su pareja, el tirador asturiano Jorge Llames, perdió sus opciones cuando algunas piezas de su munición se colaron en el lugar equivocado.

En Las Gabias, Franquet alcanzó la meta soñada junto a la figura que ha condicionado toda su carrera. «Empecé con 14 años, pero un poco a escondidas. Iba al campo con mi padre y tiraba», reconoce la tiradora que prefería jugar con la muñecas en lugar de a indios y vaqueros. Los disparos sólo se entienden desde que su progenitor le puso un arma en la mano y se cruzó el talento con el azar. «La gente me decía: 'Tiras bien y podías ir a un campeonato'», rememora. «Bah. Me llevaba mi padre y para allí que iba. Coincidió que fui a un campeonato de Cataluña y estaba la selección nacional allí entrenando. Me propusieron entrar... en un año estaba en el equipo, entré en la rueda de campeonato, campeonato y campeonato y hasta aquí», explica de manera desenfada quien sumará en Río de Janeiro en su tercera participación olímpica. La paradoja se resume en que Franquet nunca soñó con competir en una edición de los siete aros porque no sobresalía en educación física. Su padre fue quien le costeó el equipo de competición, el transporte y el sacrificio cuando descubrió el deporte que encajaba con sus condiciones.

El tabú de las armas

Franquet argumenta que el tiro es un deporte tan exigente como sus compañeros olímpicos aunque sea uno de los más minoritarios. La tarraconense suele entrenar todos los días hasta seis horas en el Centro de Alto Rendimiento de Madrid. «Recuerdo que en la primera concentración que fui terminé a los tres días con agujetas. Me dije 'nunca más', hay que meterse en el gimnasio porque esto no puede ser», indica, aunque reconoce que las sesiones físicas en la Academia de Policía eran más duras. «Me cuesta muy poco concentrarme, lo hago rápido, soy muy perseverante y me gusta mucho trabajar», detalla la tiradora sobre sus virtudes. Además, la vista de Franquet se ve favorecida por la agudeza de sus ojos y por la casi ausencia de visión periférica. En cambio, fuera de la galería es más difícil sostener su argumento. «Normalmente me preguntan si hago tiro con arco. 'No, tiramos con pistola', respondo y se quedan extrañados», describe. «Es que las armas en realidad son un poco tabú y que sean olímpicas parece raro», justifica.

Desde la tranquilidad de la plaza olímpica, Franquet se detiene a mirar el futuro. «Me gustaría que hubiese más tiradoras, que es que somos muy poquitas. No hay gente que vaya empujando», se lamenta, en un deporte en el que asegura que existe un puente entre géneros. «Las modalidades podían ser iguales tanto para hombres como para mujeres. No hay mucha diferencia, aunque en pistola los hombres tienen muchísima más puntería. Para que una mujer haga los mismos resultados que hacen internacionalmente los chicos en aire tendría que ser una 'supercrack'», analiza.

Desde que el 12 de septiembre Sonia Franquet se clasificó en la sexta plaza de la final de pistola a 10 metros programó una salida para desconectar en Asturias unos días con su pareja. Durante el resto del año compaginará en Madrid los entrenamientos en la galería de tiro con su trabajo como policía apoyando las patrullas de GAR con el Grupo de Respuesta del barrio capitalino de Tetuán -aclara que nunca ha disparado de servicio-. El Europeo será su siguiente cita, aunque ella ya ha marcado en rojo la cita de Río de Janeiro. Para ello fue la primera deportista española en acabar sus tareas. Sin que sus padres estuvieran encima.