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Carolina Marín fija su estrella en el firmamento del bádminton

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Carolina Marín luce su medalla de campeona del mundo. / Jonathan Nackstrand (AFP)

  • La española se impuso en tres sets a la china Xuerui (21-17, 17-21 y 18-21) en la final del Mundial

'Caro' bajó al polideportivo con una amiga y trece años después es campeona del mundo. La explicación es sencilla pero el camino ha sido mucho más complejo. Carolina Marín, la adolescente que descubrió el bádminton en Huelva, ha recorrido el mundo con la raqueta del mango alargado durante una década en la que ha irrumpido en un deporte arraigado en Asia desde el desierto español con la ambición como motor, el talento de su zurda como herramienta y la capacidad de análisis como estrategia.

El nuevo paso de Carolina Marín ha sido conquistar un Mundial. Con 8 años jugó su primer partido, con 14 se trasladó al Centro de Alto Rendimiento de Madrid, con 19 ganó su primer duelo olímpico y con 20 su listón se colocó en los cuartos de final del Campeonato del Mundo. En el inicio del ciclo olímpico para el que, en teoría, todavía no está preparada se lesionó en la rodilla y su espíritu competitivo debió relajarse durante seis semanas. El tiempo obligado para reflexionar desembocó en una explosión de voluntad y resultados: ganó sus dos primeros torneos, logró el Europeo, entró entre las diez primeras del ranking y ahora ya sabe lo que es ser campeona del mundo.

En Copenhague, sede de su último éxito, experimentó durante una semana el respeto y el vértigo de la élite. Por fin entre las primeras cabezas de serie, conoció la presión de ser favorita y la primera europea del ranking entre un ejército de asiáticas. Marín se siente representante de un deporte que en España cuenta con menos de 3.000 mujeres compitiendo y en China con más de 100 millones.

Pero en Dinamarca su ambición recibió el respaldo de los aficionados de la primera potencia europea del volante y la simpatía del público por una onubense que ha representado al Odense danés, club con el que ha competido media docena de veces en el país durante los dos últimos años. En cuartos de final superó a la taiwanesa Tzu Ying Tai en un maratoniano duelo a tres sets que duró 74 minutos. En semifinales impuso su iniciativa ante la india Shindu, la revelación del campeonato en Super Arena de Ballerup. En la final el listón lo estableció la china Li Xuerui, campeona olímpica en Londres 2012, actual número 1 del ranking mundial y quien no había cedido ningún set durante el evento. Aunque para Carolina también había otra referencia: fue la única que la derrotó en Londres 2012.

Martillo y toque sedoso

La zurda de Marín, capaz de combinar el martillo y el toque sedoso desde el 'smash', es temida entre sus rivales por su naturalidad y por su determinación para emplear todos los elementos a su alcance para ganar. Pero, además, la andaluza emplea el factor psicólogico con tanta confianza como su idolatrado Rafael Nadal gracias a su trabajo con el profesional del CSD Pablo del Río. Antes de cada saque repasa los consejos técnicos sobre su rival mientras sopla en su muñeca. Cuando disputa un partido contra una rival china suele gritar en los momentos clave. «Les influye mucho porque ven que estás hay siempre luchando, así que siempre tengo mi grito como arma de doble filo», explica la jugadora con vista de halcón.

En su búsqueda de revancha en el pabellón danés la española forzó la derecha de su adversaria después de un 5-0 de desventaja para iniciar el partido pero sucumbió en un primer set (21-17) en que exhibió el carácter irreductible que comparte con su ídolo Nadal. La iniciativa en la final mundial fue para la asiática, que con sus ángulos y rectificados aguijoneó a la onubense y levantó una muralla aparentemente imposible de superar por la resistente española. Con el transcurso del partido Marín apostó por los juegos largos para desesperar a la resolutiva Xuerui y logró su objetivo de desestabilizar a la campeona de 23 años, excelente en defensa, en el segundo set (17-21). En el tercero, la presión cerca de la red y su determinación doblaron las rodillas de la campeona olímpica, quien llegó a parar el partido para que fuera atendida por una presunta lesión. No sirvió. Marín ganó (18-21) y se derribó entre lágrimas en la pista.

«Ahora me voy de vacaciones, a casa y a relajarme con mi familia», anunció al terminar la final. Trece años después de que Carolina Marín bajara al polideportivo a jugar con una amiga y de que decidiera dedicarse más a fondo en La Orden, volverá a casa con una buena noticia. Se cruzará con su amiga y de nuevo volverán a bromear con aquel día que empezó una historia con un éxito inesperado. Ahora tendrá otro final que contar: 'Caro' es campeona del mundo y ha fijado su estrella en el firmamento del bádminton.

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