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Jornada 5

Cristiano se desata

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Cristiano celebra un gol contra el Elche. / Reuters

  • El Real Madrid adquiere su velocidad de crucero con cuatro goles del portugués que descosen al Elche

No es el modesto pero ordenado Elche el mejor rival posible para extraer grandes conclusiones, pero seguro que Carlo Ancelotti tomó buena nota de un duelo que comenzó con susto para el Real Madrid y luego solventó en un periquete. Si bien el campeón de Europa sigue mostrando que es un equipo galáctico cuando ataca pero vulnerable al replegar, sí hay detalles significativos más allá de los cuatro goles Cristiano Ronaldo, dos de ellos penalti, de la discutida suplencia de Iker Casillas y el cómodo estreno de Keylor Navas. Si era una noche ideal para que los menos habituales destacasen, jugadores como Illarramendi e Isco dieron un paso al frente, llamaron con fuerza a la puerta y se hicieron acreedores a más minutos en duelos más exigentes. El guipuzcoano equilibra al equipo y libera a Kroos y el malagueño aporta un toque de distinción.

Hay días en los que es casi mejor no despertar a la fiera, sobre todo en su territorio del Santiago Bernabéu. Lo sufrió en sus carnes el Elche, que salió con un excelente planteamiento de Fran Escribá, se aprovechó del endeble sistema defensivo del Real Madrid en los compases iniciales, sobre todo al ganarle la espalda a los dos laterales, y se adelantó gracias a un penalti cometido por Cristiano Ronaldo que supo ver Clos Gómez y ejecutó Albácar. Keylor Navas le adivinó la intención pero el lanzamiento era imparable. Incluso merodeó el segundo gol el envalentonado visitante en una jugada en la que Marcelo rozó el penalti y la expulsión. Pero un arreón del poderoso le hizo trizas.

Ancelotti había anunciado pocas rotaciones y al final hizo cuatro: la tan cacareada del portero, el cambio de Carvajal por Arbeloa, la presencia de Illarramendi en lugar de Modric y de Isco en detrimento de Benzema. De este modo, insistió en ese 4-4-2 versátil que le dio un gran rendimiento en la última fase del duelo de Riazor. Illarra, muy activo y con más personalidad que el curso pasado a la hora de pedir el balón, hacía de Xabi Alonso. Era el encargado de dar el primer pase y permitía al alemán jugar algo más adelantado. James e Isco, ambos diferentes y con un toque especial porque son regateadores y así eliminan rivales, se tiraban hacia los costados y Cristiano y Bale ejercían como delanteros.

Esfuerzos inútiles

Isco, genial por su osadía, sus cambios de ritmo y su capacidad para tirar caños cuando se encuentra a dos rivales por delante, destacó y conoció lo que es la hinchada del Bernabéu. El malagueño ofreció destellos de un superclase, aunque es cierto que la continuidad y el trabajo defensivo no son virtudes que le adornen, pero la mejor ovación se la llevó al perseguir un balón que sabía imposible de alcanzar y arrojarse incluso al césped. Esos esfuerzos inútiles, reminiscencia de la furia tan española, les encantan en general a los aficionados del país.

A las estrellas de Portugal y País de Gales, que sólo la toca para meterla, les gusta jugar más como extremos para hallar más espacios, pero arriba son temibles porque se trata de dos rematadores excelentes, con un olfato goleador increíble dentro del área. Entre los dos, ya suman 13 goles, una barbaridad. En caso de haber querido jugar de ‘9’, el de Madeira sería, seguramente, uno de los mejores cabeceadores de todos los tiempos. No tiene la capacidad de suspenderse en el aire que le caracterizaba a Santillana, por ejemplo, pero su potencia es descomunal y su musculatura en el cuello envidiable.

Marcó un golazo de galáctico en A Coruña y repitió ante los ilicitanos. Diferentes pero los dos extraordinarios, ya que en el del pasado sábado el centro de Arbeloa era flojo y en el de anoche el pase de Marcelo era fuerte y precisaba más colocación que fuerza. Era el 3-1 que en poco más de cuarto de hora sellaba la remontada. Antes, el colegiado había colaborado en la misión merengue al ver un supuesto penalti por golpeo de Mosquera a Marcelo. Estaba muy cerca y algo debió de ver Clos, pero dio la impresión de que el brasileño se dejó caer y, además, a destiempo. Y apenas cuatro minutos después del empate, James se la puso a Bale y su cabezazo se lo comió Manu Herrera. El debate de los porteros parece que sólo concierne a los grandes, sobre todo al Real Madrid, pero también existe en modestos como el Elche, ya que esta vez Escribá dejó fuera al polaco Tyton y su sustituto no estuvo precisamente acertado.

El ritmo decreció en una anodina segunda mitad. Pero no con el viento tan favorable Ancelotti se atreve a retirar a Cristiano, deseoso de seguir incrementando sus números estratosféricos a base de goles. Casillas no pasa desapercibido ni cuando se come una manzana en el banquillo, el feliz Ancelotti tararea el himno y Keylor disfruta de un debut tranquilo. El Real Madrid adquiere su velocidad de crucero. ¿Álguien echó de menos a Benzema?