Ideal

DEPORTE ADAPTADO

Una simbiosis sobre el tatami

Sonia Mallorquín se entrena en el gimnasio bajo la tutela de Nuria Serra en la Escuela de Alhendín.
Sonia Mallorquín se entrena en el gimnasio bajo la tutela de Nuria Serra en la Escuela de Alhendín. / Ramón L. Pérez
  • Cinturón negro y primer dan, Sonia Mallorquín competirá el próximo 27 de mayo junto a deportistas sin discapacidad. Dice su mentora que las lecciones, las está dando su alumna

Cuentan los maestros de las artes marciales que cuando el aprendiz pisa por primera vez un tatami, enseguida comienza a impregnarse de valores tales como la disciplina, el respeto o la perseverancia. Pero hay algo más. Dentro de esta liturgia milenaria de saludos y preceptos que rozan lo divino y que acompañan a cada disciplina, el alumno es capaz de hallar su propio camino a través de la superación personal. Se fija en el instructor, observa sus movimientos, el color de su cinturón, y sueña con llegar a adquirir algún día sus mismas habilidades.

Hace unos días, la Federación Andaluza de Taekwondo quiso premiar el esfuerzo encomiable de Sonia Mallorquín. Alumna de Nuria Serra en la Escuela de Alhendín, también pisó tibia la lona en su primer día. Hoy, se descubre como un ejemplo a seguir por los pequeñines del club, quienes se asombran del progreso de esta taekwondista, «tímida en el trato» dice su maestra, pero «constante como pocas en el poomsae»; en las figuras.

Advierte la maestra que Sonia «sólo necesita un poco más de tiempo para aprender el nombre de la técnica, aunque el concepto lo suele coger rápido pese a su dificultad. Por lo demás, es una alumna con las mismas ilusiones que el resto y así lo demuestra todos los días».

Sonia es una taekwondista con discapacidad intelectual. Una alumna con una capacidad funcional diferente pero, como reconocen los maestros, nunca se encontrarán dos alumnos idénticos sobre la misma lona. Por eso no existen las clases diferenciadas en Alhendín. Todos aprenden los poomsaes del mismo modo, ofreciendo un buen ejemplo de inclusión a través del taekwondo.

Empezó en su Gerona natal cuando contaba sólo con seis primaveras. Hoy, a punto de cumplir los 33 años, es cinturón negro primer dan. Es una alumna metódica, aplicada. Tanto que cuando termina la sesión en el gimnasio acude a internet para buscar la parte de la técnica que necesita volver a ensayar.

Cuenta que empezó en este deporte porque desde muy pequeña ya le llamó la atención «tiene algo que no tienen otras artes marciales como el kárate, por ejemplo. Me gusta esforzarme, aprender y buscar nuevos retos». El próximo, afrontar una gran competición, aunque «no será fácil demostrar a todo el público lo que he aprendido en un año», reconoce.

Dice que Nuria «es una profesora simpática, aunque nos da mucha caña, pero eso es bueno porque nos obliga a que nos esforcemos por aprender». Cada tarde, Sonia Mallorquín se enfunda el dobok y se pone a las órdenes de Serra. «A través del taekwondo», ataja la profesora, «trabaja muchos ámbitos como la rutina, la repetición. y eso es bueno porque ha ganado en coordinación. Cuando Sonia empezó apenas era capaz de realizar un movimiento con extremidad derecha e izquierda a la vez, y ahora tiene una coordinación como la mía», explica.

Las herramientas

La paciencia es la principal herramienta de todo buen maestro. Un profesor debe buscar recursos. «No basta con la repetición, tienes que hallar formas diferentes de explicar una técnica y no estancarte», resuelve. Nuria, le plantea problemas a sus alumnos haciéndolos pensar para que ellos solos se desenvuelvan en el tatami. Y funciona.

Pero la relación de mentora y alumna va algo más allá. Reconoce la primera que es una simbiosis. «Sonia me enseña mucho. Valores, sobre todo el respeto hacia los demás, la tranquilidad o la bondad. Es una deportista muy respetuosa, que siempre lo pide todo por favor», asevera.

El próximo reto para ambas llegará el 27 de mayo en Málaga. Allí, Sonia competirá con sus poomsaes con el resto de categorías. Peleará por una medalla en igualdad de condiciones que sus rivales y compañeros. El trabajo que viene realizando la Federación Andaluza de Taekwondo durante los últimos años es encomiable en este sentido. Encauza a los instructores para el aprendizaje de las nuevas categorías adaptadas, incluidas dentro del parataekwondo. Pero lo hace enarbolando la bandera de la inclusividad.

Así lo hará Sonia. «Estamos trabajando para que supere la barrera de los nervios antes de una competición, de enfrentarse a árbitros y público con confianza», expresa su entrenadora. Y para ello, seguirán con la misma ilusión cada tarde en las clases del pabellón de deportes de Alhendín, sobre una lona en la que se aprende algo más que taekwondo.