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Niegan jugar al fútbol a un niño de 12 años, refugiado en Granada

  • El chico venezolano está bajo la tutela de su tía, pero la RFEF le pide que certifique el asilo político con un documento que puede tardar meses

José Manuel tiene 12 años y vive en el barrio del Zaidín. Como cualquier chico de su edad, cada mañana va al instituto donde estudia Primero de la ESO. Le encanta el inglés, la lengua y la educación física, pero sobre todo jugar al fútbol. Entrena cada tarde en el campo de la Federación y viste los colores del Numancia. Impaciente, espera a que llegue el fin de semana para ponerse el chándal del equipo y acude al campo, pero sólo para mirar a sus compañeros porque a José Manuel, la Real Federación Española de Fútbol no le deja jugar.

El chaval es extranjero y está en España desde hace un año y medio bajo el tutelaje de su tía Rossymar que, al igual que él, llegó a Granada mediante la protección internacional del asilo político. La familia procede de Venezuela. Allí, cuenta su tía que la situación es insostenible. La violencia es palpable en la calle y en el instituto al que debía ir el chico son comunes las navajas y las malas noticias. Se vive una auténtica emergencia económica y sanitaria.

Por eso, Rossymar decidió hace cinco años venir a España con sus tres hijos. Fue, hace año y medio, cuando falleció su hermano quedándose su viuda al cargo de sus dos hijos. La situación al otro lado del Atlántico sigue siendo dura para la madre, por lo que ambas decidieron que José Manuel, el menor de los dos hijos, viniese a España con sus primos y su tía con la certeza de tener un futuro mejor. Dice el zagal que de mayor quiere ser policía, médico forense o futbolista. Y, de momento, le será más fácil ir a la Universidad que jugar al fútbol.

Mercadeo de menores

En España puede hacerlo todo. O casi. Va al a escuela y dentro de unos días harán un viaje a Gibraltar, así que cruzará la frontera sin ningún problema. Tiene la sanidad cubierta y toda la documentación en regla para labrarse un futuro como un granadino más, excepto para jugar al fútbol. Sucede que, a raíz de los casos de mercadeo de menores de los que fueron acusados Real Madrid, Atlético y Barcelona, la FIFA endureció las medidas para el trámite de licencias de jugadores extranjeros. Pero esto no sólo afecta a los grandes del fútbol español ya que, al parecer, éstos podrían haber utilizado equipos satélite para no levantar sospechas. Es decir, clubes de barrio o de municipios metropolitanos, en los que el chico va jugando hasta que al cabo de unas temporadas termina recalando en la cantera de un ‘primera’.

Sin embargo, para combatir estas prácticas, el máximo órgano del fútbol mundial acaba matando moscas a cañonazos. Andrés Fernández es el vicepresidente del CDNumancia y se encarga de tramitar la licencia de José Manuel, desde que llegó al club el pasado mes de noviembre, como hizo con el resto de sus jugadores. Señala que hay otros futbolistas extranjeros en el equipo, pero que la ficha de este jugador es la única que no pasa el filtro de la RFEF.

Niegan jugar al fútbol a un niño refugiado en Granada

Circular 19

«Nos dicen que no cumple con la circular 19, que es la que recoge la situación de extranjeros», explica el directivo. Concretamente, al Numancia le piden el certificado de protección internacional o refugio político, pero este documento puede tardar en llegar de seis meses a dos años, según explica. O quizá nunca llegue.

Rossymar, que se asesora a través de abogados y de la Policía Nacional, ha solicitado al Ministerio del Interior un documento que acredite la situación de su sobrino en España, pero le indican que el NIE que sí posee es más que suficiente para justificar la razón.

El bloqueo es absoluto. El miércoles, Fernández volvió a llamar a Madrid para preguntar en el departamento de licencias de la RFEF por la situación de su jugador. «Me habían dicho que habían remitido su ficha al departamento jurídico y ahora ahí no saben nada. Nos están dando vueltas para aburrirnos», asevera.

La solución podría ser tan sencilla que parece inverosímil que ningún ente se haya atrevido a aplicarla aún. Una cautelar para que niños como José Manuel puedan jugar al fútbol con sus amigos mientras la burocracia resuelve los trámites oportunos. Una medida que se aplica para no cerrar estadios tras actos de violencia, parece no haber sido contemplada en este caso.

Y mientras, José Manuel no entiende nada de lo que ocurre. Juega de lateral izquierdo destacando en las labores de carrilero como un buen asistente y le encanta cómo lo hace Leo Messi. Es un niño muy educado. Tímido, pero cuando se arranca a hablar lo hace desde el corazón. Como todos, no sabe muy bien lo que está pasando. «Lo único que quiero es estar con mi equipo para ayudarlos a ganar el próximo partido», asegura José Manuel.