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cuartos de final

Teodosic ejecuta a Brasil

Milos Teodosic (derecha) lucha por un balón con el brasileño Anderson Varejao./
Milos Teodosic (derecha) lucha por un balón con el brasileño Anderson Varejao./ / AFP
  • Serbia alcanza la semifinal del Mundial tras barrer de la pista a una selección irreconocible

Sasha Djordjevic se ha sentido maltratado durante el Mundial por los árbitros (en el partido ante España, en el que fue descalificado) y por los medios de comunicación (por dar como uno de los seguros medallistas a Brasil, su rival de cuartos), pero el técnico serbio ha defendido siempre la honestidad, la fortaleza y el coraje de sus hombres. Además, encontró en los octavos de final ante Grecia la defensa que había trabajado durante toda la preparación. Todo esto, unido al especial carácter ganador y la calidad de los jugadores balcánicos, dan una combinación casi perfecta. Así, su selección ha llegado a ser uno de los grandes equipos de este torneo y a alcanzar las semifinales, pese a acabar la primera fase cuarto en el ‘grupo de la muerte’.

Teodosic, uno de los talentos puros que aún surgen en Europa y prolongación en la cancha de Sasha, ha ido asumiendo responsabilidad a medida que ha ido avanzando el torneo y, después del brillante partido en la ronda anterior, lo bordó ante la ‘Canarinha’. Asumió el liderazgo ofensivo mientras sus compañeros mantenían la tensión defensiva que les llevó a superar a los helenos. Como su entrenador, cuanto mayor es el reto más motivado está él. Los 13 puntos (acabó con 23) del base del CSKA de Moscú y un parcial de 8-0 le daban la primera ventaja importante en el marcador.

Pero Brasil también ha demostrado en esta Copa del Mundo su fortaleza y la capacidad para mantenerse en el partido sin ser especialmente brillante. Con la habitual claridad en ataque de Marquinhos Vieira y el impagable trabajo de Varejao (8 puntos y 8 rebotes en la primera mitad) volvió a recuperar terreno, pese al flojo partido de Marcelinho Huertas, desaparecido ante Argentina y perdido también contra los europeos. Fue el último atisbo de solidez, un espejismo antes de la tormenta que se avecinaba.

Solidez 'plavi'

La solidez atrás de los serbios les hizo marcharse al descanso por delante (37-32). Djordjevic no sonreía (ha mantenido el gesto adusto y concentrado desde el inicio del campeonato) pero se marchaba al vestuario con la satisfacción del trabajo realizado y con la sensación de que, una vez más en su carrera, estaba en condiciones de superar otro reto que todos consideraban imposible.

Pero si algo tienen los serbios es que, cuando huelen la sangre, no dejan que el adversario se lama la herida, van a por ella. Salieron muy centrados mientras que la ‘Verdeamarelha’ aún no se había enterado de que la segunda mitad había comenzado. Magnano intentó frenar la sangría con un tiempo muerto pero, mientras se dirigían al banquillo, las quejas de Splitter y Vieira les valieron sendas técnicas. Las consecuencias fueron letales: un tiro libre de una falta a Raduljica, cuatro tiros libres de Teodosic y una canasta en juego de Markovic tras sacar del medio de la pista. Siete puntos en una jugada y el marcador en un ya casi inalcanzable 50-34 para los brasileños.

Con los sudamericanos noqueados, Serbia no cejó en su presión. Krstic ofreció sus mejores minutos en España y el tercer cuarto acabó con aroma de victoria para los exyugoslavos (66-44).

El último periodo fue de exhibición, con triples imposibles, mates tras grandes pases, Teodosic con el yoyó en la mano viendo pasar los minutos antes de irse a descansar ovacionado por la grada, y minutos para disfrutar los serbios y prolongar la agonía para los brasileños, hundidos tras el desastre y pensando en que ellos mismos habían torpedeado su barco.

Ni ante el partidazo de los suyos Djordjevic sonrió. Ni por esas. Abrazó y felicitó a sus hombres con cariño, energía y fuerza y se sentó por vez primera. Cuando acabó el partido dejó a los suyos festejar el éxito en el centro del campo mientras les esperaba en el túnel de vestuarios. Un respiro antes del siguiente objetivo. Para un hombre que se ha alimentado de gloria toda su vida, Brasil ya es pasado, queda atrás. La mirada ya la ha fijado en el desafío de la semifinal.