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Baloncesto | Mundial

Un Astérix dentro de Obélix

Diaw (d) intenta robar el balón a Haddadi.
Diaw (d) intenta robar el balón a Haddadi. / AFP
  • El juego de Francia pasa por Diaw, el auténtico cerebro galo en un cuerpo de un jugador aparentemente fuera de forma

Cuando uno lo ve calentar antes de un partido sin conocerle se llega a plantear qué hace un jugador así en un equipo tan atlético como Francia, si será parte del cuerpo técnico. Rodeado de jugadores con el físico longilíneo de Nicolas Batum, Mickael Gelabale o Rudy Gobert, parece más un jugador retirado que una estrella del baloncesto europeo y uno de los jugadores más inteligentes y que mejor saben gobernar un partido de toda la NBA.

La camiseta de manga corta y ajustada con la que juega el combinado galo esta Copa del Mundo tampoco ayuda demasiado a disimular sus generosas curvas. Pero Boris Diaw no es precisamente un tipo al que haya que obligarle a cumplir una severa dieta para que alcance la plenitud sobre la cancha. En un mundo en el que el músculo se está imponiendo, su herramienta fundamental es la cabeza, y esa la tiene más que lúcida. Es el más listo de la clase. El pívot francés piensa más rápido que el resto. Visualiza y ejecuta. Siempre en beneficio del equipo, poniendo su ego al servicio de los suyos.

Además, bajo esa capa de tipo pesado, lento y torpe, se esconde un todoterreno ágil, de acciones estéticas y coordinadas. Es capaz de parecer agotado y cruzar el campo con una carrera cansina apoyando todos sus kilos sobre las puntas de los pies y, en la jugada siguiente, aguardar al croata Simon tranquilamente y esperar que entre confiado a canasta para colocar un humillante tapón.

Pero su valor es su inteligencia. Es el jefe sobre la pista, la prolongación de Vicent Collet en el campo. La decisión bien tomada, la solución lógica. Diaw es Astérix, el líder de los galos, aunque la primera impresión es la del bonachón Obélix. Por eso es un jugador tan valorado por Gregg Popovich, el eterno entrenador de los San Antonio Spurs, la franquicia con el estilo más europeo de la NBA y la vigente campeona de la liga estadounidense. El poste de 32 años ayuda a dar sentido al juego, junto a auténticas figuras ya históricas del baloncesto como Tim Duncan, Manu Ginóbili o su compatriota Tony Parker. Junto al base, forma la extraña pareja de Francia, la que llevó a 'les bleus' al título continental el pasado año. La ausencia del director de juego en el Mundial de España, además de limitar las armas anotadoras galas, dejan al polivalente poste con el mando absoluto de las operaciones de su selección. Porque nadie discute que Batum es la referencia ofensiva, pero dista mucho de estar a la altura de su compañero en carisma y capacidad de liderazgo.

No es de extrañar que su jugador favorito sea 'Magic' Johnson. Diaw, como el ex de los Lakers, tiene el bote y la visión de juego de un base, el tiro de un alero y los movimientos en el poste bajo de un coordinado pívot. Por eso, los rivales centran sus esfuerzos defensivos en detenerle. Por eso, España le prestará especial atención en el duelo de cuartos de final, como Juan Antonio Orenga y Ricky Rubio adelantaron tras derrotar en octavos a Senegal. El director de juego catalán destacó al '13' y a Batum como “los hombres importantes” del vecino.

El técnico español fue más explícito y destacó a Diaw como “el centro” del juego galo. “Es muy inteligente, un base colocado cerca del aro”, comentó. Además, señalaba su capacidad para crear “muchas situaciones para sus compañeros”. De hecho, remarcó como una de sus grandes virtudes su habilidad para jugar al poste, centrar la atención de la defensa y así abrir el campo para el resto del equipo. “Y cuando pasan por momentos difíciles, él siempre aparece”, sentenció Orenga. Diaw, como el señor Lobo en 'Pulp Fiction', esel encargado en Francia de solucionar los problemas.