Ideal

Octavos de final

El último respiro

Pau Gasol.
Pau Gasol. / EFE
  • España se clasifica para cuartos tras derrotar a Senegal en un partido sin brillo y demasiado desequilibrado

España no puede quejarse de cómo se le está dando esta Copa del Mundo. El camino no puede ser más del gusto de un equipo que aspira a llegar lo más lejos posible. Abrió boca en Granada con los dos equipos más débiles de su grupo (Irán y Egipto), ideal para tomar el aire al torneo, soltar la tensión inicial y, mientras, poder estudiar el estado de sus rivales más exigentes antes de enfrentarse a ellos.

Además, en las eliminatorias por el título en las que se encuentra envuelta tampoco le van mal las cosas. De momento, Estados Unidos va por el otro lado del cuadro, con lo que es un reto que aún queda lejano. 'La Roja' se ganó el merecido derecho a un cruce relativamente sencillo en los octavos de final tras acabar primera de grupo. Y eso consiguió. Un duelo de poco desgaste, muy apropiado para guardar fuerzas para el combate que separa a los buenos equipos que se quedaron a un paso de la gloria de aquellos que lucharán por las medallas. Ahí espera Francia, al que se ganó con claridad hace unos días pero que seguro que planteará un encuentro duro y muy físico el próximo miércoles. Todo aliento reservado, es un esfuerzo aprovechado más adelante.

El cuarto clasificado del grupo B se ganó el premio honorífico de la cenicienta del campeonato y, posiblemente, era el rival más débil de los que seguían vivos en el Mundial. Senegal, tercero de África era, por tanto, un comienzo más que plácido de la etapa decisiva. Sonaba más a partido clasificatorio de trámite que a choque trascendental. Sobre todo, después del repaso que 'La Roja' infligió al conjunto dirigido por Cheikh Sarr en la preparación.

Por eso, nadie pensaba en otra cosa que no fuera una victoria por una amplia diferencia. Una renta corta sonaba a decepción y una derrota se antojaba como el imposible que nunca existe en el deporte, como la superación del 'angolazo' de los Juegos Olímpicos de Barcelona en 1992.

Pero esta España no decepciona. Tiene ese aire de los equipos grandes, los que imponen desde el momento de saltar a la cancha y ganan la batalla mental antes del salto inicial. Después, los Gasol, Navarro y compañía se encargan de llevar esa superioridad al juego.

Los senegaleses dieron la sensación de salir a protegerse del chaparrón. Parapetados atrás y dejando más sueltos de lo habitual a los exteriores. Mala elección, porque Ricky Rubio conectó fácilmente con Pau, que lo mismo metió un tiro exterior, que machacó el aro, que hizo de palomero al estilo del mejor Iturriaga. El poste de los Bulls comenzó el choque acaparando 14 de los 19 primeros puntos de España,hasta que Juan Antonio Orenga decidió darle descanso. El base de El Masnou ejerció de escudero de lujo como brillante surtidor de balones, y su sustituto, Ibaka, le tomó el relevo en la anotación.

En ataque todo marchaba según lo previsto, no así en defensa, en donde aún se echaba de menos el punto extra de intensidad mostrado en la primera fase. Quizás los jugadores también notaron el descenso de decibelios en las gradas del Palacio de los Deportes de Madrid con respecto a Granada. Otro aspecto a mejorar de cara al cruce de cuartos contra Francia. La presión de la grada va a contar cada vez más y debe aportar lo que le toca.

El cuarto inicial se fue con una cantidad de puntos (23-17) que se acercaba a la obtenida por Francia y Croacia en toda la primera parte.

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Senegal se fue creciendo y se fue volviendo más peleón y móvil. Su persistencia para cargar el rebote ofensivo, algo de lo que ya había avisado Orenga, les daba segundas opciones de tiro que no siempre aprovechaban. La ventaja de los anfitriones se mantenía dentro de la comodidad. La eliminatoria no se rompió antes del descanso por la falta de acierto en el lanzamiento exterior de 'La Roja' (un triple de 11 intentos), porque la sensación de dominio superaba la que señalaba el marcador (41-28).

Se demostró que tampoco hacía falta. Porque la mejoría defensiva, combinada con decisiones acertadas y buenos movimientos de balón abrieron la brecha definitiva (si no lo eran ya las anteriores) por encima de los 20 puntos (53-21, minuto 25).

Con el partido encaminado, un pique entre Rudy Fernández y Ndour y la discutida actuación arbitral, con técnicas al propio Rudy e Ibaka, animaron a la grada. Todo valía, porque todavía quedaban demasiados minutos como para dejarlos pasar sin diversión. Había que aprovechar cualquier oportunidad para disfrutar.

Madrid pidió a Reyes y lo tuvo. Pero España había entrado ya en una fase en la que se olvidó por vez primera en el torneo del “partido a partido” y comenzó a pensar en Francia. Y se dejó llevar. Aún en esta situación, los españoles son superiores a la mayoría de los equipos, Senegal es uno de ellos. Por eso, el partido transcurrió al borde del sopor, con Calderón luciendo desde el triple y Reyes bajo el aro y con Orenga repartiendo minutos y descansos. Se antoja el último respiro del Mundial.