Ideal

primera fase

A España sólo le preocupa España

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Pau Gasol. / Javier Soriano (Afp)

  • Los de Orenga alcanzan la cuarta victoria consecutiva con un trabajo sólido y fiable ante una Francia bien plantada

Era un gran día para celebrar. Se cumplían ocho años del oro de Japón, de aquel mágico partido en Saitama ante Grecia que acabó con un aplastante 47-70. Fue el punto de inflexión en el que se volvió a hablar de BA-LON-CES-TO y es el éxito que Juan Antonio Orenga y los suyos quieren repetir como anfitriones.

También estaba de celebración Ricky Rubio, que alcanzaba su centésima internacionalidad, una barbaridad cuando apenas cuenta con 23 años. Con su juventud, está llamado a colarse entre los más grandes nombres de la selección por títulos y por longevidad. Se regaló un partido sobresaliente, como los que está protagonizando en todo el torneo. Está siendo fundamental sin necesidad de anotar apenas. Su papel es ayudar, defender, robar y repartir para que decida el compañero en la mejor condición -algo nada fácil cuando se juega con un solo balón y tantos jugadores buenos, comentó el base en la previa-. Si encima mete, pues miel sobre hojuelas.

Y la noche prometía porque, además, el rival es de los que gustan: Francia. Un buen equipo con el que se han cruzado últimamente en ocasiones importantes y en las que se han ido acumulando cuentas pendientes, individuales y colectivas. La última, la del pasado Europeo, en la que los galos apearon en semifinales a los españoles de la lucha por el oro.

No había afán de venganza, repetían todos los miembros del equipo español cuando se les preguntaba por el partido ante los vecinos. Da igual cómo se llame. Venganza, revancha, ganas o, simplemente, hacer bien el trabajo. El caso es que 'La Roja' cumplió con lo que Juan Antonio Orenga y los propios jugadores se exigían y con lo que la entregada afición de Granada les pedía.

El seleccionador tiene una máxima: "Jugar contra España es duro, pero hacerlo en España es mucho más duro todavía". Y sus pupilos ponen el empeño en que así sea desde el primer minuto. Desde la primera defensa. El ataque inicial de Francia se consumió sin tiro y el segundo acabó con un robo de Ricky. Recordaba al partido de Brasil. Pero un acierto exterior más terrenal que en la jornada anterior y la mejor puesta en escena de los 'bleus' mantenía el marcador igualado. Y el primer cuarto se esfumó a velocidad de vértigo, casi en tiempo real. Sin interrupciones y con sólo cinco faltas señaladas entre los dos equipos.

A Francia había que frenarla parando a Boris Diaw, esa estrella con cuerpo de jugador retirado pero que mide su calidad por arrobas, entiende el juego como nadie y hace todo lo posible por controlar el tempo del duelo y llevarlo a su terreno. El otro eje galo es Nicolas Batum, el enemigo público número uno de la hinchada local. Los desencuentros vividos con algunos de los representantes locales y su calidad (porque cuando el enemigo es bueno, duele más) lo han colocado en la picota hispana. Con el pívot se logró el objetivo, mientras que el de los Blazers creaba más problemas al llevar al poste bajo a sus defensores, más pequeños y menos atléticos. También brilló con su habitual uno contra uno acabado con un tiro desde la bombilla. Guste o no, Batum es una de las estrellas del campeonato.

Pero España evoluciona favorablemente. También en lo táctico. Hoy, por ejemplo, mostró por primera vez una defensa zonal, un recurso que puede resultar muy útil en una hipotética final contra Estados Unidos.

Y cuando los partidos no salen tan redondos, 'La Roja' tiene un grado de solidez que le permite dominar con cierta holgura. Es un coche de lujo con una carrocería que soporta cualquier situación adversa y un motor más que fiable.

Es fuerte, resistente y estable. Eso le permite castigar al rival cada vez que falla y se descuida, y se nota en el marcador. Sin grandes alardes, se fue al descanso con la máxima ventaja (44-34) y la sensación de dominio del choque. Y la salida de vestuarios fue aún mejor (52-36), con un Llull que se ha erigido en el Felipe Reyes de la línea exterior. Los minutos que le da el jefe son de calidad y entrega. Los españoles supieron manejar con solvencia esta renta hasta el final. Sin alardes pero con eficacia. Hasta que decidieron finiquitar el duelo por K.O. cuando quedaban siete minutos. Tres ataques brillantes y un 72-54 sin solución ya para los galos.

Orenga insiste en que se fija poco en el rival. Porque lo que le preocupa es su equipo. Si España está a su nivel, lo demás importa poco.

Esta noche Francia hizo un buen partido. Bien plantado atrás, buscando buenas soluciones ofensivas e intentando desestabilizar a los hombres importantes con el otro baloncesto, el que se intenta jugar lejos de los ojos de los tres árbitros. Ni por esas. Nada le sirvió. A este equipo no le descentran las artimañas rivales ni la euforia propia. Así, no hay quien pueda con ellos.