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Jordi Pardo realiza una penetración a canasta en un encuentro del CB Granada.
Jordi Pardo realiza una penetración a canasta en un encuentro del CB Granada.

BALONCESTO

El internacional que quiso arraigar en Granada

  • El barcelonés Jordi Pardo fue el primer jugador que militó en el 'Cebé' con la vitola de haber representado a España

Pasó a los anales de la historia del baloncesto local por ser el primer jugador internacional absoluto con España en militar en el CB Granada. Y, en casi igual medida, por ser componente de la plantilla con la que el extinto club compitió en la Liga ACB, hace ahora veinte temporadas. Pero lo cierto es que a la semblanza que cabría realizar sobre el antiguo escolta profesional Jordi Pardo Lázaro (04/05/1968) podría unirse algún matiz interesante más. Y es que aquel barcelonés que llegase procedente del CB Salamanca, el desaparecido equipo al que precisamente se compraron los derechos para competir también en la Copa Korac, hoy reconoce que «me habría gustado continuar» en la formación nazarí al término de aquella única campaña 1996/97 en la que defendió sus colores. Casado y con dos hijos lleva «quince años trabajando» en Gerona como representante de una empresa de venta y distribución de jamones de Guijuelo mientras «de vez en cuando» se echa sus «pachanguitas». Pero lo cierto es que asegura que no logra olvidar que la de la Alhambra era una ciudad «en la que se vive estupendamente» y se sintió «muy bien tratado» tratado.

Pardo se incorporó al colectivo comandado por el presidente José Luis López Cantal tras haber disputado 21 partidos con el combinado nacional juvenil, 8 con el de promesas, 32 con el Sub 22 y 3 con el absoluta, lo que había sido consecuencia de su buen hacer previo en el Joventut de Badalona -con quien fue campeón de Liga y de Copa en un par de oportunidades- o en el Valvi. Pero a pesar de que por entonces tenía 28 años, y parecían haber pasado sus mejores momentos, no admite que se le diga que vino estando ya 'de vuelta'.

«Me gustaba jugar»

«No, ni mucho menos. Me gustaba mucho jugar. Y siempre he sido muy competitivo, tratándolo de hacer en cada momento lo mejor posible», desgrana quien en su época de esplendor había sido catalogado como el sucesor de Jordi Villacampa. Ese mismo que bajo las órdenes del técnico leonés José Alberto Pesquera se recuerda formando de una plantilla «con una mezcla de juventud y experiencia» en la que sólo detectó un lunar. «Frankie King fue uno de los norteamericanos más especiales e indisciplinados con que me crucé a lo largo de mi carrera. Venía de su país y lo cierto es que le costó adaptarse. Además, era bastante anárquico pese a ser un muy buen jugador. Y eso tampoco sentaba muy bien en un grupo», del que Pardo apostilla que «cumplió» en los dos frentes de competición que tuvo que afrontar. En la Korac, donde el 'Cebé' fue eliminado en dieciseisavos de final, «no creo que pecáramos de pardillos, porque había jugadores como Tinkle, Montes, Talaverón o yo que ya habíamos jugado en Europa. Pero sí que es verdad que en el partido de vuelta ante el Banco de Roma nos hicieron una buena encerrona con un arbitraje muy casero, que era lo normal».

«Y en España -sigue señalando a propósito de la décimo tercera plaza lograda en la Liga ACB- hicimos un papel bastante digno teniendo en cuenta que éramos un equipo nuevo, que estábamos debutando». Ahora bien, éste, que se caracterizó por su franqueza, admite que en la máxima categoría nacional «teníamos que haber hecho más, porque al final nos dejamos ir», lo cual fue consecuencia del «ambiente deterioró con las indisciplinas y demás».

El caso es que en la competición doméstica Jordi Pardo fue el sexto jugador más empleado por Pesquera llegando a disfrutar de 660 minutos repartidos en 34 partidos en los que promedió 6,02 puntos y 0,88 asistencias para un total de 3,24 de valoración. Unos números que fueron inferiores a lo esperado - Alfredo Fabón le llegó a tomar la delantera- y que pese a influir poderosamente en la decisión de que no continuase no empañan la grata imagen que se llevó del club y el lugar.

«No tuve oferta para renovar. Pero sí, me habría encantado, porque hubiera querido seguir», expone partiendo de la base de que «los recuerdos son muy buenos. Estuve bien en el equipo. Yo había jugado por entonces en conjuntos importantes. Y el paso por Granada me aportó experiencia. Y, aparte, me gustaba muchísimo la ciudad, que tiene relativamente cerca la montaña y la playa y en cierta manera me recuerda un poco a Gerona, que es donde nació mi mujer».

Y donde se encuentra ahora que ha dejado atrás la carrera deportiva que prolongaría por dos temporadas más en Portugal con la UD Oliveirense y con un contrato temporal en el Joventut de Badalona. «Tras retirarme (en 2000) estuve escribiendo artículos de opinión en el Diario de Girona. Y comentando por la radio los partidos del Akasvayu. Pero el año de Salamanca (1995/96) conocí a una gente de una empresa de jamones -Juan Manuel Hernández S.A.- que me ofreció llevar su representación. Así que empecé a trabajar con ellos teniendo la suerte de que son serios y de que tienen muy buen producto, lo que influye en que me encuentre muy bien», concluye mientras hace un último guiño a Granada. Y es que aunque dice que «en todo este tiempo no se ha dado la oportunidad de volver aunque sea de visita» reconoce que quedó tan cautivado por la ciudad de la Alhambra que «estoy deseando hacerlo».