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Berni Castillo intenta acceder a la canasta durante el partido. / Alfredo Aguilar

BALONCESTO

El elevado precio de la misericordia

  • Un buen Covirán pone contra las cuerdas al líder, al que luego perdona al ceder en la prórroga

Javier Llorente, entrenador del Marín, reconoció en rueda de prensa que su equipo había gozado una vez más de la dosis de fortuna que siempre acude a su rescate en los partidos igualados. Por culpa de esa suerte que parece acompañar sin excepción a los gallegos, el Covirán se quedó con la miel en los labios tras la prórroga (81-86). Empero, también influyó en ese resultado adverso la misericordia mostrada por los anfitriones ante un rival que acaricia ya su ascenso directo a la LEB Oro.

El conjunto nazarí tuvo la victoria en su mano durante varios momentos. El más claro y con el que muchos aficionados seguramente recordaron anoche en sueños fue la posesión de trece segundos con el electrónico igualado (70-70). Aunque Pablo Pin esgrimiera después que la jugada había salido como se planeó, cuesta creer que la intención fuese meter la bola para que Jesús Fernández recibiera a cinco metros, de espaldas y con apenas dos segundos de tiempo para lanzar. El resultado, obviamente, fue mandar el partido al tiempo extra.

Además de ese instante en el que se le apagaron las luces, a los granadinos le pudieron las ganas por sentenciar al líder. El Marín deambuló sobre la lona en un par de ocasiones y el Covirán se apresuró por propinar el golpe de gracia. Sin embargo, de tanto ímpetu que tomó siempre erró al dar la puntilla, lo que otorgó más de una vida extra a unos gallegos que respiraron aliviados al recibir una y otra vez la amnistía de su oponente. Ese regalo no lo malograron los foráneos, que al final acabaron llevándose el triunfo de vuelta a Pontevedra.

A ese desenlace abierto se llegó después de un encuentro en el que el Palacio de los Deportes y los cuatro mil espectadores que albergó vibraron al oler en el ambiente la sangre de un líder que empezó a un ritmo endiablado y que, de manera paulatina, se vino abajo ante una de las mejores versiones del Covirán de la campaña. Los puntos de Javonte Green sostuvieron a Marín, que echó en falta a su otro estadounidense -Gabe Rogers- y que concedió de manera descarada a los nazaríes la batalla interior. El primer clasificado de la LEB Plata se desentendió del rebote y jugó todas sus bazas en una circulación de balón que permitió buenos tiros (17-21).

Precisamente ese fue uno de los aspectos en los que más le costó afinar a los hombres de Pablo Pin. La entrada de Duane James y el inicio del festival de Berni Castillo paliaron en parte un panorama en el que hubo demasiadas pérdidas de balón por malos pases en ataque. Con Marín entonado desde más allá de la línea de 6'75, el técnico granadino reclamó una pausa de un minuto que sentó de maravillas a sus jugadores. Un parcial de 11-0 transformó el preocupante 24-36 con el que se distanciaron los pontevedreses en un reconfortante 35-36 con el que se llegó al tiempo de descanso.

Los nazaríes habían salvado una bala que se dirigía de lleno al músculo más importante, un corazón que regresó a la vida gracias a su buena defensa y al apoyo de sus aficionados antes de que fuese demasiado tarde. El Covirán no aminoró tras la reanudación y cabalgó unos minutos más al rebufo de los cánticos de sus seguidores, que se asombraron ante las acciones de un pletórico Berni Castillo. El escolta Schoof se le unió en ese despliegue ofensivo con el que los anfitriones se alejaron por hasta siete puntos. Stone confirió mayor contundencia en las cercanías del aro y la zona hizo el resto en pista trasera.

Aun así, el Marín no desesperó y continuó delegando en Green, quien se encontró un aliado insospechado en Ferreiro. El timonel del líder emergió para asumir las riendas de un duelo que se le había complicado en exceso a un club que ya saborea la LEB Oro a la que subirá de manera directa salvo hecatombe. El base se zafó de la oposición de los nazaríes para virar el encuentro a un escenario más favorable para los intereses de los gallegos.

En ese sentido también influyó que el Covirán 'murió' por el éxito de Berni. El alero jienense las enchufaba desde todas las posiciones y eso convirtió en predecible al ataque granadino. Sus compañeros se limitaron a pasarle la bola para que su caliente muñeca decidiera como hasta entonces, por lo que a poco que se enfrió llegó un pequeño bache (0-6) que devolvió el desasosiego a las huestes nazaríes.

Un rebote ofensivo más canasta de Stone y un triple de Jesús Fernández apagaron ese incendio, que Ferreiro se encargó de avivar a un minuto del final (64-70). El coraje se materializó en Iván Martínez, cuyas penetraciones a canasta colocaron a los granadinos a dos puntos cuando parecía que sólo la épica podía cambiar el sino del partido. Ahí apareció de nuevo Berni para robar un balón, recibir la antideportiva y acertar con los tiros libres. El Covirán tuvo así una última posesión que desperdició, por lo que fue necesario ir a la prórroga.

En esos cinco minutos, Schoof cogió el relevo de un exhausto Castillo, aunque el jugador de Fairfax terminó claudicando en ese pulso ante Green, que anotó ocho puntos en el tiempo extra (30 al final). Martínez aportó esperanza desde la línea de personal para suscitar otra remontada nazarí, pero en esta ocasión la hoja del debe acumuló demasiadas imprecisiones, especialmente a la hora de mirar el aro. Esas precipitaciones en el tiro en los momentos candentes indultaron a Marín de una derrota cierta que habría puesto cuarto al Covirán, al que su condición de buen samaritano le jugó una mala pasada.

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