Ideal

BALONCESTO

Sammic imanta la brújula nazarí

fotogalería

Jesús Fernández y Stone intentan coger un rebote ofensivo rodeados por tres jugadores del Sammic. / Ramón L. Pérez

  • El Covirán pierde el norte en los últimos minutos de un encuentro celebrado en un Palacio de récord, con más de 4.000 personas en la grada

Los más de cuatro mil espectadores que se reunieron ayer en el Palacio de los Deportes -récord de la LEB Plata y que supera incluso las cifras registradas en algunas canchas de la ACB- despidieron con un prolongado aplauso a los integrantes del Covirán Granada. Esta escena, con los jugadores en el centro de la cancha, se ha convertido en habitual durante esta temporada, sobre todo porque la mayoría de las veces había una victoria que festejar. Ayer no se dio ese ingrediente final, pero la grada quiso reconocer el esfuerzo de un equipo que se dejó la piel en la pista y que salió trastabillado tras ponerse él mismo la zancadilla.

Sammic se llevó la victoria en un partido vibrante que podría haber caído hacia cualquier bando, pues a menos de tres minutos para el final reflejaba un abierto empate a 66. En ese momento, los guipuzcoanos demostraron estar un poco más maduros que los nazaríes, que se hicieron el harakiri a base de una pésima circulación de balón en ataque con la que fulminaron cualquier opción de encaramarse aún más a la parte alta de la clasificación.

La segunda plaza queda ahora un poco más lejos, especialmente si el equipo de Azpeitia no aminora el ritmo en los siete partidos que restan de fase regular. La situación empeora si se tiene en cuenta que los granadinos han perdido sus dos encuentros ante ellos, circunstancia que siempre pesará en contra de los intereses del Covirán en materia de 'averages' y empates en la tabla. Quizá por eso los aficionados que atestaron el pabellón del Zaidín quisieron reconfortar el ánimo de los jugadores, los mismos que les han hecho soñar durante los meses anteriores y que a buen seguro seguirán haciéndolo una vez arranquen los 'play offs' de ascenso, con independencia del puesto que ocupen de cara a esas eliminatorias.

El contrario desenlace empezó a mascullarse a partir del segundo período, pues en el primero el trabajo ofensivo de los granadinos brilló como nunca. Siete asistencias repartió Jorge Fernández en un bloque que además se mostró certero con los triples (4/5). El entrenador Iker Bueno llamó a filas a su Sammic en vista del inicio arrollador del partido, que poco a poco fue virando hacia el lado de los visitantes.

La entrada de Semple proporcionó otro aire a la escuadra guipuzcoana, que con un triple sobre la bocina del estadounidense evitó que los anfitriones se distanciaran demasiado (22-18). El único lunar en el desempeño del Covirán fueron las dos faltas de Duane James, lo que condicionó demasiado pronto a un juego interior que, hasta ese momento, había logrado minimizar el daño ocasionado por la pareja de hombres altos del oponente.

La gran envergadura del quinteto del Sammic había pasado inadvertida al estar finos los nazaríes en los lanzamientos exteriores, pero cuando se estrechó el aro desde más allá del 6'75 comenzaron los inconvenientes. Penetrar en la 'pintura' se convirtió en una tarea imposible para el quinteto en pista del Covirán, que lo intentó tanto a base de físico como con formaciones más 'bajitas'. Ninguna de ellas surtió efecto para corregir el rumbo de la brújula y los visitantes establecieron un duro parcial de 0-14 en seis minutos de despropósitos nazaríes.

El mejor reflejo de esa inoperancia en ataque fue el 1/7 en triples de Berni Castillo, quien cayó una y otra vez en la trampa del rival de 'flotarle' para que lanzara de tres ante su falta de puntería. Eso sí, la plantilla de Pin cuenta ahora con Iván Martínez, cuya garra acudió al rescate para probar a sus compañeros que el camino para sumar estaba en las posiciones interiores, como también había dejado patente Jesús Fernández. Esa reacción habría sido completa de haber estado atinados con los tiros libres, pues se fallaron cinco consecutivos que podrían haber igualado la contienda antes del descanso (33-38).

El discurso de Pablo Pin en vestuarios reactivó la defensa de los locales, aunque en ataque continuaron moviéndose como si trataran de correr con los pies descalzos sobre cinco metros de nieve en polvo. Las canastas sí empezaron a sucederse en distancias más cortas, pero siempre en acciones individuales y no tras una buena elaboración. Cirkovic y Oroz, con un triple en el último suspiro, dañaron en el tercer acto el ánimo de los granadinos pero estos nunca se despegaron en el marcador. Con la grada muy encima tanto de los colegiados como del rival se entró en los últimos diez minutos, en los que Stone ilusionó al aguantar como un coloso con cuatro faltas para dar mayor consistencia bajo los tableros.

Los rebotes ofensivos colocaron al Covirán por delante con una renta casi impensable a tenor de lo presenciado (63-57), pero el tiempo muerto reactivó a Sammic, que con un 0-7 recuperó el mando en el electrónico. Berni -treinta puntos pero irregulares porcentajes- anotó el primer triple nazarí en más de veinte minutos y Marcius aprovechó la endeblez de un James cargado de personales para igualar a 2.50 del final (66-66).

Entonces se produjo el hundimiento de los granadinos, que perdieron el norte de manera incomprensible y extraviaron hasta siete posesiones en el último cuarto -23 en todo el partido-. Las contras y canastas fáciles del Sammic agravaron el castigo a un Covirán que siguió lanzando puñetazos pese a saberse perdedor. El carácter no salvó en esta ocasión a un equipo que ve frenada su racha de seis victorias consecutivas y la euforia que se había desatado en las últimas semanas. Esto último puede ser hasta positivo. El tiempo lo dirá.