La cumbre del belén

La cumbre del belén
Postal de Navidad

La luna llena ilumina el Trevenque para contemplar la ofrenda de la Navidad

Juan Enrique Gómez
JUAN ENRIQUE GÓMEZGRANADA

La noche se ha cerrado sobre las vaguadas; el hielo endurece las laderas dolomíticas de gravas sueltas, que amenazan el paso de quienes desafían los elementos para ascender hacia la cumbre del rey de la sierra media. El viento del noroeste silba entre las repisas de tierras blandas, erosionadas, que contemplan un abismo de arenales blancos en los que se oculta un paraíso relicto donde la naturaleza guarda joyas únicas, legado de eras geológicas olvidadas, antiguos mares, lagos y glaciaciones. Un pequeño grupo de personas asciende por la estrecha senda que discurre sobre morrones de rocas de aluvión que el tiempo ha arrancado de las cumbres para suavizar la base de la montaña. Recorren un camino en el que reconocen piedras y recodos, para coronar el pico del Trevenque y llegar más cerca de las estrellas, donde en la noche de Sierra Nevada es posible tocar el firmamento.

No es una noche más, es víspera de Nochebuena. Los montañeros llevan en sus mochilas el símbolo de Navidad, un pequeño belén para situarlo entre las rocas de la cumbre y celebrar la Pascua en comunión con el espíritu de la gran montaña nevadense. Caminan en silencio, atentos a los sonidos de la noche, el ulular de los búhos, el paso nervioso entre los roquedos de zorros alertados por la presencia humana, la caída de guijarros en los despeñaderos que delata la huida de cabras montesas, espantadas de sus apriscos naturales, voces de la naturaleza que se mezclan con el crujir de la escarcha bajo los pasos de los portadores del belén.

Esa noche no llega la oscuridad, desde el noreste el horizonte clarea con la luz de la luna que, poco a poco asciende hacia la cumbre y baña la senda de una tenue luz que apaga las sombras mientras dibuja el trazado sinuoso de un sendero de pasos casi imposibles, ocultos entre las aristas.

En la cumbre, el belén se alza sobre las rocas más escarpadas, los portadores se abrazan satisfechos por cumplir, un año más, con la tradición de celebrar la Navidad en lo más alto de las montañas. Desde el Trevenque miran al oeste para contemplar las mil y unas luces de la ciudad. Y al este, a sus espaldas, las altas cumbres de Sierra Nevada cubiertas de un manto blanco. La luna llena se alza en el cielo para señalar la cima del belén y emular la estrella de Navidad.

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