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Lapido & González: cuidado con los perros

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Ignacio Lapido y Quique González, en un concierto memorable. / J.J.G.

  • 'Soltad a los perros' no ha sido una reunión de 'todos estrellas' al uso para hacer caja, sino que han hecho un considerable trabajo de mesa previo

La gira conjunta de José Ignacio G. Lapido y Quique González nació en Granada y se reservaron la vuelta para el final, con el equipo rodado y el concierto ya cuadrado. Un detalle al que respondió el público llenando el Auditorio Falla (incomprensiblemente no se abrió la sala B, que se hubiera completado también). Casualmente un recinto en el que las primeras guitarras eléctricas que sonaron fueron la suya y la de su hermano Javier, con Aldar, hace treinta años ya. Desde entonces se sabe que no es el sitio más indicado para las músicas altisonantes, pero la buena voluntad y las ganas del oyente suplen los efectos de una arquitectura calculada para otra cosa. Imperdonable en cambio fue la iluminación, que durante la primera mitad fue un despropósito.

Felices

'Soltad a los perros' no ha sido una reunión de 'todos estrellas' al uso para hacer caja, sino que han hecho un considerable trabajo de mesa previo y supongo que los temas han ido creciendo sobre la marcha hasta coger su forma definitiva -¡coreografías incluidas!- redimensionando los originales con una alineación de hasta cuatro guitarras en formación y seis voces. Se les notó felices (no suele verse a Lapido sonreír tanto) mientras que el madrileño es de un entusiasmo contagioso y sus miradas de soslayo al granadino eran fulminantes rayos de placer y admiración.

El intercambio de papeles permitió comprobar que siendo ambos «cofrades de la hermandad del rock and roll» entre sus escritos hay grandes diferencias de calado, las que hay entre física y metafísica o entre Sócrates y Chester Himes, John Ford y Erice; unas complejas y de largo alcance que van dejándose abordar con atención y dedicación, y otras de acceso inmediato. Las dos juntas abarcan todo el tiempo del mundo.

Aún siendo viernes de rebajas no hubo descuentos, entregaron dos docenas de canciones rozando las dos horas y media de espectáculo, y con una banda cómplice, encajada y entregada. El 'Perro mágico' fue el primero en ladrar, luego llegarían 'La luna debajo del brazo' y 'El carrusel abandonado', 'Me agarraste' y 'Luz de ciudades en llamas' en un primer bloque en el que el septeto estuvo soberbio, generosamente compartiendo espacios y líneas -Lapido se reservó algunos punteos punzantes de esos que hace anclado en suelo con la pierna derecha atrás y tensando los labios a lo Bogart- , con un Quique pirindoleando por el escenario mimando y alentando a sus compañeros. 'Kid chocolate' sonó en plan 'cuidado con los perros', común cañón, dejando casi en tirillas el bloque siguiente ('Backstage', 'El más allá', 'Dallas Mephis' y 'En medio de ningún lado').

Ambos se rindieron a un tema que los dos han grabado por separado: 'Algo me aleja de ti', recibida con «ooohhs» de emoción, pero nada comparable a la ovación y el coreo generalizado: 'Ceeeero.-ceeeero..', que acompañó el anuncio tan solo de una canción de 091 sin saber que iba a ser 'Nubes con forma de pistola', «la última que grabaron» según contó González. Estábamos ya en el bis, prolongado en un segundo con 'Vidas cruzadas', 'Cuando el ángel decida volver' y '¡Donde está el dinero', rematada en un final feroz con el perruno nombre de la gira que ya acaba. ¿sin descendencia? Habrá que ver si esta luna de miel que han vivido Lapido y González termina aquí o deja algún recuerdo para dentro de unos meses. Así los muchos miles de espectadores de sus conciertos tendrán algo que llevarse a la boca del lector de cedés. La larga ovación final todavía esta resonando en el Falla.