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En la imagen, el poeta Pablo del Águila en una de las pocas imágenes que existen de él.
En la imagen, el poeta Pablo del Águila en una de las pocas imágenes que existen de él. / ARCHIVO FAMILIAR

Pablo del Águila, poesía íntegra

  • POESÍA

  • El investigador Jairo G. Jaramillo recupera la producción completa del escritor, uno de los autores más relevantes y desconocidos de Granada, en ‘Poesía Reunida’ (Bartleby Ediciones)

Más de 20 años ha tenido que esperar Granada para recuperar a Pablo del Águila, uno de sus autores más brillantes y desconocidos. La obra del poeta, que murió en 1968 con apenas 22 años, en el momento más productivo de su vida, ha estado dormitando desde que Juan de Loxa y Javier Jurado Molina la agruparan dentro de la colección Silene en 1989 hace casi tres décadas. En este tiempo transcurrido, su poesía se ha visto afectada por la escasa tirada de la publicación, una dificultad que no ha impedido sin embargo que los lectores la hayan ido señalando como una de las más influyentes de los años 60.

Ahora, el investigador Jairo García Jaramillo rescata para la ciudad la obra de Pablo del Águila con ‘Poesía reunida’, un libro que se suma al escaso corpus bibliográfico del autor, que no llegó a publicar en vida y del que solo se conoce la citada edición de 1989 y la alabada antología que publicara también Loxa en los 70.

García Jaramillo y Bartleby, editorial que da vida al proyecto, no han escatimado en recursos a la hora de recuperar la poética del granadino como ya hicieran hace pocos años con la obra de Javier Egea. El proceso, inicialmente previsto para unas pocas semanas, se ha extendido más de seis meses en los que el investigador ha podido trabajar con el legado completo del escritor, custodiado en Málaga por una de sus hermanas. «Ha sido una labor que ha llevado mucho tiempo pero que, gracias a la familia, me ha permitido conocer el archivo de Pablo y desvelar algunos aspectos poco conocidos de su obra hasta ahora», cuenta.

La investigación exhaustiva del archivo ha sido crucial para el hallazgo de cinco inéditos. A los descubrimientos hay que sumar la labor de corrección de los poemas ya publicados, que en algunos casos presentaban erratas o no estaban completos. «Algunos poemas, como es el caso de uno dedicado a su hermano, habían sido editados en parte, imaginamos que por algún error en la transcripción; ahora están en su totalidad».

Otra novedad importante ha sido la recuperación de la disposición tipográfica dada por el autor, muy original y relevante para la lectura. «Él ordenaba con espacios en blanco en las estrofas y eso se tendió a alinear, de manera más tradicional, en anteriores ediciones. Es un gran aporte porque visualmente los poemas van a ser leídos de otra manera».

Pero, quizás, la gran novedad sea la reconstrucción de su trayectoria vital. Como reconoce el investigador, del Águila ha sido hasta ahora «un poeta sin biografía», un escritor arrinconado por la leyenda de su temprana muerte y que regresa como el gran creador comprometido con su tiempo y antecedente de algunos de los movimientos culturales más importantes surgidos en la Granada del siglo XX que fue.

En esta recuperación ha sido determinante la importantísima labor de documentación, un esfuerzo que ha permitido rescatar el testimonio de muchas de las personas que lo conocieron. Algunos aparecen en el libro. Es el caso de Juan de Loxa, Álvaro Salvador, Felipe Alcaraz, Carmelo Sánchez Muros, Javier Terriente, Bernabé López García, Fanny Rubio o Pablo García Posada, amigos del autor y testigos de su trayectoria vital y poética.

Curiosamente todos los testimonios apuntan a la bondad y la calidad humana del escritor. García Jaramillo destaca que las entrevistas le han descubierto a «una persona extraordinaria en el sentido etimológico, fuera de lo normal, con una inteligencia prodigiosa» y apunta que es unánime la percepción de Pablo del Águila como adalid de su generación, una posición de liderazgo que solo fue frenada por la muerte. «Para todos está claro que él era el mejor, lo que pasa es que falleció muy joven».

Bosquejos de libros

Nacido en Granada en 1946 en una familia con ascendientes italianos, Pablo del Águila mostró pronto una predisposición a la cultura que se tradujo en un interés temprano por la poesía. Como recuerda García Jaramillo, sus primeros poemas están fechados entre 1962 y 1963. «Son ejercicios de aprendizaje, sin demasiado valor y que han quedado fuera precisamente por eso». Su verdadero comienzo hay que buscarlo dos años adelante, en 1964, cuando escribe una poesía en la que revela ya «una personalidad hecha o casi» y en la que se perciben las lecturas de autores como Neruda o Lorca, prohibidos en la época.

Precisamente con el genio de Fuente Vaqueros compartió pasión por la escena. A lo largo de su vida, del Águila participó y dirigió adaptaciones de obras de Brecht y Arrabal, una experiencia de la que apenas se tiene datos y que García Jaramillo considera de gran interés. «Espero que la publicación refresque la memoria de alguien y nos permita saber más sobre la actividad escénica de Pablo», dice.

El granadino también coincide con Lorca en su vinculación a la tradición de los cristobicas y, como él, organizó representaciones en casa en las que participaron sus allegados. «Cuenta la familia que tenían una casa en la calle Real con un patio y una habitación abandonada y en la que se dedicaban a hacer chifladuras adolescentes; por allí pasaron amigos y profesores como los hermanos Carmelo y Claudio Sánchez Muros, el arabista Emilio de Santiago y otras personas», explica García Jaramillo. De estas representaciones solo se conserva el cartel de una de ellas, titulada ‘Caperucita la Roja’, una comedia descrita como «musical y política» que desvela su temprano compromiso.

En 1965 aborda el primero de sus grandes proyectos, un boceto de libro titulado ‘Pequeños poemas de soledad, amor, silencio y muerte’ que el investigador describe como una selección de «breves piezas carentes de título y muy próximas entre sí por temática y estilo que parecen a veces apuntes de un diario lírico». García Jaramillo destaca el corte existencialista de los poemas, que son desarrollados sobre una estructura tradicional que se traduce en estrofas como la silva y que desprenden madurez. «Me sorprende que con 17 años ya domina la escritura poética o, por lo menos, está en el camino de hacerlo. Empieza a escribir algunos de sus poemas más importantes con esa edad, una precocidad que solo he visto en Claudio Rodríguez».

No es ese el único boceto de publicación que ideó. De comienzos de 1966 se conserva una serie de manuscritos que habrían formado parte de ‘Resonando en la tierra’. Este libro, que tampoco llegó a ser editado en vida, muestra a un poeta «más telúrico, con una poesía más cósmica que refiere a la tierra y al aire como algo simbólico y que recuerda al Pablo Neruda de ‘Canto General’».

La certeza de que Pablo del Águila imaginó la publicación de dos libros e, incluso, los nombró es otro de los grandes hallazgos de esta edición. «Creíamos que nunca había publicado porque no quería o porque no le dio tiempo o porque, como apuntó Félix Grande, era muy inseguro respecto al valor de su poesía –algo habitual en autores jóvenes–. Sin embargo, una vez que hemos ido al archivo, hemos visto que tiene dos títulos de libros muy decididos, títulos a los que se refiere varias veces», explica el investigador.

Compromiso y vanguardia

La entrada de Pablo del Águila en los círculos universitarios granadinos y su experiencia madrileña –vivió un año en el Colegio Mayor Universitario San Juan Evangelista, el célebre ‘Johnny’ por el que pasaron figuras como el actor Rafael Álvarez ‘El Brujo’, el director Manuel Gutiérrez Aragón o el cantante de Siniestro Total, Julián Hernández– dieron alas a su particular cosmogonía. El escritor adquirió un papel activo en la oposición al régimen fascista de Franco por el que fue detenido. Fue enlace del Frente de Liberación Popular, el célebre ‘FELIPE’ que tan relevante fue en el tardofranquismo.

Aquella lucha dejó huella en su obra. Sin embargo, tal y como insiste García Jaramillo, no se tradujo en una continuación de la poesía social –«ya agotada en sus formas y de la que, en cierta manera, huyó»– sino en la confirmación de un compromiso ideológico que no le impidió buscar la vanguardia formal. La estética del granadino contrastó con la de los Novísimos, en pleno salto por entonces. «Ellos prefirieron volver la cara a la realidad como gesto de protesta, pero para muchos de la época el gesto no era una protesta al régimen sino a los poetas y activistas que luchaban contra el régimen –explica el investigador–. Él hace una poesía más política y más vanguardista, que expande los límites del poema y que creo que es su gran aportación».

Huella de este proceso permanece en ‘Desde estas altas rocas innombrables pudiera verse el mar’, el proyecto literario más desarrollado por Pablo del Águila y que sería editado, tras su muerte, por Juan de Loxa dentro de la colección Poesía 70. «Ahí juega con la métrica y con el lenguaje pero siempre con un contenido humano, algo que comparte con Félix Grande –aunque ambos lo hicieran de manera diferente– y que convierte a Pablo en un autor genuino».

Su muerte, el 23 de diciembre de 1968, segó una trayectoria que parecía estar destinada a cotas altísimas. «No podemos hacer elucubraciones sobre lo que habría hecho, pero lo que sí es seguro que era una de las figuras más importantes de los años 60», dice el investigador. La enorme trascendencia de la poética del granadino ratifica las palabras de García Jaramillo. Hay ecos de su obra en Manifiesto Canción del Sur –«creo que tuvo una influencia relativa pero importante porque el nexo de unión más claro era Loxa, aún así debieron leerlo bastante porque en el principio de ese movimiento hay muchas de las cosas que Pablo hacía y promovía»– y en La Otra Sentimentalidad –«aquí es una herencia clara, aunque no declarada salvo en el caso de Javier Egea, que dejó anotaciones en su diario al respecto y con el que hay bastantes concomitancias»–.

Y la luz de Pablo del Águila se extiende hasta la actualidad. No han sido pocos los poetas contemporáneos que han hecho bandera de algún que otro rasgo de poesía del granadino. Sin embargo, el difícil acceso a la obra ha impedido que la proyección haya sido mayor. Hasta ahora. La edición de García Jaramillo y Bartleby recupera para la ciudad a uno de sus grandes autores, un escritor con el que Granada mantiene una deuda que merece ser saldada. Lo confiesa el propio Jaramillo, que aguarda con impaciencia la presentación del volumen en la capital nazarí, previsto durante la Feria del Libro. «La ciudad le debe un gran homenaje». A tenor de lo visto, no le falta razón.