Ideal

Andrés Trapiello «traduce» 'El Quijote' al castellano de hoy

Andrés Trapiello.
Andrés Trapiello. / M. Atrio
  • La novela de Cervantes "es una llave maestra con respuestas para todo, incluso a la corrupción política actual"

"No es una adaptación, ni una recreación; es una traducción al castellano actual". Así presenta Andrés Trapiello (Manzaneda de Torío, León, 1953) su puesta al día de 'Don Quijote de la Mancha' (Destino). Comienza "En un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme..." -"frase intocable, como el Partenón" dice-, pero ya en la segunda frase la "lanza en astillero" se torna en "lanza ya olvidada" y la "adarga antigua" en escudo antiguo". Así ocurrirá miles de veces en las más de mil páginas del libro. Y es que libera Trapiello a este Quijote del siglo XXI de "falsos amigos", de esas palabras que han perdido el significado que tuvieron hace varios siglos y lo ofrece "puesto al día y preñado de respuestas" a esa gran mayoría "que no lo ha leído".

Ha dedicado 14 años a esta aventura "un punto quijotesca y casi secreta" que ocultó a su propia familia hasta hace unos meses. Su intención queda clara desde la portada, diseño de su hijo Gabriel, en la que los muy agigantados molinos se tornan en esbeltos generadores eléctricos de enorme aspas. Expresiones como "picáredes más de saber" se convierten en "si os hubierais jactado"; "argado sobre argado" en "llueve sobre mojado"; las "mamonas" son "sopapos"; "echar todo a treces" es "mandarlo todo a hacer puñetas"; los "cañutos de jeringas" se convierten en "cánulas" y "de hadas o de mangas" se traduce por "bien o mal logrado".

Se publica en todos los países de habla hispana este Quijote con el que quiere el muy cervantino escritor leonés ponérselo fácil a los miles y miles de lectores que han "fracasado" en la lectura de la universal novela. También tender un puente de oro hacia el original de Cervantes "que siempre estará ahí".

"Para un lector de hoy el original cervantino es difícil y cansado. Parece el juego del Tetris en el que se deben hacer ajustes constantes para encajar las frases y dotarlas de sentido", explica Trapiello, que trabajó sobre la versión de Francisco Rico de 2006. La edición del académico tiene más de cinco mil notas a pie de página.La de Trapiello no tiene ni una.