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«Me preocupa la capacidad de silenciarnos que tiene el poder económico y político»

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La periodista y escritora Isabel San Sebastián. / Óscar Chamorro

  • Isabel San Sebastián, que presenta su nueva novela, 'La mujer del diplomático', reivindica un periodismo "independiente", "valiente" y de "calidad"

  • "Veo a esta sociedad tan blanda, que no descarto que Cataluña a medio plazo se independice", reflexiona la escritora

Gana mucho en las distancias cortas. Cara a cara, esa mujer a la que muchos imaginan un tanto seria y altiva -ella misma bromea con ello- da paso a una persona cercana, reflexiva y muy directa, muy 'ella'. Nada ni nadie -presume de eso- ha conseguido silenciar su voz, ni siquiera los 11 años que vivió escoltada ante la amenaza de ETA. Isabel San Sebastián, periodista y escritora, está hoy de actualidad porque presenta su nueva novela.

En 'La mujer del diplomático' esta vasconavarra nacida en Chile teje una trama "absolutamente real" situada en dos escenarios paralelos: la semana de la crisis de los misiles, en Cuba, en 1962, y la actualidad de 2011, cuando ETA anuncia el final del terrorismo el mismo día en que matan a Gadafi en una alcantarilla. La historia empieza cuando una hija, Lucía, encuentra el diario que su madre, María, ha escrito en Estocolmo durante esos angustiosos días de la crisis de los misiles. Es la forma en la que una hija empieza a descubrir a una madre que no conocía como mujer.

- Hija también de diplomático, ¿cuánto hay de autobiográfico en su nueva novela?

- Mis personajes están inspirados en mi vida, en el recuerdo. Hay mucho de experiencia personal, no tanto en los hechos concretos como en las emociones, en la sensación de itinerancia, en el dolor de la pérdida, de la separación, en la falta de raíces, en esa lealtad al clan que se desarrolla cuando vives como un nómada dependiendo de tu familia y muy poco más. Y luego también hay mucho de personal en la parte en la que hablo de las víctimas del terrorismo, de la desmemoria que se ha apoderado de esta sociedad.

-¿Cree que todo escritor ha de plasmar algo de su vida en sus libros?

- Creo que es muy difícil escribir sobre algo que te resulta completamente ajeno, en el campo emocional sobre todo. Tú puedes escribir una historia a base de fantasías. Es posible imaginar escenarios y aventuras, pero imaginar emociones, sentimientos, eso es ya más complicado. Para que una novela tenga consistencia, creo que las pasiones, los sentimientos tienen que proceder del alma del escritor. Ahí está Dostoyevski, o cualquiera de los escritores rusos, que es un pueblo muy apasionado.

-¿Quiere entonces decir que no se puede escribir del amor/desamor si uno no ha estado enamorado/desengañado?

- Uno puede escribir de lo que sea, pero si escribes del amor sin saber lo que es, es muy difícil que el lector que sí lo haya conocido se identifique. Para que un relato llegue al corazón del escritor tiene que ser auténtico. Y para ser auténtico, el campo de las emociones tiene que proceder del alma del que lo escribe. El gran reto de una novela es emocionar; ésa es la diferencia con los ensayos. Un ensayo interesa, cautiva, pero una novela buena, además de entretener e interesar, tiene que conseguir emocionar, despertar esa fibra sensible. Y eso es lo más complicado.

- Su novela se sitúa a caballo entre el siglo XX y el XXI. ¿Qué diferencias resaltaría entre ambos?

- En el campo histórico, la gran amenaza del siglo XX fue la guerra, la Guerra Mundial, la Guerra Fría, la nuclear. En el siglo XXI tenemos una amenaza más difusa que es el terrorismo, es la guerra sucia, más aterradora porque no sabes con quién tratar, no sabes quién es el enemigo porque no tiene cara: es el rostro negro. Hablo del terrorismo yihadista a nivel mundial y en España del terrorismo de ETA. En el plano en cambio personal, destacaría el gran cambio que ha protagonizado la mujer, las perspectivas de vida, las responsabilidades, las expectativas; su papel en la sociedad hasta finales del siglo XX es completamente distinto al del XXI.

- Concrete un poco más cómo ha evolucionado la mujer.

- Hemos conquistado la independencia, económica, social, el derecho a ser nosotras mismas, ser una unidad y no la señora de nadie, hemos conquistado algo parecido a la igualdad de oportunidades, todavía no del todo pero mucho más de lo que existía, y el derecho a aspirar a todo en absoluta igualdad de condiciones que los hombres. El precio que hemos pagado es mucha soledad y mucho sacrificio, de renunciar a mucha alegría, a mucha felicidad, a mucho tiempo libre… Hemos sido una generación de gente muy seria, muy comprometida, que nos hemos centrado en hacer lo que teníamos que hacer a costa de sacrificar todo lo demás.

- ¿Echa de menos algo?

- Yo creo que probablemente la seguridad. En un momento de la novela digo que la época de María, de mi madre, fue la época de las certezas, y mi época fue la época de la libertad. Y ninguna de las dos la hemos escogido. ¿Cambiaría mi libertad por su certeza? Probablemente no, pero en algún momento de mi vida me hubiera gustado tener esas certezas a las que agarrarme y no estar siempre en un abismo de absoluta responsabilidad individual.

- El periodismo está también muy presente en su novela. ¿Ha llegado a sentir vergüenza del periodismo actual?

- Sin duda. Yo adoro el periodismo. Soy periodista y me moriré siendo periodista. Me parece la profesión más bonita del mundo, a pesar de todas las servidumbres y de que resulta mucho más duro de lo que la gente cree. Es un oficio apasionante, pero para desempeñarlo dignamente tiene que basarse en la independencia, en la valentía y en la capacidad profesional. Creo que, por la crisis política y económica, por la concentración de medios, el periodismo actual adolece de falta de independencia, de falta de valentía, de falta de formación y capacidad; en términos generales y con honradas excepciones, porque por supuesto que hay también magníficos periodistas.

- ¿Faltan tertulias de calidad?

- Faltan tertulianos de calidad y sobran opinadores. Opinar es muy fácil, cada uno puede opinar de lo que quiera (ahí está Twitter), pero opinar con conocimiento de causa, con criterio basado en fuentes solventes, con capacidad de análisis contrastada, con profesionalidad… eso es mucho más difícil.

- ¿Considera que los periodistas y/o los políticos están algo desprotegidos? Actualmente están sometidos a acosos cibernéticos, escraches…

- A mí lo que me preocupa es la capacidad de silenciarnos que tiene el poder económico y el poder político. La vulnerabilidad que nos encontramos ante las presiones del poder para actuar con impunidad y para quitarse de en medio a quien les molesta y a quien le destapa sus vergüenzas. Ahí sí que estamos muy desprotegidos. ¡Menos mal que todavía quedan editores valientes y solventes!

- No puedo dejar de preguntarle sobre tres temas: el primero de ellos es ETA.

- Con ETA creo que la violencia física ha terminado. Probablemente no volverán a matar, aunque no se disuelva por razones internas. Pero ETA brazo político está más vivo que nunca: gobierna en San Sebastián, en Guipúzcoa, tiene representación en el Congreso, en el Senado... Tiene mucho más poder del que ha tenido nunca. ¿Eso es legítimo? Yo creo que hubiera sido mucho más decente, con la democracia española y con las víctimas del terrorismo, dejar un duelo de cinco años desde el último muerto hasta el primer diputado. Que pasaran de la cárcel al escaño sin transición y sin cumplir sus penas es una injusticia tremenda.

- El segundo es el aborto.

- El PP, que presentó un recurso de inconstitucionalidad contra la ley vigente del aborto y que prometió cambiar la ley y proteger el derecho a la vida del nasciturus, ha decidido que ahora no le conviene políticamente y ha decidido aplazar esta reforma e incumplir su palabra. Supongo que el electorado se lo tendrá en cuenta. Yo creo que la palabra que se da hay que cumplirla, porque cuando uno no cumple su palabra pierde su honor. Esa es mi visión de la vida, pero debe de ser una visión muy antigua por lo que parece.

- Y, por último, la consulta catalana.

- Más de lo mismo. Creo que Mas prometió algo que no puede cumplir, porque no va a poder cometer ese desafío a la legalidad, y en consecuencia tendrá que incumplir su promesa, romper con su socio de Esquerra y convocar elecciones anticipadas. Y a ver qué pasa. Esto en el corto plazo, en el medio plazo no lo sé. Yo veo a esta sociedad tan blanda, tan líquida en la defensa de ciertos principios, que a lo mejor resulta que acaban convocando un referéndum y Cataluña se independiza. A medio plazo no lo descarto.

- Ana Botella se ha retirado de la batalla por el Ayuntamiento de Madrid. ¿Qué valoración hace?

-Ana Botella no lo ha tenido fácil, recibió una herencia bastante envenenada, una deuda disparatada, una situación dramática de las arcas municipales. Su gestión económica ha sido razonablemente buena; su gestión política, sencillamente desastrosa. No ha sabido afrontar la tragedia del Madrid Arena y le ha faltado mucha empatía humana. Ana Botella llegó al Ayuntamiento a través de un atajo, y en la vida generalmente lo que se empieza en falso se termina en falso. Así que ésta ha sido una de las mejores decisiones que ha tomado: retirarse antes de que la retiraran.

- ¿Apuesta por algún candidato?

- No apuesto por nadie. Sería muy bueno que hubiera primarias en el PP, que se dejara hablar a la militancia, porque sería una forma de aproximar al elector al elegido, y todo lo que sea profundizar en la democracia es bueno. Creo que si el PP quiere tener más posibilidades de ganar Madrid, su mejor candidata es sin ninguna duda Esperanza Aguirre.

- ¿Pese a su próxima comparecencia ante el juez?

- No creo que este incidente la inhabilite lo más mínimo para que sea alcaldesa de Madrid. La gente a eso no le da ni la más mínima importancia, es un incidente completamente menor, y calificarlo como delito me parece un exceso absolutamente desorbitado. A nadie se le ocurre pensar que eso sea un delito. ¡Con la que está cayendo! ¡Con lo que han robado Pujol y compañía! El propio Artur Mas, que desafía constantemente la Constitución… Ella se equivocó al hacer eso, pero estoy convencida de que no le quita ni un voto.

- ¿Descarta por completo dar el salto a la política?

- Radicalmente. Yo duraría en un partido diez minutos, que sería lo que tardaría en desafiar la disciplina interna. Me gusta ver la política desde el otro lado. Me chifla el periodismo, me apasiona, y creo que es una forma muy legítima de hacer política de otra manera.

- Al igual que ha irrumpido Podemos, ¿cree que hay sitio para un partido más a la derecha que el PP?

- No sé ya lo que es la derecha. Me he perdido entre derecha e izquierda. Pero para un partido más liberal que el PP, desde luego que sí hay hueco, o para un partido más consistente en la defensa de ciertos principios que el PP.

- "Prometo ser siempre yo", escribió en Twitter a modo de presentación. ¿Lo ha conseguido?

- Sí, nunca me he traicionado abiertamente a mí misma. He podido hacer cosas de las que he estado más orgullosa o menos, pero una traición abierta a mi forma de concebir la vida y a mis principios creo que no he cometido nunca.

- ¿Se atrevería a definirse?

(Se ríe y se lo piensa) ¡Qué difícil! Soy una madre feliz y orgullosa, una periodista decente y una escritora esforzada.