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El escritor granadino es recordado como uno de los precursores de la Generación del 98

El escritor granadino es recordado como uno de los precursores de la Generación del 98 / IDEAL

El amor oscuro de Ángel Ganivet

  • La apasionada relación del escritor con su profesora de sueco puebla 'Cancionero a Mascha Diakovsky', un libro que recupera trabajos poco conocidos del autor y que verá la luz en septiembre

Era puro fuego, pura rabia. Sin saberlo, era breve como la vida que le empujaba desde siempre a lo oscuro. El amor por ‘Mascha’ era así para un Ángel Ganivet que igual pasaba de la reflexión de su alejada España a la ardiente evocación de su profesora de idiomas.

Ella, Marie Sophie Diakovsky, aparecía entre los versos frágil como el cristal, casi derretida por la caliente pasión del escritor granadino. «Mis caricias son fuertes y tan frágil / es tu cuerpo, que vivo con el miedo / de que hacerte feliz completamente / será hacerte morir entre mis brazos», dice de ella Ganivet en uno de los poemas que en francés o alemán ha traducido ahora el poeta Manuel García (Huéscar, 1966). Todos ellos, casi medio centenar de trabajos poco conocidos, se publican juntos en ‘Cancionero a Mascha Diakovsky’, un título que sacará a la luz a finales de septiembre la editorial Point de Lunettes.

El libro recupera un legado que aparece en sus obras completas, pero que pasa desapercibido en biografías y antologías del autor. Mientras estas describen al juicioso personaje que plasmaba sus reflexiones sobre España en trabajos como ‘Idearium Español’, en Ganivet subyacía también el enamorado que vivía con pasión cada paso en su relación con Mascha, a quien había conocido al poco de llegar a Helsinki en 1896. Su don de lenguas –dominaba cinco idiomas– y una carrera como diplomático ganada por oposición le permitieron obtener una plaza dentro del cuerpo consular en la ciudad, entonces parte de Rusia. Allí Ganivet entra en contacto con la señorita Diakovsky a través de un anuncio de prensa en la que ella se ofrecía para dar clases de sueco, el idioma de la élite cultural y económica.

Las sesiones le descubrieron un tipo de mujer completamente diferente a las que había conocido en España, más refinada, con un conocimiento del mundo mucho más amplio que sus compatriotas. Mascha era una joven viuda de apenas 24 años que al dominio de idiomas sumaba un interés claro por la Literatura y que tocaba el piano de manera profesional. El escritor cede a la pasión a pesar de la relación que mantenía desde 1892 con Amelia Roldán Llano, una joven cubana que ya había sido madre de uno de sus hijos y con la que aún tendría otros dos.

El amor, oscuro y oculto para Amelia, pasea por los versos desde su ardoroso comienzo hasta el final. Ganivet lo evocará incluso después, como señala Manuel García. «Los poemas cuentan la historia de amor con sus tres etapas: el enamoramiento apasionado, la ruptura y el recuerdo melancólico de Mascha». Son trabajos que conectan al escritor con lo más avanzado de la poesía de la época. «Vincula a Ganivet con la poesía francesa de fines del XIX, especialmente con poetas simbolistas como Verlaine o parnasianos como José María de Heredia. Tiene mucha importancia por relacionar al autor con el modernismo y los movimientos estéticos de fin de siglo franceses como el decadentismo y el simbolismo», celebra García.

Un amor dramático

‘Cancionero a Mascha Diakovsky’ recoge toda esta producción poética y las divide en dos porciones. En la primera, Pensamientos melancólicos y salvajes, surgen 33 poemas dedicados a Mascha, versos que conservan un tono inquietante y oscuro tras su paso del francés –lengua común entre los amantes– al español. «Tú siempre me manejas a tu antojo / porque puedes decir con la boca / que no y que sí con los ojos».

La segunda parte reúne canciones andaluzas que Ganivet tradujo del español al francés para ella. «Son especialmente raras las traducciones que hace al francés de coplas flamencas como las soleares, las granadinas o las seguidillas gitanas, o la adaptación al francés de estrofas españolas medievales como la copla de pie quebrado», explica Manuel García.

El amor, como deja entrever el libro, acabó rápidamente pero aún dejaría una escena final. Amelia, madre de los hijos del escritor, descubrió los poemas y montó en cólera. Tras una tremenda bronca, Mascha huyó para siempre de la vida de Ángel Ganivet, un giro doloroso para el escritor que a finales de 1898 se quitó la vida al lanzarse a las aguas del río Dvina.